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¿Estoy “vendiendo la moto” de la mercantilización?

lunes 02 de diciembre de 2019, 02:28h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

El viernes pasado participé en Zamora en el primer Congreso Internacional Silver Economy organizado por la Diputación provincial y algunas universidades. La verdad es que apostar por las oportunidades económicas que genera nuestra actual situación demográfica me pareció una idea muy interesante, así que cuando me invitaron a impartir una conferencia sobre “Modelos de atención innovadores”, me pareció una buena ocasión para repasar algunos de los sistemas y filosofías de cuidado que hemos visto en los treinta primeros viajes geroasistenciales de Inforesidencia

Hablé de cómo cada vez hay más personas mayores, más diversas y exigentes. Una tendencia que va a acelerarse en los próximos años. El hecho de que el porcentaje de personas de más de 65 años vaya a pasar del 19% actual a más del 35 supone que va a reducirse en proporción el de personas en “edad de trabajar” por lo que va a resultar cada vez más difícil encontrar personal y profesionales preparados y dispuestos a dedicar su vida laboral al cuidado de personas dependientes.

Puse el ejemplo de lo que cuesta hoy a la mayoría de las residencias encontrar una enfermera y planteé que es bastante posible que en el futuro algunas de las labores que hoy llevan a cabo estas profesionales las tengan que desarrollar otros perfiles profesionales con menos capacitación apoyándose en ayudas tecnológicas y supervisión. Como esto es algo que a menudo explico en clases y conferencias y sé que suele levantar pasiones, añadí que quizás no es el mejor futuro posible, pero algo habrá que hacer cuando hoy se jubilan cada año más enfermeras que las que salen de las facultades.

Este no era el centro de mi intervención y, ni siquiera ocupó un par de minutos dentro de un rato en el que hablé de cómo en diferentes países se ha llegado a la idea de Atención Centrada en la Persona partiendo de diferentes puntos. Me detuve en Estados Unidos con su idea de “cambio de cultura en la atención a mayores” y la lucha contra las tres plagas que afectan a quienes viven en las residencias (aburrimiento, soledad y sentimiento de inutilidad).

Cuando llegó el momento de las preguntas me sorprendió una que, planteada en forma que entendí como reproche, me dijo que yo había ido allí a vender “la moto de la mercantilización”. Su argumento era que la atención a personas dependientes requería de una profesionalidad y preparación que sólo podían ofrecerse desde perfiles profesionales como la enfermería. Lo que yo estaría planteando es una especie de devaluación del trabajo de los profesionales para ahorrar dinero; una “desdignificación” del trabajo de las enfermeras y una rebaja clara en la calidad de la atención que reciben los residentes.

Empecé mi respuesta diciendo que no había venido a vender ninguna moto a lo que me respondió que “esa era una forma de vender la moto”.

No tuvimos un verdadero debate ya que el tiempo se nos acababa y, aunque lo intenté, no conseguí dar con quien me había preguntado (había 600 inscritos).

Se me ha quedado en la cabeza lo de “vender la moto mercantilista”. ¿De verdad es eso lo que transmito cuando hablo de prepararnos para un futuro con menos profesionales y muchos mayores?

Sé que hay gente que sinceramente cree que el problema que tiene el sector de las residencias es que haya empresas que intentan ganar dinero cuidando a mayores. A eso le llaman “mercantilismo”, palabra que sirve para denostar cualquier cosa que se considere negativa. Yo no comparto esa perspectiva, tal como expliqué en un artículo anterior. Lo cierto es que el problema de la falta de profesionales lo viven y lo van a vivir más intensamente todas las residencias, públicas y privadas.

Sinceramente, creo que desde la profesión enfermera (colegios y sociedades científicas) deberían intentar liderar el debate. Plantear escenarios y posibles soluciones a un mundo en el que van a hacer falta más enfermeras de las que salen de las facultades. El papel de las nuevas enfermeras quizás acabe siendo más el de líderes del cuidado y la atención, perdiendo peso la aplicación de tratamientos y técnicas. Una enfermera del futuro quizás coordine a un equipo de personas, robots y aplicaciones dando servicio a un grupo mucho mayor de pacientes/residentes/usuarios del que hoy puede cubrir personalmente.

Otro futuro posible quizás sea la “importación” de profesionales. Algunos países lo han hecho y, por ejemplo, Finlandia se plantea formar a enfermeras en Filipinas combinando el aprendizaje técnico con el de la lengua. De momento no consideran si eso supone un poco equitativo “drenaje de talento” que lleva a los más preparados de un país pobre a uno rico. Sea como sea, se han dado cuenta de que no es un problema de pagar más o menos: “Es la demografía, estúpido”.

Si desde aquí no intentamos vislumbrar el futuro y plantear alguna medida bastante antes de que llegue el problema, vamos a generar mucha frustración y vamos a llegar tarde.

He podido asistir a pocas ponencias del congreso. Me tiraba demasiado poder sumergirme en una ciudad que no había visitado y que te absorbe con sus veintitrés iglesias románicas, su castillo medieval y algunos edificios renacentistas y modernistas. Recomiendo visitarla y aprovechar para andar o correr por un camino peatonal que bordea el Duero y en el que sientes como te envuelve la historia y la naturaleza. Si dejas volar tu imaginación no te costará escuchar las voces de los zamoranos abandonando la ciudad apresuradamente hacia Portugal tras el motín de la trucha en el siglo XII.

Espero volver algún día, intentaré encontrar para entonces una moto que todos quieran comprar.

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