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EL RINCÓN DEL DIRECTOR

¿A casa por Navidad?

Dependiente.
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Dependiente. (Foto: JC)

Después de haber vivido la primera y segunda ola de la pandemia, en la residencia Las Marismas, de la que, por cierto, eres directora, no ves la Navidad tanto como un momento de celebración y encuentro con música de villancicos en el fondo, sino como como el preludio de un réquiem que se puede acabar celebrando a finales de enero del año que viene.

En años anteriores, aunque la mayoría de los residentes se quedaban en la residencia durante las fiestas, siempre había alguno que iba a su casa a pasar la Nochebuena, Navidad o algún otro día festivo. En la mayoría de los casos, el afortunado que podía pasar la festividad en casa solía volver empachado y, si vivía con demencia, bastante confundido. Aún así la felicidad que vivía la familia al poder tener a la abuela en casa por Navidad compensaba el inconveniente. Al fin y al cabo, el comer en exceso no se limitaba sólo a los residentes y para muchos de ellos era algo que les permitía revivir un dolor de estómago muy presente en todas las Navidades de su vida.

Este año la cosa es diferente. El virus que hasta ahora ha matado a un 6% de las personas mayores que viven en residencias en España no se ha generado de forma espontánea en éstas, sino que ha sido traído inadvertidamente por alguien, principalmente personal y familiares. La residencia sufrió en la primera oleada y ésta cedió sólo a base de medidas dolorosas como la prohibición y después limitación de las visitas y salidas de la residencia; pautas muy estrictas entre las empleadas del centro y, cuando éstos estuvieron disponibles, el uso de EPIs y de testeos.

Ha sido doloroso ver como en marzo y abril morían algunos residentes sin poder ser derivados al hospital. Lo ha vuelto a ser vivir una segunda oleada, menos severa, en la que también ha fallecido personas que vivían en la residencia, esta vez sí, habiendo podido ingresar en un centro hospitalario. No te cuesta relacionar la segunda oleada con la relajación en el contacto. Sabes que es difícil controlar el impulso que nos lleva abrazar y besar a un ser querido que hace tiempo que no vemos y, aún así, estás segura de que esos besos y abrazos han sido al final una causa de contagio.

Cuando después del verano se volvió a permitir la salida de la residencia y se facilitaron las visitas temiste lo que iba a pasar. Ahora ese miedo se convierte en pavor al pensar lo que se os puede venir encima después de Navidad.

Parece que la idea de tener una vacuna en ciernes ha relajado aún más a la gente a pesar de que el proceso de vacunación va a ser largo y difícil.

Y así estáis en las Marismas. Las instrucciones que recibes de tu comunidad autónoma son parecidas aunque algo diferente a las que están recibiendo los directores de otras residencias, pero sabes que se va a permitir la salida de la residencia recomendando que el residente no esté en contacto con mucha gente, que algún familiar firme una declaración responsable y cosas por el estilo.

A ti y a tu equipo interdisciplinar se os está ocurriendo hacer una circular y unos carteles recomendando de forma insistente que, a pesar de lo que diga la administración, lo conveniente sería limitar al máximo las visitas físicas durante las fiestas y sobre todo que, de ninguna manera nadie salga del centro hasta que se haya vacunado a los residentes. Querrías poder establecer una prohibición, que crees deberían haber impuesto los poderes públicos, pero sabes que sin su apoyo ésta no es posible.

Se lo has comentado a algún familiar que te ha comunicado su intención de llevarse a su madre a casa dos días y se ha enfadado mucho. Te ha dicho que “ya le harán un test rápido antes de volver” y que “vigilarán”, pero tú sabes que en la práctica eso no servirá de nada.

También te ha dicho que ésta es con seguridad la última Navidad que su madre puede pasar con la familia por lo que sería cruel no dejarle salir. Como hace unos meses en las redes sociales de algún familiar de residentes pudiste ver que el distanciamiento y la ausencia de contacto con el mayor durante las salidas se incumplían sistemáticamente, sabes que tal como irán las cosas el riesgo va a ser elevadísimo.

Te planteas hacer un aislamiento al regreso de todos los residentes que salgan del centro esos días, pero sabes que eso puede ser complicado si no está respaldado por la administración. Además, esos “confinamientos en habitación” traen consigo inconvenientes graves para los residentes y suponen un estrés añadido para el personal.

Y así estás, pensando que las Navidades del año que viene, cuando se hayan vacunado todos los residentes y el personal, serán mucho mejores que éstas, pero temiendo que, como suele suceder con los “futuros mejores”, el gran problema que tienen es que para llegar a ellos hay que sobrevivir al presente, y éste pinta bastante mal.

Te anima pensar lo bonito que ha quedado el pesebre este año con todos los personajes salvo el niño Jesús llevando mascarilla y con las figuritas manteniendo la distancia de seguridad. “Si consiguiésemos ser la mitad de disciplinados que estos pastorcillos…”.

Autor del caso: Josep de Martí

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