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¿Prevemos la contingencia adecuada?

lunes 26 de octubre de 2020, 20:20h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

Una contingencia es, según el diccionario, un suceso que puede suceder o no, especialmente un problema que se plantea de forma imprevista. Un plan de contingencia viene a ser una forma de prever o planificar cuál será nuestra respuesta si ese suceso llega a ocurrir.

En los últimos tiempos a todas las residencias de España se les ha hecho redactar un Plan de Contingencia que prevea cómo actuar ante una nueva llegada de la enfermedad al establecimiento. Algunas Comunidades han redactado y publicado en Boletines oficiales los requisitos de estos planes (leer el artículo 2 de esta Orden Andaluza o la disposición cuarta de ésta de Aragón), otras, como Cataluña, optan por una vía menos jurídica y formal: desde la administración se envía a las residencias por mail un documento no firmado aunque con membrete de la administración, en el que se establecen unos criterios que se van actualizando en documentos subsiguientes. Como elaborar una Orden y publicarla resulta más tedioso que sencillamente colgar un documento en Internet, la opción catalana resulta menos rigurosa desde un punto de vista legal pero más flexible… siempre que lo veas desde el punto de vista de la administración. Para las residencias, el hecho de ir recibiendo “actualizaciones” es algo que estresa enormemente su funcionamiento, especialmente cuando la “contingencia” sobre la que está planeando la administración no siempre coincide con la que más preocupa a los directores y gestores de residencias.

La administración y los planes que hace redactar se centran en qué hacer si “hay casos” y básicamente plantea medidas de sectorización y aislamiento. La preocupación real de quien gerencia una residencia no es tanto que algún residente pueda enfermar como que una parte considerable de trabajadores de la residencia deban dejar de trabajar por haber contraído la enfermedad o por la existencia de pautas que les “envían a casa” por haber estado en contacto con enfermos o personas sospechosas de serlo.

Ya antes de la pandemia resultaba muy difícil encontrar enfermeras para trabajar en residencias, (esto es de 2017). En los meses de marzo a abril de este año, en plena primera ola, cubrir las bajas, que en algunos casos llegaban al 30%, resultó para muchas residencias algo del todo imposible (aquí la infame Ministra de Defensa y sus desgraciadas declaraciones sobre “cadáveres conviviendo con residentes”, tuvieron algo que ver). A mí entender esa es la contingencia que verdaderamente debería ocupar a las administraciones.

Si en una residencia hay un grupo de residentes enfermos, estos deberían recibir la atención sanitaria por parte de la Sanidad Pública como cualquier otro ciudadano. Si como parte de esa atención los médicos deciden que lo mejor es que esos enfermos se queden en la residencia recibiendo allí la atención desde el ambulatorio y hospital, lo más importante es que la residencia disponga del personal de atención adecuado. Lo que de verdad hace que se desmadre la situación es que ese personal no esté disponible por estar de baja. ¡ESA ES LA CONTINGENCIA MÁS IMPORTANTE QUE PREVER!

Creo que aquí es donde las administraciones no lo están haciendo tan bien como deberían. Las medidas que se suelen exigir a los planes de contingencia suponen en la mayoría de casos que las residencias deban aumentar la plantilla en caso de rebrote: se cambian la forma de dar de comer, de lavar la ropa, se establecen circuitos que requieren más personal, se plantean confinamientos y “burbujas” que hacen que un trabajador sólo pueda estar en contacto con un grupo reducido de residentes…

He hablado con muchos directores de residencia que me comentan que han redactado el plan de contingencia siguiendo lo que les piden teniendo dos preguntas en la cabeza:

¿Cómo podré hacer todo eso que me piden si una de cada tres empleadas se ponen de baja en caso de rebrote?

¿Cómo voy a mantener la residencia si en ningún lugar me están diciendo la forma de financiar el aumento de costes que suponen las medidas?

La segunda pregunta, sobre la que las administraciones pasan de puntillas, debe ser afrontada si no queremos que muchas residencias cierren. Sobre la primera, las administraciones deberían “mojarse más” con ideas novedosas, no las mismas que fracasaron en primavera.

Pedir que cada residencia tenga su bolsa de trabajo de emergencia para cubrir bajas es ilusorio. Puede aparecer en los planes, pero sabemos que no funcionará ya que en situación de pandemia desbocada la gente se resiste mucho a ir a trabajar a residencias. Crear desde la propia administración esa bolsa podría ser más factible si se gastase dinero en concienciar a personas en paro o estudiantes que, llegado el momento pueden “arrimar el hombro”, pero, incluso así, puede resultar inoperante.

Si de repente una residencia tiene un 20% o 30% de bajas entre las gerocultoras y éstas se sustituyen por personal nuevo que tiene que aprender los protocolos de actuación de emergencia, además de adecuarse al funcionamiento de una residencia y conocer a cada residente que deben atender; sabemos que las primeras dos semanas, las gerocultoras “no de baja” deberán trabajar y enseñar, algo que incrementará el stress.

Con esto en mente deberíamos centrar una parte importantísima del esfuerzo en intentar evitar que las gerocultoras se contagien y en prever cómo puede funcionar una residencia con menos personal.

Si ya tenemos tests de diagnóstico asequibles y que dan el resultado en minutos, ¿no debería establecerse desde la administración un sistema que permita testear semanal o bisemanalmente a todos los empleados de atención directa para detectar lo antes posible? ¿No podrían reservarse, como se hizo en el pasado “hoteles limpios” pero no para residentes sino para empleados de residencias que en caso de descontrolarse la situación pudieran mantener durante un tiempo una vida con un riesgo reducido de contagio?

Si, a pesar de todo, la enfermedad entra y se producen las bajas. ¿No debería el plan de contingencia prever cómo es la vida en una residencia con menos personal?

La pregunta no es mía sino de directores con quien hablo cada día. A ver si encontramos una respuesta. Si no lo hacemos, descubriremos con dolor que lo contrario a “contingencia” es “certeza”, y que cuando ésta llega suele ser demasiado tarde.

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