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Tecnología contra Covid-19 en residencias

lunes 15 de junio de 2020, 14:17h
Antonio Atarés
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Antonio Atarés

Últimamente muchas personas me están haciendo las siguientes preguntas:

¿Qué pueden aportar las distintas tecnologías a la “nueva normalidad”?, ¿cuáles son las más adecuadas para el caso de las residencias?, ¿cuáles no lo son?

El abanico de tecnologías que ha desarrollado el ser humano es enorme. Desde aquel primer filo en una piedra ha llovido mucho. Solo mencionaré algunas relacionadas con mi campo que es el de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

Básicamente lo que hacen las TIC es capturar, procesar, almacenar, transmitir, mostrar información. Información es casi todo. Este texto que estás leyendo es información, las imágenes que capturan tus ojos son información, lo que oyes o sientes a través de la piel, lo que transmiten tus neuronas, etc.

Cuando los sensores traducen magnitudes físicas a datos manipulables por un sistema informático (informática = procesamiento automático de la información), somos capaces de registrar eventos, analizar series, mostrar gráficas, extraer patrones, es decir aprender del entorno, conocer lo que antes era “invisible” o al menos bastante oscuro.

Los sensores son fundamentales en los procesos de digitalización. Son el origen de multitud de datos que se obtienen en tiempo real. Si existiera un sensor capaz de decirnos si estamos o no contagiados y todos lo lleváramos encima, y además todos fuéramos responsables para actuar en consecuencia, el impacto del virus en nuestras vidas sería mínimo.

No existe y parece que no existirá en el corto plazo, aunque hay perros capaces de funcionar como biosensores tras un buen entrenamiento. Tampoco parece que todos seamos suficientemente responsables, así que hemos de buscar otras tecnologías y procedimientos para protegernos y proteger a los más vulnerables, que en este caso son las personas mayores.

En un artículo anterior comenté que si una residencia hubiera invertido lo suficiente en TIC resistiría mejor una situación de crisis. Ahora trataré de concretar más para Covid-19 aunque adelanto que no hay soluciones mágicas y menos de un día para otro.

Para empezar conviene un control de accesos organizado que identifique a las personas y permita o no, en función de reglas fácilmente configurables, su paso a zonas determinadas. Se pueden evitar así contactos no controlados y maximizar las medidas higiénicas en los accesos al exterior. También establecer horarios e incluso itinerarios separados, pero eso depende mucho de la arquitectura de la residencia. Si las puertas de estos accesos están motorizadas y se pueden controlar con el móvil se evita el contacto con pomos. Se puede aplicar la misma idea a luces o persianas, es decir no es necesario tocar interruptores si están integradas en la domótica de la residencia. La domótica facilitaría el control de lámparas UV y generadores de ozono que se instalasen contra virus y bacterias.

Es fundamental registrar en un servidor local (el que contiene las mencionadas reglas) tanto los accesos como otra información que puede llegar de sensores de diverso tipo. El objetivo es generar alertas que optimicen el tiempo de los profesionales y les permitan dedicarse a lo más importante. Algunos ejemplos son la detección de ausencia de la cama, o el control de errantes, detección de incontinencia,…incluso monitorización médica. Se trata de asistir cuando se detecta la situación, no de estar pendiente de rondas o comprobaciones si no hace falta. Cada residente requiere una atención individualizada (centrada en la persona) y en permanente revisión. La tecnología actual permite esa individualización si se dedica el suficiente esfuerzo. Conviene saber que tecnología sin procedimientos asociados no sirve de mucho.

Las alertas se envían a móviles que están conectados y monitorizados por el servidor local y desde los cuales se pueden establecer comunicaciones entre profesionales o con las habitaciones, visualizar cámaras asociadas a sensores y enviar información relevante tras atender cada situación, además de usar la domótica o identificarse en los accesos. Se trata de que los profesionales tengan información y movilidad óptimas evitando desplazamientos innecesarios, y llevar todo lo necesario integrado en la misma herramienta, evitando una multitud de apps inconexas que acaben en algo inoperativo.

Este esquema de profesionales usando móviles, multitud de sensores y actuadores repartidos por el edificio y un servidor que los monitoriza permanentemente, precisa de una infraestructura de red local (cableada y wifi) que a día de hoy debería tener cualquier edificio. Esta red soportaría otros servicios necesarios para el trabajo de los distintos profesionales y también para las terapias y ocio de los residentes.

Obviamente la residencia debe disponer de internet mediante una buena conexión y así podrá recibir servicios de soporte remoto que reducen las visitas de técnicos, lo cual evita contactos y reduce costes. Hay quien pensará que desde internet, desde la nube, pueden darse los servicios de domótica o sensorización, etc. No estoy de acuerdo con esa aproximación porque delega en servidores remotos la seguridad de los residentes. Hay que apostar por la velocidad y por la fiabilidad local y no depender de conexiones que en caso de caer dejarían sin servicio a la residencia.

Todas estas tecnologías son el día a día de los profesionales de la informática. Lo ideal en mi opinión sería que en el equipo de profesionales de las residencias figurase un informático, o al menos alguien de perfil tecnológico, capaz de configurar, mantener y optimizar sistemas y programas. Creo que la residencia que siga este consejo afrontará mejor el futuro y los cambios que nos depara. ¿Apostamos?

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