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EL RINCÓN DEL DIRECTOR

¿Tratamos bien a los residentes?

¿Tratamos bien a los residentes?
Por Dependencia.info
Opina sobre este caso práctico en la gestión de residencias y envíanos lo que harías tú en esta situación.

La residencia Las Marismas, de la que eres director o directora, anda un poco revolucionada en los últimos tiempos.

Todo empezó cuando hace unos meses, al preparar el plan de formación para el año siguiente, nos acordamos de un e-mail que habíamos recibido de una consultora en el que nos proponía un curso para profesionales de atención directa de la residencia titulado “Prevenir y afrontar el maltrato institucional en residencias”. No es que pensásemos que en la residencia maltratásemos pero, después de haber vivido casos como el de “Querida María” o “No quiero a esa auxiliar”, pensamos que una reflexión sobre el buen trato sería adecuado, lo propusimos al equipo y todos estuvieron contentos. Así que contratamos el curso.

El primer día decidimos asistir y sentarnos en la última fila intentando pasar desapercibidos, cosa que no sucedió.

El profesor empezó haciendo una pregunta: “¿Tratamos bien a los residentes en la residencia?”. Todas las asistentes (casi todas eran auxiliares) respondieron asintiendo con la cabeza. “¿Alguien ha tratado a un residente de una forma que considera inadecuada en alguna ocasión?”. Silencio y alguna negación con la cabeza. “¿Alguien sabe de algún compañero o compañera que sea antipático con los residentes y que a veces llega a hacer o decir cosas que nos parecen inadecuadas pero no decimos nada para no perjudicar a un colega de trabajo?”. Silencio total, cruce de miradas, movimientos incómodos.

“Un maltrato grosero, como pegar a alguien o insultar se detecta de forma fácil pero no pasa casi nunca, a veces quien vive en una residencia puede sentirse muy mal sin que nadie le pegue o le insulte; incluso sin que ningún empleado le quiera hacer nada. Os voy a poner un ejemplo:

Tenéis ochenta y cinco años, hoy acabáis de ingresar en la residencia. Estáis en mi despacho (ahora soy yo el director) y os hago una proposición muy rara. Os digo que en ese mismo momento tenéis que elegir entre dos opciones que os voy a plantear y que no os podéis negar, será una o la otra: ¿Preferís que os dé un fuerte puñetazo en el ojo o que elija para vosotros una habitación compartida en la que conviviréis hasta el final de vuestros días con una persona que sufre demencia en fase avanzada, grita por la noche, os revolverá vuestras cosas y a veces se quitará el pañal que lleva y lo tirará al suelo de la habitación ensuciándolo todo? ¿Qué elegiríais?”

“¡Esto es ridículo!” Exclama una de las asistentes al curso.

“Lo es, porque no es real, pero, si me permitís un poco de tiempo, nos puede ayudar a hacer las cosas mejor. Abstraeros de lo ridículo de la situación y aceptadla por un momento. ¿Qué elegiríais?”

Casi todos prefieren el puñetazo.

“Un puñetazo sería aceptado por todos como un claro maltrato, incluso como un delito, pero la forma en que se asignan las habitaciones en una residencia, la forma en que se establecen los horarios, las actividades, el aseo de las personas, la comida y otros aspectos del funcionamiento difícilmente lo serían”.

“Durante el curso vamos a pensar en cómo hacemos las cosas poniéndonos en el lugar de los residentes, aceptando que cada uno quiere cosas diferentes, que a veces lo que deseamos no es lo que más nos conviene y que, a menudo somos inconsecuentes, o sea, decimos que queremos algo pero a la hora de la verdad nos tiramos atrás o cambiamos de opinión y a pesar de ello, en nuestra vida antes de ingresar en la residencia solíamos hacer lo que queríamos, fuese bueno o malo para nosotros, sin que nadie pudiera imponernos cómo debíamos vivir los pequeños detalles de nuestro día a día”.

“¿Quién es la trabajadora que lleva más años trabajando aquí?”

Dos levantan la mano. “Somos las únicas que quedamos del principio de la residencia. Yo entré cuando hacía nueve meses que había abierto”. “Y yo cuando hacía más o menos un año”.

“¿Recordáis vuestro primer día de trabajo?”

“¡Sí, claro!”

“¿Hubo alguna cosa que os sorprendió y os pareció rara pero que al cabo de un tiempo empezasteis a hacer vosotras mismas y os pasó a parecer normal?”

Silencio.

“¿Os imagináis pasando una semana en la residencia como la persona con más demencia y dependencia del centro?”.

“No me contestéis”.

“Vamos a pensar entre todos cuáles son aquellas pequeñas cosas que hacemos de una forma y que, si hiciésemos de otra, mejoraría la vida de los residentes y también vamos a pensar en qué cosas hacemos muy bien y podemos potenciar”.

El curso ha seguido adelante y ahora notamos que, sobre todo entre las auxiliares se han creado dos grupos: las que dicen que todo eso son chorradas y que lo que tendría que hacer la empresa es dejarse de rollos y contratar a más personal; y las que han encontrado la experiencia muy positiva y están pidiendo formación sobre Atención Centrada en la Persona y Buenas Prácticas.

Llevamos unos días hablando mucho con el personal de atención directa y lo que vemos es que el curso no ha dejado a nadie impasible pero que más que resolver algo ha abierto varios frentes.

Una de las auxiliares con quien tenemos más confianza nos ha avisado de que para hacer algunas de las cosas que han salido en el curso habría que cambiar el horario del personal, ya que hasta ahora, las horas en que se levantan los residentes y desayunan parecen más ajustadas a las necesidades de la organización del centro (cambios de turno) que de lo que puedan elegir los mayores. “Si planteas cambiar los horarios del personal se te pueden poner en contra incluso las que quieren cambiar las cosas”.

Una enfermera del centro que está a punto de jubilarse nos ha comentado que tenemos unas pocas semanas para decidir si hacemos algo: “Yo he vivido durante mi carrera varios de estos momentos; un curso, un nuevo director u otra cosa genera expectativas de cambio pero si no se hace algo pronto, en poco tiempo la gente se enfría, se olvida y vuelve a su día a día. A mí me da un poco igual porque en seis meses me jubilo pero, por curiosidad, ¿piensas hacer algo?”.

Una residente que lleva un año en el centro también ha hecho una pregunta. “¿Es cierto que pronto podré desayunar en la habitación como a mí me gusta y que podré elegir a qué hora quiero que me traigan el desayuno?”.

Poco te imaginabas que un curso pudiera generar tanto revuelo. Ahora llevas un rato pensándolo y planteándote opciones.

¿Qué harías tú?

Autor: Josep de Martí Vallés , jurista y gerontólogo. Director de Inforesidencias.com y Eai Consultoria.

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