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Residencias en Estados Unidos

jueves 03 de octubre de 2019, 02:18h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

La semana pasada la he pasado con un grupo de propietarios y gerentes de residencias visitando servicios dirigidos a mayores en la zona de Atlanta (Georgia). Ha sido el viaje geroasistencial número treinta y uno, el primero que hemos hecho fuera de Europa. Según me cuentan los asistentes ha valido la pena.

Lo primero que sorprende de las residencias mayores en Estados Unidos es la enorme complejidad burocrática que las rodea. Si aquí tenemos el sistema de dependencia con plazas públicas, concertadas, de Prestación Económica Vinculada y privadas, allí la inmensa mayoría de plazas son privadas, pero el origen del dinero que reciben y cómo se gestiona es variadísimo. Disponen de dos sistemas de financiación de servicios federales: uno, Medicaid, que apoya a personas mayores sin recursos; otro, Medicare, que ofrece atención médica a personas mayores, algunas en residencias.

Paralelamente existen sistemas estatales de reembolso y seguros privados de atención. Las residencias deben elegir si quieren acogerse a algún sistema de financiación pública sabiendo que cada uno tiene sus requisitos y sistemas de control diferentes. De hecho, visitamos varios centros que, sencillamente, querían ser “totalmente privados”.

Otra vertiente de complejidad viene de la tipología de centros. Mientras aquí tenemos residencias para personas dependientes, unas pocas “de válidos” y escasos apartamentos con servicios. Allí existen centros de “viviendas asequibles”, “unidades de vida independiente”, “vida asistida”, “atención especializada” y “unidades de memoria”. De nuevo, cada uno sometido a diferentes normativas, exigencias, inspecciones y sistemas de financiación.

Para hacer la cosa más interesante algunos de esto servicios se agrupan en “Comunidades de Vida”, verdaderos pueblos en los que se circula en coche y en los que ves “casitas”, bloques de apartamentos y residencias de diferente nivel de atención. La gente suele ir a vivir a esas comunidades relativamente jóvenes porque saben que, si consiguen entrar, podrán quedarse allí, pasando por diferentes servicios hasta el final y sabiendo ya lo que les costará. Pero entrar no resulta fácil: normalmente hay que pagar un depósito de entrada que, en los centros que visitamos oscilaba entre los 350.000 y los 600.000 dólares. Cuando la persona muera sus herederos reciben entre el 80 y el 90% del depósito por lo que los clientes financian gratuitamente a la residencia. A partir de ese momento, el usuario paga según los servicios que recibe oscilando entre los 3.500 y los 9.000 dólares al mes.

Nuestros colaboradores locales seleccionaron residencias de diferente antigüedad y nivel de servicio, lo que nos ha dado una visión bastante completa de los servicios que se ofrecen.

Algo que nos gustó mucho fue que en algunos centros diesen un gran protagonismo a los residentes, siendo éstos quienes nos acabaron enseñando las residencias. Visitar centros “en primera persona” nos dio una perspectiva muy positiva.

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