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EL RINCON DEL DIRECTOR

Doña Teresa se quiere ir a su casa

lunes 27 de marzo de 2017, 21:29h
Opina sobre este caso práctico en la gestión de residencias de mayores y envíanos lo que harías tú en esta situación.

Estás tan tranquilo/a en tus funciones de director/a de la residencia las Marismas. Es un soleado día de otoño. La ocupación es buena, ya no hay problemas con la comida, incluso has sabido arreglar audazmente el problema de los tocamientos, y las pugnas entre los turnos de día y noche. Estás pensando que quizás ha llegado el momento de plantear al equipo la constitución de un Espacio de Reflexión Ética cuando, desde recepción te llaman y te dicen que doña Teresa Pueyo está gritando en recepción diciendo que se quiere ir a su casa, que le hagamos la cuenta y le llamemos a un taxi o llamará a la policía.

Doña Teresa tiene 83 años y antes del ingreso había vivido sola en su casa desde que enviudó a los 71 años, con visitas esporádicas de sus tres hijas. Durante un tiempo tuvo algún problema de memoria (se dejó el agua abierta un día causando humedades en el piso de abajo, otro día se equivocó de puerta e intentó entrar en casa de esos mismos vecinos con su llave, cuando abrieron les gritó que se fuesen de su casa y después se dio cuenta del error), pero a parte de esos episodios hacía vida normal aunque las quejas de los vecinos, que decían que a la señora se le había ido la cabeza, hicieron que sus hijas la convenciesen para ingresar en la residencia. Como ella no querían le dijeron que era sólo durante el verano mientras ellos estaban de vacaciones.

Doña Teresa ingresó el 1 de junio. Hasta finales de agosto todo iba bien. Ella se mostraba cordial y a todo el mundo decía que estaba de forma temporal hasta septiembre. El 10 de agosto se cayó y se hizo unas magulladuras, nada grave, se curó en pocos días sin tan siquiera tener que ir al hospital. Durante ese tiempo ha tenido algún olvido más pero nada serio.

Llegado el 1 de septiembre sus hijas le dijeron que así no podía volver a casa, que se podía caer, que no podían estar siempre por ella y que los vecinos se quejarían. Ella insistió aunque, después de un rato, aceptó resignada. Desde entonces se muestra muy diferente, tiene el ánimo muy bajo y llora por cualquier cosa. El médico dice que puede estar entrando en un proceso depresivo.

Desde recepción nos dicen que han intentado hablar con ella ofreciéndole llamar a sus hijas, pero ella ha dicho claramente que le hagan la cuenta y le llamen a un taxi y que de ninguna manera llamen a sus hijas.

¿Qué haces?

La respuesta debe tener dos partes. Una en relación a la situación y otra clara: ¿Llamas o no a las hijas?

Esperamos respuestas en el formulario de comentarios de más abajo.

Caso práctico de Josep de Martí.

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