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Pensando en el nuevo modelo: ¿y si las residencias no han fallado?

miércoles 13 de mayo de 2020, 19:52h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

En una época en que los bulos y las fakes news abundan, me arriesgo a empezar este post con una historia que me contó hace tiempo mi padre, por desgracia ya fallecido, y que no he sido capaz de contrastar. Él relataba que durante la gran nevada de Barcelona de 1962 se habían hundido unos tinglados del puerto incapaces de soportar el peso de la nieve. Pasado el inusual fenómeno meteorológico se planteó la duda: ¿cómo construir los nuevos tinglados? Había claramente dos opciones: una era hacerlos “resistentes a las nevadas” con una estructura mucho más sólida, lo que se traduciría en un presupuesto bastante más elevado que, si no volvía a nevar tan intensamente, resultaría inútil; la otra era volverlos a construir pensando en lo que era el clima normal de Barcelona, o sea, optar por una construcción mucho más económica y arriesgarse a que, cada muchos años, se tuviesen que reconstruir. Según mi padre, se optó por la segunda, algo que acabó desvelándose como la opción acertada. He buscado en Internet sin éxito alguna información que confirmase que eso pasó de verdad. No he sido capaz de confirmar la veracidad de la historia, por lo que me acojo a eso de se non è vero è ben trovato.

Hacer una analogía entre esa historia y lo que estamos viviendo ahora es algo aventurado. No me consta que entonces muriese nadie a causa de la nieve, al contrario de lo que está sucediendo ahora, pero sí que se trató de un fenómeno atípico que paralizó toda la ciudad durante varios días y que obligó a plantearse si debían o no hacerse cambios con relación a algunos servicios públicos. En lo que a tinglados se refería, nadie dudó de que el motivo por el que se habían hundido era por el peso de la nieve y que las opciones existentes a partir de entonces eran claras. Seguro que tenían que ver con usar más o menos hierro y cemento, o sea, gastar más dinero.

Hoy estamos en una situación parecida pero diferente. Lo que ha sucedido era, para casi todos (menos para Bill Gates, aparentemente) imprevisible. Nos ha golpeado de una forma sorprendente (más mortífera en países ricos) y ha concentrado su virulencia letal en unos lugares que ya antes de la pandemia eran objetos de desconfianza por parte de parte de la sociedad: las residencias de mayores.

Necesitamos encontrar una causa que podamos entender y un culpable

En los últimos dos meses y medio ha muerto mucha gente y tenemos la necesidad de encontrar a algún culpable o algo que claramente haya funcionado mal. Si viviésemos en el siglo XIV seguro que alguien hubiese prendido fuego al barrio judío y otro hubiese atribuido la enfermedad a la ira de Dios causada por nuestros pecados reclamando el inmediato arrepentimiento y sacrificio. La ignorancia y el fanatismo han acompañado a casi todas las desgracias que ha vivido la humanidad.

Ahora somos mucho más cultos y disponemos de una ingente cantidad de información que nos permite hacer análisis complejos, y aún así estamos estableciendo conclusiones, señalando culpables y proponiendo medidas antes de haber estudiado en detalle toda la información de que disponemos.

En España parece que el 66% de las personas que han fallecido de coronavirus vivían en una residencia de mayores lo que ha hecho pensar automáticamente que algo ha fallado en las mismas. A partir de esa asunción desde diferentes lugares están surgiendo propuestas sobre cómo deben ser las residencias o la atención a mayores en general “en la nueva realidad”. Si analizamos las diferentes ideas que se plantean vemos que no hay casi nada original. Las propuestas son aquellas que ya se hacían antes de la pandemia, pero teóricamente fortalecidas por el “fracaso del sistema actual”.

Si somos sinceros debemos admitir que todavía no sabemos lo que ha sucedido, mucho menos, por qué y muchísimo menos, qué tendría que haber sido diferente para que la desgracia no nos hubiese atacado.

La pandemia está siendo terribles en países con modelos muy diferentes

Llevo unas semanas leyendo artículos y datos sobre cómo ha afectado la pandemia en países que tienen modelos totalmente diferentes entre sí. Con mayor o menor “medicalización”, más o menos orientados hacia la ACP o con mayor o menor peso de la empresa privada y cada vez me planteo una pregunta con más intensidad.

¿De verdad han fallado las residencias?

Lo último que he sabido es que en Canadá el 82% de los fallecimientos se han producido en residencias. La media en los países de nuestro entorno es del 50%

Si comparamos entre los tres países escandinavos que suelen ser vistos como modelo en la atención a personas mayores (Suecia, Noruega y Dinamarca) vemos que allí ha pasado algo extraño, ya que a pesar de tener sistemas parecidos, la proporción de muertos en residencias es muy dispar, 45%, 60% y 33% respectivamente. El análisis rápido se hace difícil. Si fuera cierto que la presencia de fondos de inversión y capital privado en residencias es un factor que incrementa la mortalidad en residencias, Suecia debería haber tenido más muertes que Noruega, pero no ha sido así.

Si el porcentaje es un indicador de bondad del sistema, tendríamos que encontrar qué tienen en común Alemania y Portugal, donde es similar. Pero, claro, si queremos ser estrictos tendríamos que preguntarnos ¿todos están midiendo igual?

Es una pena que en este estudio comparativo que está haciendo el London School of Economics y que difunde través de la página que ha creado para seguir el Covid19 en residencias no aparezcan datos de España y que la explicación sea, según el informe de 3 de mayo, que “ha habido un gran número de muertes en hogares de cuidado en Italia, España, el Reino Unido y los Estados Unidos, pero los datos oficiales de estos países son incompletos o difíciles de interpretar”. O sea, que el dato que daba antes del 66% no se puede tener en cuenta cuando se hacen comparativas internacionales.

Sin datos fiables, ¿cómo planteamos el futuro modelo?

Creo que estamos en una fase preliminar en la que habría que dedicar mucho más tiempo a averiguar que a proponer. Aún así, ante la insistencia por empezar a plantear soluciones cada colectivo profesional ha empezado por reiterar en los argumentos que planteaban antes de la pandemia. Quienes pensaban que las residencias debían tener más presencia de médicos geriatras, insisten ahora, dando a entender que esa ausencia tiene algo que ver con la gravedad del desastre. Quiénes defendían hace tiempo la Atención Centrada en la Persona hacen lo mismo insistiendo que las unidades de convivencia y un trabajo basado en el reconocimiento y respeto a las preferencias del mayor hubieran mejorado la situación. Incluso los que no ven a las empresas como elemento positivo en el sector claman que el que haya fondos de inversión detrás de algunos de los prestadores ha hecho más letal la pandemia.

Espero no enfadar a nadie, pero yo todavía no he visto los datos que justifiquen ésas o cualquieras otras afirmaciones. Cada uno, con la mejor intención y aplicando su intuición está arrimando el ascua a su sardina.

Después de haber visitado residencias en más de quince países y viendo los datos que tenemos, de momento creo que, si ha muerto mucha gente en casi todos esos países y casi siempre se han concentrado las muertes en las residencias, con independencia del sistema sanitario o social, quizás debiéramos concluir de momento que el modelo concreto de residencia no tiene tanto que ver con el resultado como estamos pensando.

Ahora, insisto, es momento de recabar toda la información que sea posible y poner a los mejores académicos, investigadores y profesionales a analizarla para ver si podemos encontrar la forma de hacer que la próxima pandemia sea menos devastadora.

Quizás descubran, como yo intuyo, que las residencias no hayan fallado. Quizás nos digan que, hagamos lo que hagamos las pandemias siempre causarán estragos. O quizás nos digan algo que hoy ni nos imaginamos.

Será más complicado que en la nevada de 1962 pero, dentro de poco tendremos que empezar a pensar cómo reconstruimos los tinglados.

Consulte aquí otras residencias en Alicante

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