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EL RINCÓN DEL DIRECTOR

Hágale la maleta que me la llevo

Hágale la maleta que me la llevo

Opina sobre este caso práctico en la gestión de residencias y envíanos lo que harías tú.

Como directora de la residencia Las Marismas sabes muy bien que las cuestiones emocionales y de relación humana tienen un peso extraordinario en el día a día de la comunidad. Ahora te encuentras en una de esas situaciones en las que la ley sirve de poco y hay que tirar de conocimiento y experiencia.

La Sra. Margarita Zúñiga tiene 85 años, ingresó en la residencia hace uno y presenta una peculiar situación. Según su informe médico, tiene un leve deterioro cognitivo, en realidad, olvida algunas palabras, se desorienta algo pero reconoce a sus familiares, sabe donde vive y lleva un día a día bastante normal. Unos meses antes del ingreso se rompió el fémur, la operaron pero algo fue mal y como consecuencia tiene una cojera y algo de dolor cuando camina. Tiene un andador y algunos días tiene que utilizar silla de ruedas. Llegó acompañada de su hija Petunia con quien tiene una buena relación. Firmó ella misma el contrato. Lo que motivó el ingreso fue que madre e hija pensaban que si Doña Margarita seguía viviendo sola casi no andaría, se quedaría todo el día sentada y acabaría postrada en una silla de ruedas. Pensaron que en la residencia podría hacer más ejercicio y encontraría más excusas para moverse.

Al poco de ingresar vino a verla su hija menor, Rosa, que después de estar con ella un rato nos vino a ver al despacho y nos dijo que no estaba en absoluto de acuerdo con que su madre viviese en la residencia. Cuando le dijimos que Doña Margarita había prestado su consentimiento y firmado el contrato, Rosa nos respondió que su madre no estaba en condiciones de firmar nada porque estaba “claramente demente” y que su hermana la había “metido en la residencia” sin decirle nada a ella.

A partir de allí vivimos en un triángulo en el que, cada vez que Rosa viene a ver a su madre, nos comenta que ésta quiere volver a su casa contratando a alguien que la cuide allí. Nos dice también que esta residencia no le gusta y que no está de acuerdo con cómo tratamos a su madre. Cuando viene Petunia, su madre le dice que está muy bien y que quiere quedarse. A pesar de los ejercicios, Doña Margarita tiene mucha dificultad para caminar, el dolor se ha atenuado pero continúa y cada vez necesita más ayuda para las actividades de la vida diaria. Los olvidos han ido a más pero continúa entendiendo lo que pasa a su alrededor.

La cosa se ha complicado recientemente. Por un lado Petunia está tramitando la ayuda de la dependencia, con lo que es muy posible que en unos meses pueda ocupar una de las plazas que tenemos en el centro a disposición de la administración. Por otro, Rosa ha contactado con un abogado para iniciar un proceso de incapacitación, nos ha pedido toda la documentación de su madre (que le hemos dado tras ser autorizados a ello por la propia residente) y nos ha dicho que cuando sea tutora se la llevará.

A todo eso, Doña Margarita empieza a estar muy angustiada con la situación. Sufre olvidos pero entiende perfectamente que la mala relación entre sus hijas le está afectando. Se fía de Petunia para que le lleve “sus cosas”, pero no quiere enfrentarse a Rosa porque teme que deje de venir a verla. Por eso, a cada una le dice lo que quiere oír. Llegamos a la conclusión de que así ha sido su relación durante muchos años, pero en los últimos tiempos la cosa está peor. Rosa está pasando por problemas económicos y le ha pedido ayuda, ella le dice que hable con su hermana y la cosa va empeorando.

Hoy la situación se ha precipitado:

Rosa se ha presentado en la residencia con una notaria y nos ha dicho que van a preguntarle a Doña Margarita si quiere irse con ella, la notaria levantará acta y, si quiere, se la llevará.

Rosa nos pide de forma expresa que no llamemos a su hermana.

¿Qué harías tú?

Autor del caso: Josep de Martí.

Profesor del:

  • Máster en Gerontología Social de la U.B.
  • Postgrado en Dirección y Gestión de Centros Residenciales y Otros Recursos Gerontológicos de la U.B.
  • Postgrado en Dirección y Gestión de Centros Gerontológicos U.A.B
  • Diploma de especialización universitaria en Gestión de centros y Servicios para personas mayores y atención a la Dependencia. Centro de Humanización de la Salud (Tres Cantos – Madrid)

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    Últimos comentarios de los lectores (4)

    353 | Ana Isabel MUÑOZ VELASCO - 30/12/2018 @ 15:49:18 (GMT)
    Ponerlas en manos, a las hermanas, de un buen especialista que las ayude a pensar en su madre y no en su egoismo. Claro no se si esto depende del centro o de Servicios sociales
    334 | AMOR ALVAREZ ROZA - 29/10/2018 @ 17:27:47 (GMT)
    Concertaría cita con la otra hija para informale y trataría de iniciar un proceso de mediación si la residencia tiene esa figura o con otra entidad mediadora externa a fin de planificar la mejor toma de decisiones para el bienestar de la residente y prevenir conflictos .
    330 | Miguel Duran - 21/10/2018 @ 12:09:43 (GMT)
    Indudablemente habria que llamar a la hermana, puesto que ha sido ella la que llevo a su madre. Para evitar esos casos nosotros hacemos en el contrato de ingreso que firme tambien el familiar que la lleva como responsable primero si en algun momento hay alguna necesidad o urgencia.
    327 | Xavier Pérez Llonch - 18/10/2018 @ 11:56:59 (GMT)
    Obviamente llamaría a la hermana y que se pongan de acuerdo.

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