dependencia.info

ANTONIO BURGUEÑO, DIRECTOR MÉDICO DEL PROGRAMA DESATAR DE CEOMA

Uso perverso de la ética para resolver conflictos en residencias

Antonio Burgueño, director del programa Desatar de CEOMA
Ampliar
Antonio Burgueño, director del programa Desatar de CEOMA (Foto: JC)
Por Antonio Burgueño
martes 09 de febrero de 2021, 21:08h

INTRODUCCIÓN

Que se pervierta el uso de la ética ha de ser una preocupación de cualquier eticista, pues el riesgo está siempre ahí. La ética debe servir para saber cómo actuar de la mejor manera, pero contaminada de falacias, dilemas artificiales y pretensiones utilitaristas, puede llegar a justificar actuaciones absolutamente inmorales.

COMITÉS DE ÉTICA EN RESIDENCIAS

En el mundo sanitario los comités de ética asistencial son ya un clásico y han evolucionado a composiciones por profesionales bien formados en bioética y pertenecientes a múltiples disciplinas asistenciales que trabajan de forma totalmente independiente sin tener que rendir cuentas a, ni estar al servicio de, la dirección de la organización en la que desarrollan su actividad, pues solo están al servicio de los profesionales del centro, que consultan cuando viven un conflicto ético en su tarea cotidiana.

Existen una condiciones y reglas para que un comité sea válido, ya hemos mencionado la independencia, a la que hay que sumar la imparcialidad, y el afán de prevenir que se le utilice para algo diferente de ayudar a los profesionales asistenciales. Esa ayuda es para resolver sus conflictos éticos, ya sea sobre casos concretos, o mediante directrices o recomendaciones que se elaboran sobre actividades o procedimientos, frecuentes o rutinarias, especialmente conflictivos.

Una regla fundamental es no ser “juez y parte” ante cualquier conflicto planteado, de manera que quienes participan en la deliberación sobre un caso, para llegar a emitir un juicio ético, no pueden tener que ver con alguna de las partes del conflicto, paciente, profesional, y ni siquiera pertenecer al servicio o unidad donde se está realizando la asistencia. Los comités de salud son ampliamente compuestos, de manera que se puede excluir a un miembro por conflicto de intereses, y seguir siendo plenamente operativos.

No se puede ser juez y parte, para elaborar un juicio ético.

En las residencias puede ser imposible constituir un comité de ética válido, que cumpla las reglas básicas, pues lo natural sería que estuviera constituido por varios miembros del equipo interdisciplinario del centro, el mismo equipo que se reúne para decidir sobre lo que se va a hacer para un residente. Así, todos ellos estarían implicados en las decisiones asistenciales sobre todos los residentes, y si esas decisiones generan un conflicto ético, participar en resolverlo les convertiría en jueces y parte, de manera que las resoluciones quedarían invalidadas.

En la comunidad de Madrid, hace unos años, el gobierno dijo “todas las residencias de mayores tendrán comités de ética”, y en una entrevista a la entonces presidenta afirmó que, entre otras funciones, actuarían cuando existan discrepancias entre el centro y la familia, en cuanto a los talleres y programas en los que debe de participar el residente o usuario del centro. Discrepancia entre el centro y familia, en la práctica es discrepancia entre lo que ha decidido el equipo multidisciplinar del centro y la familia. De ese equipo emanan los profesionales que formarán parte del comité de ética. Se cambian de traje y ya pueden juzgar lo que ellos mismos decidieron. No es necesario más comentarios.

Además, hay que decir, respecto de la imposición de comités de ética en residencias de la comunidad de Madrid, que “discrepancias” no es “conflictos éticos”, y que las quejas de las familias no han de ser necesariamente un asunto de la ética, lo que me hace sospechar intencionalidad utilitarista desde la misma creación de los citados comités.

Un comité de ética asistencial en una residencia puede ser una forma de pervertir el uso de la ética.

COMITÉS DE ÉTICA CENTRALES DE UNA CORPORACIÓN DE RESIDENCIAS

Los comités de ética se han de ganar la confianza de los profesionales de la organización para que le puedan llegar consultas sobre los conflictos que se viven en el día a día de la tarea asistencial.

Si quienes van a deliberar sobre mi caso son los mandos de la organización en la que trabajo, prefiero no plantearles mis dudas y conflictos.

Si una corporación de centros es capaz de crear un comité de ética imparcial, confiable, sin mandos en su composición, ese comité podría servir para resolver conflictos asistenciales de los profesionales de los centros. De lo contrario, un comité central, solo podrá elaborar directrices o recomendaciones, para que sirvan a los profesionales en su toma de decisiones.

GRUPOS DE REFLEXIÓN ÉTICA EN RESIDENCIAS – UNA ALTERNATIVA INTERESANTE

Surgieron como alternativa a los comités, para realizar tareas de deliberación sobre actuaciones, decisiones, o procedimientos, conflictivos, pero sin el objetivo de llegar a emitir un juicio.

Pueden servir para ayudar a tomar decisiones asistenciales más acordes a los principios éticos, y para evitar/resolver conflictos éticos entre los profesionales del centro.

DILEMAS ÉTICOS. - UN INDICADOR DE USO PERVERSO DE LA ETICA

En el ámbito de la atención sanitaria es excepcional que tengamos que enfrentarnos a auténticos dilemas éticos, si bien algunos conflictos pueden ser vividos como “dilemas” por algunos profesionales de aún escasa experiencia, o pueden ser creados artificialmente para defender decisiones extremas interesadas, o por simple pereza de abordar y analizar todos los posibles cursos de acción.

Generalmente, los conflictos éticos se abordan planteando posibles cursos de acción diversos, y el curso de acción ideal suele estar equidistante entre las opciones más extremas. Cuando solo nos quedamos con las 2 opciones extremas, estamos ante un dilema, que es artificial cuando un análisis profundo y experto del caso nos permitiría tener otros cursos de acción más.

La creación interesada de un dilema artificial suele buscar el respaldo a la opción que prefiere quién lo crea. Pondré algún ejemplo para explicarlo mejor.

Si se plantea un dilema como, o hago “esto” o dejo morir a la persona, será fácil aceptar que tengo que hacer “esto”, sea lo que sea lo que he de hacer, aunque sea moralmente cuestionable. Así hago lo que quiero y lavo mi conciencia. Esta es una muestra de cómo un dilema artificial puede corromper la ética, y el efecto perverso que pueden tener sobre la conciencia de los profesionales.

Cuando creamos un dilema en el caso de una persona con dificultades para ser alimentada por boca, planteando que solo tenemos dos posibles salidas, una forzar la alimentación, y otra dejarla morir de inanición, no será raro que se elija alimentación por sonda, tenga el impacto que tenga sobre la persona, ya que estamos protegiendo un bien mayor, como es la vida.

DILEMAS ÉTICOS Y USO DE SUJECIONES

Hace unos pocos días, en una presentación web, fui testigo de un uso perverso de la ética mediante la creación de un falso dilema. Una oyente consultó a la ponente sobre un caso, una persona que, según quien consultaba, presentaba un “reflejo de mordida”, que le llevaba a morderse los dedos de las manos, hasta provocarse lesiones severas, que en una ocasión llevó a la amputación de uno, y por ello se proponía recurrir a sujetarle (atarle) las manos, para evitarlo, ante lo cual la profesional a la que se le dirigía la consulta decide que es un caso para llevarlo al terreno de la ética, y crea, en directo, un dilema artificial para resolverlo.

Si hay que elegir entre solo dos opciones, una que la persona se quede sin dedos, e incluso pueda llegar a morir por complicaciones de las mordeduras, y que a la persona se le aten las manos, elegimos la sujeción, y así le salvamos la vida, y los que la cuidan salvan su conciencia. Pero lo cierto es que esa persona podría vivir sin sujeciones y sin perder los dedos, ya que hay más opciones, más cursos de acción posibles, si bien es cierto que se requiere experiencia y conocimientos.

Como director del Programa Desatar he tenido que escuchar argumentos a favor de las sujeciones, como que las sujeciones salvan vidas, o la dignidad de las personas, para lo cual quienes los esgrimen se sirven de dilemas artificiales. He oído a profesionales defender el uso de sujeciones físicas para evitar caídas. La lógica que utilizan es, si a una persona con alto riesgo de caídas no le atamos, la persona sufrirá una caída, se romperá una cadera, y las complicaciones le llevarán a la muerte, lo que enfrenta al profesional a un dilema, o sujeción o muerte, y la decisión está clara, sujeción.

Es un claro ejemplo de uso perverso de la ética, y un claro ejemplo de la creación de un falso dilema, un dilema artificial, en la medida en que son muchos los cursos de acción posibles para evitar que una persona muera por una caída, cursos de acción muy comunes en los centros libres de sujeciones, donde las caídas no son más frecuentes, y menos aún las fracturas de cadera, que en los centros donde evitan caídas con sujeciones.

PRINCIPIO DEL MAL MENOR Y CREACIÓN DE FALSOS DILEMAS

Es un principio muy utilizado también de forma perversa, que no puedo dejar de comentar en estas reflexiones. Es un principio que se aplica para examinar acciones de doble efecto, para elegir la acción menos perjudicial, aunque suponga en todo caso un perjuicio o mal.

Como médico, soy consciente de que muchos actos médicos son acciones de doble efecto, desde prescribir un fármaco, hasta realizar un acto quirúrgico, y aquí me viene a la memoria el clásico ejemplo de la amputación de un miembro inferior por una gangrena gaseosa, una acción que conlleva una grave perdida funcional para la persona, pero que de no realizarse supondrá la muerte de la persona. Perder una pierna perjudica, pero perjudica menos que perder la vida, y así llegamos a la conclusión de que perder una pierna es un mal menor, un mal éticamente aceptable.

El principio del mal menor es un principio que se ha revestido de unas reglas de uso, para evitar que su aplicación tenga efectos perversos, ya que es el principio ético que más frecuente da pie a la creación de falsos dilemas, con claro riesgo de crear perjuicios innecesarios a las personas objeto de atención.

No se me olvida la lectura de manuales y guías de eliminación de sujeciones, en las que se deja un margen de tolerancia a las mismas sobre la base de un perverso uso del principio del mal menor, un uso que permite justificar algunas sujeciones, a pesar de que se deberían eliminar todas de la práctica asistencial a las personas mayores en residencias, lo cual es posible según demuestran más de 100 centros totalmente libres de sujeciones que existen en España, 36 de los cuales llevan más de 5 años sin utilizarlas, centros que cuidan al mismo tipo de personas mayores que las residencias donde se siguen utilizando sujeciones.

Para que el principio del mal menor sea correctamente aplicado, debe cumplir las siguientes reglas:

- Que no existan más de dos alternativas

- Que no pueda diferirse la elección

- Que ni el fin ni los medios elegidos sean intrínsecamente malos en el orden moral

- El efecto malo no puede ser ni causa ni medio para el efecto bueno

- El efecto bueno debe ser proporcionalmente superior al efecto malo

El uso perverso del principio del mal menor, permite seguir utilizando sujeciones y mantener la conciencia tranquila.


CONCLUSIONES

Como eticista que soy, con más de 10 años de experiencia en comités de ética asistencial, tengo que decir que mi incursión en el mundo sociosanitario de la mano del Programa Desatar que dirijo, me ha llevado a tener una seria preocupación por la perversión de la ética en el ámbito de las residencias.

Vivir conflictos éticos en el quehacer asistencial de una residencia debería ser lo normal, y puede ser preocupante que no se den, ya que supondría que se ha alcanzado un nivel de “anestesia moral” que debería dar mucho que pensar, y resolver los conflictos de las formas perversas que hemos mencionado contribuye a esa creciente anestesia moral que se está observando. Un trabajo excesivamente jerarquizado también contribuye a la anestesia moral de quienes reciben ordenes, ya que se amparan en pensar que hacen lo que se les manda, y así pueden lavar su conciencia.

El conflicto alimenta la maquinaria de la ética.

La ética no debe ser instrumentalizada, no debe ser utilizada para justificar los actos, o para defender ciertas prácticas, pues esos comportamientos acaban invalidando los juicios y las decisiones, y provocan la corrupción moral de quienes los realizan. En el mundo anglosajón se habla de corrupción de los cuidados, cuando se llega a justificar actuaciones que resultan denigrantes-degradantes para quienes son objeto de atención.

El fin no justifica los medios, es un paradigma ético que se ha de observar siempre que analicemos una acción. Nos ayuda mucho a realizar un juicio ético sobre ciertas conductas, un ejercicio que recomiendo a mis compañeros sanitarios y sociosanitarios. Por muy noble que sea el fin perseguido, no son válidos cualquiera de los posibles medios que utilicemos para alcanzarlo.

El fin no justifica los medios.

Alcanzar una mejor especie humana suena como un fin noble, pero no justifica aniquilar a judíos para lograrlo, como hizo el régimen nazi, en el mayor genocidio de la historia. Evitar que una persona mayor se caiga es un fin noble, pero no justifica que la persona deba vivir atada el resto de su vida, o hasta que deje de moverse.

Si finalmente nos queda una duda sobre las decisiones que tomamos y los cursos de acción que elegimos, algo muy saludable en la práctica de la deliberación ética, podemos realizar un último análisis, una última prueba, para saber si la elección es la correcta. Es lo que en la práctica de los comités de ética se ha dado en denominar, prueba de consistencia de un curso de acción.

La duda es el principal impulsor de la deliberación ética.

Prueba de consistencia de los cursos de acción:

  • PRUEBA DE LEGALIDAD:

–¿Es legal el curso seguido?

  • PRUEBA DE TEMPORALIDAD:

–¿Tomaríamos la misma decisión en otras circunstancias, otro momento u otro lugar?

  • PRUEBA DE PUBLICIDAD:

–¿Defenderíamos públicamente el curso seguido?

La ética es una ciencia, una ciencia de la conducta humana, una ciencia que se sirve de unos parámetros para saber si la conducta es aceptable. La bioética, enfocada a la atención sanitaria, cuenta con sus propios principios, pero en todo caso no está del todo a salvo de un uso perverso, como no lo esta ninguna ciencia. Todo depende de la actitud de quienes la practican.

Valora esta noticia
3
(2 votos)
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

2 comentarios