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Una reflexión sobre las residencias en tiempo de pandemia

viernes 22 de mayo de 2020, 18:59h
Berta Brusilovsky Filer, arquitecta y urbanista, experta en accesibilidad universal y cognitiva.
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Berta Brusilovsky Filer, arquitecta y urbanista, experta en accesibilidad universal y cognitiva.

Me gustaría hacer una reflexión como arquitecta, desde una perspectiva profesional, sobre los problemas suscitados alrededor de las residencias durante la pandemia.

Ahora la consigna es “tenemos que cambiarlo todo”. Pero, ¿hay que cambiarlo todo?

Mi discreta opinión con respecto a esta manera de enfocar la situación es que no se pueden tomar decisiones a la ligera, en caliente y en un momento en que la crisis aun está vigente.

Creo, eso sí, que hay que buscar una línea de trabajo que desde el enfoque del respeto a los derechos y a la dignidad de las personas se mire con cierta distancia el “cómo se ha llevado a cabo el cuidado y la seguridad a partir del aislamiento de las personas”.

Las residencias, son lugares que en España han sustituido a la opción de continuar en la propia vivienda, los recursos humanos, muy importantes, se constituyen casi en una familia y las atenciones que se prestan (ya sean mínimas o medicalizada), no pueden dar los servicios que prestan los hospitales, con infraestructuras especiales, porque los edificios no están preparados: son equipamientos residenciales y sociales.

Es precisamente en estos momentos cuando habría que mirar el problema con cierta distancia y con perspectiva acerca de “que habría que haber hecho y que es lo que hay que hacer para el futuro”.

En primer lugar, se debería enfocar a partir de dos líneas de trabajo: la primera cuales son los recursos humanos necesarios para resolver problemas en situación de crisis, y la segunda, cuál debería ser el diseño más adecuado para poder llevar a cabo estas atenciones en caso de que, esperamos que no ocurra, volviera a surgir una situación similar a las de los meses de marzo, abril y mayo del 2020. De la misma manera que se hacen proyectos de seguridad en caso de incendio, habría que abrir una vía de estudios, técnica y tecnológica que mire los entornos, edificios, y sus instalaciones desde el punto de vista de la seguridad en caso de epidemia.

¿Cuáles serían entonces las directrices que se deberían seguir? De la misma manera que en caso de incendio hay zonas de aislamiento y espera, objetos de protección personal, elementos de lucha contra el fuego tanto locales: extintores y mangueras, como para las diferentes zonas del edificio, habrá que buscar un símil para encontrar una distribución zonal que sea capaz de aislar espacios, que disponga de accesos, salidas y circuitos independientes y evite, sobre todo, que tengan en común un pasillo que, si o si, debe ser atravesado por todos los usuarios y profesionales para llegar a las zonas comunes: ya sean apartamentos o habitaciones.

Lo que habría que cambiar ¿tal vez? es el estilo “hotelero” que se ha llevado a cabo en las residencias buscando otro tipo de conjuntos o edificios: que enfoque su situación motora, emocional y cognitiva, sobre todo esta última, poniendo especial cuidado en la seguridad espacial y protección sanitaria cuando hubiera necesidad de contener y aislar. O si se decide que se requiere atención hospitalaria, que la decisión llegue de manera inmediata y la espera -corta- se pudiera hacer en un espacio perfectamente adaptado para ello, y no sea en su habitación o apartamento, muchas veces compartido con otros compañeros y vecinos.

Teniendo en cuenta los derechos humanos se deberían establecer unas disposiciones mínimas que deben cumplir los edificios y servicios para los casos de protección a personas vulnerables con sus necesidades de cuidado ambiental, sanitario y arquitectónico, sea cual sea su estado y, sobre todo, si hubiera deterioro físico y cognitivo.

Berta Brusilovsky Filer, arquitecta

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