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¿Son “diferentes” las personas mayores cuando ingresan en una residencia?

Dependiente en silla de ruedas.
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Dependiente en silla de ruedas. (Foto: Foto Designed by Freepik)

Hace unos días una gerocultora de la residencia las Marismas, de la que, por cierto, eres directora, tuvo una experiencia muy desagradable de camino al trabajo. Pasando por una calle cercana un hombre con quien se cruzó se le abalanzó y le tocó los pechos y otras partes del cuerpo, ella consiguió escabullirse y se escapó corriendo. Llegó a la residencia muy nerviosa y con algunos botones de la blusa arrancados. Nos pidió poder ir a presentar una denuncia en la policía y, por supuesto le apoyamos.

Aunque todo había pasado muy rápido y ella no recordaba la cara del atacante, más allá de que era un hombre mayor corpulento, la Policía puso en marcha un operativo y, al cabo de dos meses localizó al atacante. Nosotros lo supimos cuando lo vinieron a detener en la residencia.

El señor Esteban Q. había ingresado dos semanas antes. A sus 72 años padecía de una ligera discapacidad intelectual que le había acompañado durante toda su vida y que se había complicado con un deterioro cognitivo.

Vivía con una hermana de 78 años que se encargaba de él dándole habitación y sustento. Había trabajado durante unos años en un centro especial pero desde que cumplió los 65 lo había dejado. Durante un tiempo acudió a un centro de día y, hace un año y medio, su hermana le había “tramitado la dependencia”. Esteban estuvo detenido unos días y regresó a la residencia como investigado a espera de juicio; nos llamaron del juzgado y nos dijeron que era mejor que no saliese de la residencia y que informásemos de su estado cada mes y si había cualquier circunstancia peculiar.

Así lo hemos estado haciendo.

Hoy, en una reunión del equipo, alguien ha planteado algo interesante.

Una gerocultora plantea que hay tres residentes que sufren diferentes tipos de deterioro cognitivo y a los que cuando se les ducha “se les van las manos”. Algunos de ellos están en un estado similar al de Esteban y hacen algo parecido: aprovechan y te tocan o te estiran del uniforme y a veces te arrancan algún botón. ¿Es diferente lo que hacen éstos de lo que hizo Esteban? Si Esteban hubiese arrinconado a una gerocultora y le hubiese tocado dentro de la residencia, ¿le habríamos animado también a presentar la denuncia o hubiésemos tratado de solucionarlo “internamente”?

Todos nos hemos quedado mirándonos y pensando que quizás tiene razón. Cuando pasa dentro de la residencia parece que tenemos que intentar resolverlo entre nosotros. Pero, ¿son “diferentes” las personas mayores cuando ingresan en una residencia?

¿Conocéis algún caso en el que haya pasado algo así?

¿Valdría la pena discutir internamente esas situaciones o deberíamos denunciarlas?

¿Qué harías tú?

Autor: Josep de Martí Vallés

Jurista y gerontólogo. Profesor del Máster en Gerontología Social y de Dirección de residencias en varias universidades. Director de Inforesidencias.com y Eai consultoria.

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