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¿El fin de las residencias?

miércoles 14 de octubre de 2020, 19:01h
Jaime Fernández-Martos Montero, socio de FML Abogados.
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Jaime Fernández-Martos Montero, socio de FML Abogados. (Foto: Jaime Fernández-Martos Montero)

En el mes de agosto leí una interesante entrevista en El Mundo con el presidente de la Sociedad Española de Geriatría, don José Augusto García Navarro, que llevaba por titular "En el futuro, no deberíamos tener residencias de ancianos”.

Tras leer la entrevista, observé que la apuesta del Sr. García Navarro era la de primar otros recursos asistenciales que permitieran mantener a las personas en sus entornos personales y sociales: atención domiciliaria integrando más servicios, o pisos con servicios; y apostando por centro intermedios, con un concepto de un hospital de rehabilitación, para patologías o lesiones agudas.

El artículo, que puede leerse en la web del periódico citado, generó casi 100 comentarios que me entretuve en leer, pues es un interesante termómetro para palpar las opiniones de la gente común, sus preocupaciones, anhelos, gustos y prejuicios. Gran parte de los comentarios eran auténticos puñales a las residencias como centros oscuros, “morideros”, con pésimas atenciones y dirigidos por gestores ávidos de dinero. Los más aceptables las consideraban un mal menor ante la imposibilidad de atender a los mayores en entornos familiares. Pero comentarios positivos… no pude encontrarlos, la verdad.

Todo eso me ha hecho reflexionar nuevamente sobre el modelo de atención a mayores en España. Sobre su presente, pero sobre todo sobre su futuro, en este momento en el que, habiendo superado el gran tsunami del COVID-19 de marzo a mayo, ya estamos navegando las olas, que se anuncian tormentosas, de este otoño.

Creo que en efecto, potenciar la atención domiciliaria, los centros de día o los pisos con servicios, como defiende el Sr. García Navarro, han de constituir un importante eje de futuro en la atención de las personas. Mantener a las personas mayores dentro de su ámbito de vida considero ha de ser una prioridad, siendo además económicamente más viable. También creo que se habrán de potenciar centros intermedios o especializados en tratamiento de patologías específicas o de dependencias severas. Pero no nos engañemos; existen otras causas concurrentes que hacen que las personas mayores deban o incluso quieran acudir a un centro de mayores, incluso siendo autónomos para las ABVD.

La sociedad actual es posiblemente la más interconectada de la historia; la que tiene más capacidad de comunicación; la que tiene más recursos de información disponibles; la que potencia el ocio al alcance de muchos más que ninguna otra época histórica; la que promueve y ha promovido la autonomía personal individual….

Pero esta misma sociedad esconde en su seno dramas humanos personales que la vertiginosa e interconectada sociedad va orillando ante la indiferencia de casi todos (la globalización de la indiferencia, en atinada expresión del Papa Francisco); asistimos al progresivo envejecimiento de una sociedad incapaz de reponerse generacionalmente por sí misma; observamos el deshilachamiento de los núcleos familiares y la precariedad sociolaboral de muchas personas; los procesos migratorios con sus específicos problemas de integración y ausencia de soportes familiares para mucha gente… la soledad es un problema creciente, fenómeno especialmente acusado en personas mayores de 65 años. En la actualidad, casi cinco millones de personas viven solas en España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, lo que supone un 10,2% de la población total, de las cuáles, casi la mitad son personas mayores de 65 años. Cifra irá aumentando hasta los 5,8 millones en 2035, según las previsiones del INE en su Proyección de Hogares 2020 - 2035.

Los datos anteriores me llevan a discrepar de los deseos del Sr. García Navarro: no, creo que las residencias no deben desaparecer, de hecho no lo van a hacer; existe mucho espacio en nuestras sociedades para las residencias de mayores, y no solo para atención de la dependencia. No entiendo la desaparición de las residencias siquiera como un deseo bien intencionado. No en la configuración actual de nuestra sociedad. De hecho, creo que este desiderátumresponde a ese clima negativo que la sociedad tiene hacia estos centros, de los que son gráfica expresión los comentarios a la entrevista que he citado, alimentadas por las recurrentes noticias que salen de este sector, señalando (bien hecho) las negligencias y barbaridades episódicas en algunos centros, obviando el por lo general muy buen trabajo de la mayoría de ellos.Hay mucho bueno en muchos centros, y en muchos se combate esta terrible pandemia del siglo XXI que es la soledad.

Por supuesto que es preciso introducir cambios en las residencias, pero créanme si les digo que este sector ha sido testigo de un enorme vuelco en los últimos 25 años. ¿Que hay empresas que ganan dinero con ello? Pues sí, y ¿acaso hay algo malo en ello? Los rendimientos positivos son una necesidad para hacer viable cualquier actividad. También lo público debería contemplarse desde una óptica económicamente sostenible.

Existen muchas cosas interesantes que suscribo de lo que dice la entrevista, especialmente la absoluta necesidad de mejorar la coordinación con los servicios sanitarios públicos, que hasta la época COVID era prácticamente inexistente. Y es deseable una mejor retribución de los trabajadores y una mejora de la financiación. Y trabajar en la calidad de los servicios, centrados en las personas. Pero es también muy necesario –imprescindible– que se valore el trabajo general del sector y no se mire a las residencias –empezando por las propias Administraciones Públicas– con los prejuicios de la desconfianza y la enorme carga negativa que tienen actualmente.

Existen errores. Pero existe un gran trabajo. Y muchas dolencias que combatir en las que las residencias siguen y seguirán teniendo un relevante papel.

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