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¿Cómo han vivido los residentes la pandemia de Covid-19? Una apreciación científica

Por Josep de Martí
miércoles 28 de julio de 2021, 11:51h
Josep de Martí, director de Inforesidencias.com
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Josep de Martí, director de Inforesidencias.com (Foto: Dependencia.info)

Cuando os preguntamos cómo deben ser las residencias a partir de ahora, cuando la pandemia parece ya haber en remisión en residencias, debemos tener en cuenta cómo la han vivido los residentes. Para saberlo podemos ir preguntando a quienes conozcamos o basarnos en la evidencia. Yo creo que lo mejor es hacer un poco de lo primero y un mucho de lo segundo. Por eso hoy quiero comentar un estudio que he leído que trata precisamente de eso.

Los residentes de residencias de tercera edad son mayoritariamente personas de más de 80 años con afecciones físicas y cognitivas crónicas que requieren atención las 24 horas, o pacientes recientemente dados de alta de un hospital que necesitan dicha atención temporalmente.

Estas son las personas que de repente vieron en marzo de 2020 su vida cambiada radicalmente con la prohibición de salida del centro, visitas del exterior y en algunos casos confinación en sus habitaciones durante largos periodos de tiempo. También vieron cambiar su día a día al tratar a partir de entonces con personas totalmente tapadas con mascarillas y EPIs a las que difícilmente podían reconocer y que dejaron de tener cualquier tipo de contacto físico.

Según un estudio publicado en la revista Work, Ageing and Retirement, (Shenjiang Mo, Junqi Shi, The Psychological Consequences of the COVID-19 on Residents and Staff in Nursing Homes, Work, Aging and Retirement, Volume 6, Issue 4, October 2020, Pages 254–259, https://doi.org/10.1093/workar/waaa021), las consecuencias que ese cambio súbito produjo en los residentes fueron similares en diferentes países del mundo, al fin y al cabo las personas, somos eso, personas, con independencia de que hayamos nacido en un lugar o en otro, y fueron las siguientes:

Soledad

Para responder al COVID-19, las residencias en muchos países utilizaron diferentes niveles de distanciamiento o aislamiento social, definido como el estado objetivo de tener pocas relaciones o contacto sociales poco frecuente con otros. Se sabe que ésta es una medida importante para el control de infecciones y supone prohibir que las familias y amigos realicen visitas en persona. Además, los residentes debían permanecer en el interior tanto como fuera posible para disminuir el contacto con los demás. En consecuencia, se restringieron las actividades que se consideraron “no esenciales”, como las actividades de ocio y las comidas comunales, todo ello se consideró necesario para reducir el riesgo de contraer el virus.

Sin embargo, los investigadores notaron que estas prácticas también imponían un costo social y emocional significativo a los residentes particularmente para las personas con deterioro cognitivo y demencia. Debido a las políticas de “no visitas” y de distanciamiento social, los residentes no pudieron pasar tiempo con sus familiares y amigos en las mismas instalaciones, lo que los puso en alto riesgo de soledad. Este sentimiento condujo además, en muchas personas a consecuencias no deseadas, como hipertensión arterial, depresión, pensamientos suicidas y ansiedad), todas las cuales son perjudiciales para el funcionamiento de los sistemas nervioso e inmunológico. La conclusión a la que se ha llegado a posteriori es que prevenir la soledad es al menos tan importante como brindarles suficiente ayuda para la higiene personal.

Ansiedad emocional

Algunas investigaciones que citan Shenjiang Mo y Junqi Shi en su artículo reflejan un aumento importante ansiedad y depresión entre las personas mayores que vivían en residencias durante la pandemia de COVID-19. Esto se puede explicar por tres razones.

  • En primer lugar, los residentesespecialmente aquellas personas con antecedentes traumáticos, se benefician de sentirse seguros en su vida cotidiana. Sin embargo, el cambio abrupto en sus costumbres por las medidas para contrarrestar el COVID-19, como la política de distanciamiento social y las restricciones de actividad dieron al traste con esa seguridad. Por ejemplo, a los residentes generalmente no se les permitió tener contacto físico con sus familias, amigos y otros residentes en las mismas instalaciones, incluso durante una enfermedad, lo que puede resultar en un aumento de la ansiedad, el estrés y la depresión.
  • En segundo lugar, la mayoría de los residentes con capacidad cognitiva tenían acceso a la televisión, radio u otros medios siendo conscientes de su propia vulnerabilidad y de que las residencias de tercera edad eran lugares peligrosos durante la pandemia. Los mayores de 80 años son especialmente vulnerables a sufrir consecuencias graves si se contagian con COVID-19, especialmente cuando no hay suficientes medios para satisfacer la demanda de atención. Además, en un entorno de vida congregado como las residencias de ancianos, a pesar de las medidas que se tomaron, si la enfermedad llegaba a entrar, resultaba especialmente difícil contener el contagio.
  • En tercer lugar, los residentes también vivieron mayor ansiedad emocional debido a la reducción del contacto físico con cuidadoras y otros profeisonales que han estado lidiando con una mayor carga de trabajo durante la pandemia. Dado que la ansiedad emocional puede poner a los residentes en riesgo de exacerbar los problemas sociales y de salud existentes y causan daños severos a los sistemas inmunológico y endocrino, es fundamentel que el cuidado que reciben y proporcione apoyo psicológico y asistencia pero también interacción social segura.

Posibles intervenciones para abordar los desafíos anteriores

Las investigaciones recientes clasifican las intervenciones dirigidas a paliar la soledad y la ansiedad entre las personas mayores en seis categorías, que incluyen intervenciones de facilitación social, terapias psicológicas, provisión de atención social y de salud, intervenciones con animales, intervenciones de amistad e intervenciones en el ámbito del de ocio.

Entre ellas, la facilitación social, el desarrollo del ocio y las terapias psicológicas han demostrado ser las más efectivas.

En una situación de aislamiento forzado el aumento de la conectividad social representa una herramienta poderosa para los residentes en las residencias, para disminuir la soledad y la ansiedad emocional. En la mayor parte de residencias, la capacidad del equipo de profesionales para brindar suficiente atención psicológica se ve afectada por el aumento de la carga de trabajo y por la escasez de enfermeras cualificadas y psicólogos. Por lo tanto, es importante que las residencias de tercera edad encuentren formas creativas de ayudar a los residentes a aumentar la conectividad social con los demás. Las tecnologías de conexión en línea, como el chat de video con familiares o amigos, pueden mitigar significativamente los impactos negativos del distanciamiento social para los residentes en los hogares de ancianos

Además, también pueden proporcionar a las residentes actividades de ocio y desarrollo de habilidades que se pueden realizar en sus habitaciones o pasillos o en momentos escalonados, como los programas de jardinería interior. Estas actividades de ocio pueden ayudar a los residentes a pasar tiempo de manera constructiva, disminuyendo así la soledad y la ansiedad mientras mantienen el distanciamiento social. Además, los profesionales de la salud también pueden usar enfoques terapéuticos reconocidos, que generalmente son actividades grupales facilitadas, para reducir los sentimientos de soledad de los residentes. Sin embargo, durante el período pandémico, las intervenciones no grupales o solitarias, como la terapia de la risa, la terapia hortícola y la terapia de reminiscencia, pueden ser más efectivas para reducir los sentimientos de soledad de los residentes.

Recomiendo encarecidamente la lectura del artículo completo en el que me he basado para este texto ya que contiene mucha más profundidad y una serie de referencias de todos los estudios que dan base científica a las aseveraciones que hace: Shenjiang Mo, Junqi Shi, The Psychological Consequences of the COVID-19 on Residents and Staff in Nursing Homes, Work, Aging and Retirement, Volume 6, Issue 4, October 2020, Pages 254–259, https://doi.org/10.1093/workar/waaa021

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