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¿Es importante saber cuánta gente ha muerto por Covid-19 y qué proporción lo hizo en residencias?

Por Josep de Martí
miércoles 16 de junio de 2021, 13:46h
Josep de Martí, director de Inforesidencias.com
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Josep de Martí, director de Inforesidencias.com (Foto: Dependencia.info)

En estos tiempos de pandemia, si quieres obtener la “versión oficial” sobre los números de contagios y fallecimientos por Covid-19 el lugar al que acudir es la web de RTVE, allí ves una cambiante “radiografía” de lo que sucede tanto a nivel global como en las residencias.

He entrado este 16 de junio de 2021 y entre muchos datos y cuadros he encontrado este párrafo:

“Aunque estos datos aún están en revisión, muestran la magnitud del impacto que tuvo la pandemia de COVID-19 sobre las residencias de ancianos, solo realmente mitigado por el efecto de las vacunas a partir de 2021. En lo peor de la primera oleada, entre marzo y junio de 2020, murieron casi 10.000 personas, más que en los seis meses siguientes. Si se le añaden los 10.492 fallecimientos de residentes que murieron en esos tres meses con síntomas compatibles con la COVID, pero sin una prueba diagnóstica, la conclusión es que dos de cada tres muertes de mayores en residencias de ancianos ocurrieron en la fatídica primavera de la primera ola”.

Dejando a lado lo anacrónico que resulta que se utilice el término “residencias de ancianos”, la información deja claro eso de que en la primera ola “dos de cada tres muertes” fueron en residencias.

Nos lo han dicho de forma tan machacona que muchos se lo creen, pero también hoy leo en el ABC este titular “Un tercio de los fallecidos por Covid-19 en España vivían en residencias”. Como la noticia es de una agencia, lo mismo ha sido difundido por parte de muchos otros medios.

¿Un tercio o dos tercios?

El número total de fallecimientos en residencias con un diagnóstico confirmado de Covid-19 o síntomas compatibles parece bastante claro. Según los datos que han ido facilitando las comunidades autónomas, se sitúa muy cerca de los 30.000, la mayor parte durante la primera ola. La dimensión de la tragedia es enorme y el dolor generado por cada una de esas muertes inconmensurable. Podríamos pensar que ante este número da igual que representen uno o dos tercios del total. Yo creo que no es así.

Llevo meses pensando que ante esta crisis sanitaria debemos ser humildes y pacientes antes de tomar medidas que creamos que pueden evitar la siguiente. No podemos saltar a las conclusiones sin conocer bien los datos y no deberíamos buscar culpables sin entender bien qué delito, si alguno, se ha cometido.

Para saber si el número de fallecimientos en residencias ha sido un tercio o dos del total necesitamos dos datos: cuántos fallecidos ha habido en total y cuántos de éstos han tenido lugar en residencias.

Para hacerlo hay que ir a datos públicos y entenderlos.

Si nos remontamos a la primera ola, cuando todavía estábamos en estado mundial de shock, el gobierno de España aprobó la Orden SND/234/2020 de 15 de marzo en la que, entre otras cosas, instruía a las comunidades autónomas para que facilitasen diariamente datos sobre contagios, ingresos hospitalarios, epis disponibles…

A medida que las comunidades fueron informando y el Gobierno comunicando, algunos días “afloraban” fallecimientos. Por ejemplo, Cataluña de un día a otro comunicó 3.300 fallecimientos adicionales, Madrid, 3.000. Esos “afloramientos” se producían cuando cada comunidad empezó a “buscar” la cifra real de muertos con o sin PCR confirmatorio (recordemos que por aquel entonces se hacían muy pocas pruebas diagnósticas porque, sencillamente, casi no habían).

La reacción del Gobierno de España fue cambiar el 17 de abril la Orden SND/234/2020 y darle un nuevo redactado que hoy sigue en vigor (así lo veo, como “texto consolidado” en la web del BOE). Según este redactado, las comunidades comunicarían fallecimientos una PCR positiva o test rápido de anticuerpos.

Comparar peras con manzanas

Con ese sistema de cálculo, a día de hoy han fallecido en España 80.500 personas con un diagnóstico confirmado de Covid-19 y han muerto en residencias 29.600 personas con diagnóstico confirmado o síntomas compatibles con Covid-19. O sea, más o menos dos de cada tres.

¿Soy el único que ve que esta comparación está viciada?

Si vemos la gráfica que nos muetra la web de RTVE notamos que la información que nos da se ofrece de forma sospechosa:

Cuando describe los fallecimientos en residencias dice que son “confirmados o con síntomas compatibles” y compara esta cifra con “fallecimientos totales” que según la forma oficial de cómputo sólo incluye a los “confirmados”.

Repito que, la proporción no es lo más importante, aunque sí lo es que tengamos datos lo más fiables posibles para poder saber qué ha ido mejor y peor durante la pandemia. Datos que nos permitan compararnos de forma correcta con otros países y también entre comunidades.

La cuarta recomendación que hace Amnistía Internacional (entre un total de siete) a raíz de la pandemia en residencias es la siguiente:

“Desarrollar un procedimiento unificado para recoger y proporcionar datos sobre las personas mayores en residencias con un análisis de género, edad y discapacidad de los mismos. Estos datos deben ser utilizados para desarrollar las políticas públicas adecuadas para la gestión de la pandemia, garantizando los derechos de las personas mayores, incluido el derecho humano a la salud. Los datos han de ser homogéneos y estandarizados.”

Yo no tengo en absoluto la autoridad que tiene Amnistía Internacional, pero el 31 de marzo del año pasado, cuando los directores y gerentes de residencias eran vilipendiados por los medios de comunicación viéndose obligados a trabajar en condiciones de extrema precariedad, escribí un post en el que pedía una “ventanilla única” para que las residencias se comunicasen con las administraciones durante la pandemia. El post, en el que explicaba todas las comunicaciones que tenía que hacer un director de residencias cada día a cinco o seis órganos administrativos diferentes, acababa así:

¿Podría alguien pensar en una “ventanilla única”? Un único lugar al que debieran comunicar una sola vez las cosas las residencias de mayores. Pensemos que si se hiciese así se podría llevar un control mucho más eficiente del flujo de información y sería posible generar big data, algo que un superordenador pudiese tratar en búsqueda de patrones que permitiese luchar más eficientemente contra la enfermedad.

Digo esto porque, aunque ahora estamos en medio de la pandemia, debemos dedicar un poco de tiempo a pensar que, sea como sea, un día la dejaremos atrás. Sería bueno que algunas de las cosas que estamos haciendo ahora nos permitan prepararnos para el futuro.

Cuando acabe el estado de alarma y cada comunidad autónoma vuelva a seguir su camino en lo que a residencias de mayores se refiere, estaría bien disponer de una base de datos estatal que recoja el perfil de todos los que viven en residencias. Pienso en algo parecido a lo que en Estados Unidos se conoce como el Minimum Data Set, un repositorio de información donde todas las residencias deben informar periódicamente del estado de los residentes, tanto el funcional y cognitivo como la movilidad; síntomas conductuales, dolor, continencia, caídas, estado nutricional y muchos otros.

Si dispusiésemos de algo así, adaptado tras la pandemia a la detección precoz de enfermedades infecciones, la próxima vez que seamos atacados podremos afrontar algo mejor la situación.

Ha pasado un año y sigo pensando lo mismo.

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