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Desmontando la falacia de la "privatización" de las residencias de mayores

lunes 31 de agosto de 2020, 14:51h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

Cuando un periodista quiere conseguir una noticia impactante sabe que lo llamativo suele pagarse diluyendo el rigor o incluso sacrificándolo del todo. A William Randolph Hearst, uno de los primeros empresarios del periodismo sensacionalista, se le atribuye la frase “no dejes que la verdad arruine una buena historia”. A mí me parece que con eso de la “privatización” de las residencias de mayores queda demostrado que la frase del señor Hearst no ha perdido vigencia.

Vayamos por partes. Entiendo que algo se “privatiza” cuando pasa de estar en manos esencialmente públicas a privadas, o cuando se pasa de una situación en la que los poderes públicos son los prestadores principales de un servicio a otra en la que éste es prestado por particulares. ¿Ha pasado algo así en el sector de las residencias?

No.

Para ver si ha habido un proceso de privatización tomo un ejemplo de mi tierra. En 1999, en unas jornadas organizadas por el Máster en Gerontología Social de la Universidad de Barcelona hice una presentación sobre la situación del sector de las residencias en Cataluña. Fue una de las primeras veces que utilicé Powerpoint y lo que he puesto son pantallazos de esa presentación.

La primera normativa de residencias había entrado en vigor en 1987. Cinco años después, el 50% de las plazas estaban en residencias privadas mercantiles (que nunca habían sido públicas), diez años después esta proporción había aumentado hasta el 57%. Las plazas públicas se mantuvieron alrededor del 15%.


Siempre que hablo de residencias tengo que hacer una distinción. Una cosa es “cuántas residencias” hay y otra “cuántas plazas”. Si hablamos de número de residencias hay que tener en cuenta que existen de diferentes tamaños por lo que la información puede ser útil pero engañosa. Por eso es bueno hablar de residencias y de plazas. Así, en 1998 dos de cada tres residencias eran mercantiles y allí estaban el 57% de plazas.


El tiempo pasa y las cosas cambian. Si el relato de la “privatización fuera cierto”, la proporción de residencias y plazas públicas se habría reducido. Como no lo es, no ha sucedido.

Esto es lo que ha sucedido en realidad si hacemos caso a los datos del Registro de Entidades, Establecimientos y Servicios Sociales de la Generalitat que son públicos y pueden ser consultados por quien quiera. La patronal catalana de residencias ACRA, además, tiene la cortesía de guardar series históricas de datos a disposición de sus asociados, algo muy útil.

Aquí tenemos tres cortes con más o menos 10 años de diferencia entre ellos. He tomado los datos de número de plazas por lo que acabo de explicar.

El resultado es que el peso proporcional de las plazas en residencias públicas creció hasta 2010, momento en el que se estancó. El de las residencias “sin ánimo de lucro” creció algo mientras las privadas mercantiles han ido bajando su peso proporcional aunque situándose siempre por encima del 60%.


¿Dónde está la privatización? ¿Cuándo fue éste un sector público que se ha privatizado?

Viendo esto queda claro que la atención a personas mayores dependientes lleva años siendo algo eminentemente en manos de la iniciativa privada. Por eso, ¿es verdaderamente una noticia decir que el 86% de las residencias son privadas?

Si miramos la hemeroteca descubriremos que sí se ha considerado noticia. Veamos este titular de El País, Las residencias privadas concentran el 86% de las plazas privadas catalanas. ¿De cuándo es? De 2002. ¿Era noticia entonces? No sé, pero, sea como sea, 18 años después sigue siéndolo “El negocio de las residencias, el 82% son privadas”.

¿Nadie ha pensado que el titular podría ser: “El peso de las residencias privadas baja un 4% en 18 años?”.

Cuando los periodistas dan categoría de noticia a algo que es una realidad cotidiana desde hace treinta años podríamos preguntarles si no se documentan antes de escribir. Quizás nos sorprendería por obvio o estrafalario un titular que destacase que “Más de la mitad de los días más fríos del año se han producido en invierno”, sin embargo, leemos que “Más de la mitad de las plazas de residencias geriátricas en Cataluña las gestionan empresas privadas” y pensamos “si esto aparece como noticia debe ser algo inusual o como mínimo merecedor de nuestra atención”.

Cuando los políticos quieren echar leña al fuego de su hoguera ideológica, los periodistas están contentísimos de contar con titulares “Prêt-à-porter”. Así hemos visto algunos como "La privatización de residencias ha colocado a los ancianos en una situación de vulnerabilidad" o “Echenique apuesta por nacionalizar las residencias de mayores e Iglesias habla de crimen por las muertes

Como a mí no me parece ni bien ni mal quien preste el servicio mientras lo haga bien, estas noticias suelen dejarme frío.

Creo que el debate que se oculta bajo esa crítica a la “privatización” es el de la insuficiente financiación de nuestro sistema de dependencia. La esencia del debate que se oculta es que las administraciones saben que cuando gestionan directamente residencias les resulta carísimo y lo que acaban ofreciendo no es mejor que lo que dan las empresas y entidades sin ánimo de lucro. Como consecuencia, en casi todas las comunidades, compran el servicio en un mercado privado que ya existe mediante un sistema que se basa en que se pueda atender a una persona dependiente en casi todas sus necesidades por menos de 60€ al día en una plaza concertada. El sector privado se ha esforzado en los últimos treinta años en crear sistemas que permitan dar un nivel de calidad básico por ese precio reservando una parte de los ingresos para remunerar a quien ha hecho la inversión, asume el riesgo y debe recuperar las pérdidas iniciales. Por supuesto que si la administración pagase 90€ al día, las auxiliares ganarían más de 1.000 euros al mes y se podría subir la ratio. Las administraciones no lo han visto así y han mantenido precios congelados, si no los han reducido, durante 10 años.

Hay quien cree que la atención a mayores debería quedar fuera del mercado, o sea que nadie debería intentar ganar dinero en las mismas. Si es así, que se plantee claramente y se diga cómo piensa hacerse. Pero sin recurrir a falsas imágenes como la de algo que se está “privatizando” cuando, tal como demuestran los datos de forma obstinada, es un sector eminentemente privado desde hace treinta años.

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