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La prisa mata

miércoles 13 de mayo de 2020, 20:03h
El presidente de UPIMIR, Vicente Botella
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El presidente de UPIMIR, Vicente Botella

Si algo hemos aprendido de esta crisis de manera técnica, es decir, pese a quien le pese actuando más con el cerebro que con el corazón (difícil tesitura para los que así han de actuar, no lo duden), es que las prisas en las actuaciones no han conducido a mejorar su operatividad, somos lo que somos y tenemos el sistema que tenemos. Por eso, es mejor ante cualquier nueva normativa, indicación, recomendación, o legislación, ir más pausados pero sin fallar en su concepción. En esta actual pandemia, querer correr sin pensar se paga con vidas humanas.

Llegado a este punto, aclaramos a que nos referimos. Hablamos de la pasada al desconfinamiento de visitas a nuestros usuarios, ni más ni menos que de ello. Y pasamos a confirmar que no quien antes dice o publica las noticias es quien más razón tiene. A veces, es pura osadía basada en el desconocimiento de la realidad. Sin embargo, entendemos que la buena voluntad priva en el quehacer de todos, pero, creo que no son momentos de aumentar la confusión. Es más fácil obedecer a los que saben y contribuir por supuesto con iniciativas e ideas, pero sin hacer de ello un falso afán de protagonismo que se está apoderando de algunos.

Desde UPIMIR nos posicionamos junto a la Asociación de directores de residencias (ASCAD) en una propuesta sobre el retorno de las visitas de los familiares a los centros residenciales, entrada por registro en los Departamentos implicados en la misma. Quien mejor que los directores de los centros saben lo que se ha vivido y se vive en su interior, y lo que puede significar correr y volver a jugarnos vidas humanas y ser, de nuevo, el sector demonizado y castigado por parte de la prensa y por el resto de la sociedad.

Puntualicemos:

1- Los centros somos los primeros que queremos que vuelvan las familias. En primer lugar, por humanidad y por ser los conocedores de lo que este aislamiento afectivo significa en los usuarios (tristeza, pena, melancolía, falta de ganas de vivir, incomprensión, etc. ..).

Curiosamente, los usuarios menos afectados a nivel cognitivo son los que más lo sufre, en cambio, los usuarios con trastornos de demencia no han demostrado esta disminución en su estado general, tan sólo la propia del paso de estas semanas. Las familias, en su gran mayoría, nos ayudan y colaboran con sus visitas en el día a día del residente. Por eso, cuanto antes volvamos a verlos mejor para todos.

2- Es cierto que la GENCAT permitió de forma, creemos acertada y sigue permitiendo que los usuarios abandonen nuestros centros y vuelvan temporalmente a su hogar, manteniendo la reserva de plaza pública, los datos de tal cambio de domicilio suman, según informaciones al respecto cientos de casos. La cuestión es que una vez se van, no pueden volver hasta el momento que se abran los centros a nuevos ingresos, lo que a día de hoy todavía no sabemos con certeza. El motivo es obvio: la salud de todos cuenta y en estas semanas muchos centros han luchado para que sus usuarios quedaran blindados ante la amenaza de contagios. Todos nuestros trabajadores y nuestra operativa de gestión ha ido encaminada a ello.

Volver desde casa sin poder descartar con pruebas diagnósticas desestimar ser transmisor de la enfermedad o bien estar en fase de padecerla dejaría sin efecto el esfuerzo de este último mes, aunque la decisión de salida del centro es una clara y respetuosa aceptación por todos de cumplir y salvaguardar los derechos y voluntades de quienes se van.

3- Si aún estamos consensuando con la administración como actuar con los casos de PCR + y sin segundo test, asintomáticos después de más de 30 días y confinados en espacios diferenciados de los centros, si todavía no somos capaces de decidir cuándo podrán ingresar nuevos residentes, los cuales necesitan con urgencia ser atendidos y cuidados, si todavía no tenemos claro si las nuevas contrataciones de personal deben tener PCR practicado y haber pasado 14 días asintomáticos, si personal externo como peluquería o podología y servicios técnicos de mantenimiento, atienden con EPIS y medidas de protección máximas, si hemos modificado la rutina de todo el centro para aislar PCR + y sus contactos, elaborando plantillas paralelas de gerocultores, espacios de nuevos tipos segundo comedor o segundas salas de estar, si cada día aún puede ser el despertar del monstruo, si podemos afirmar que siguen apareciendo positivos y nadie es capaz de afirmar cuando el virus dejará de acechar, cuando las residencias hemos sido estigmatizadas por el número de muertos, cuando todos sabemos la lucha el esfuerzo y la dedicación que hemos puesto a minimizarlo, y la tipología pluripatológicos, de máxima fragilidad y las puntuaciones en las escalas de valoración geriátricas de nuestros residentes. ¿En serio, ahora tenemos que entrar en la carrera a ver quién desconfina antes?

4- Por Dios, seamos sensatos. Realizamos un mecanismo de autocrítica y reconocer que lo mejor es dejar a nuestros legisladores, que con nuestra colaboración y ayuda tomen la difícil tarea de elaborar el protocolo de reinicio de visitas. Si los presionamos, nos puede salir el tiro por la culata y de nuevo ser la cabeza de turco. Vigilamos por el sector que tanto queremos y por el que nos dejamos la piel. Vamos paso a paso, que los pasos sean firmes y precisos, que no tengamos que deshacer el camino, ya que si así fuera podríamos volver a escenarios de hace un mes, lo recordamos ¿verdad?

Todos queremos lo mejor para nuestros usuarios, pero a veces hay que saber decir no. Somos los vigilantes de su salud, la de nuestro personal, y la de nuestra ciudadanía, aunque suene grandilocuente. Hacerlo mal, para hacerlo rápido, puede ser catastrófico de nuevo. En serio, ¿nos la jugaremos?

Dr. Vicente Botella, presidente de UPIMIR

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