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¿Okupas en las residencias del futuro?

Por Josep de Martí

(Recomiendo leer hasta el final, los pacientes verán un giro que creo que es interesante)

Viajamos en el tiempo a 2040. Han cambiado mucho las cosas en Residencia las Marismas, pero tu sigues siendo la directora.

La población ha envejecido mucho y, por la desidia o incompetencia de nuestros sucesivos gobernantes unida a la desconfianza que generaron en los inversores, no hay suficientes plazas para cubrir la necesidad existente, por lo que muchas personas dependientes son atendidas de forma precaria en domicilios convertidos en residencias clandestinas.

A esta situación se le une la herencia de una decisión tomada hace unos años y que todavía arrastran residencias como Las Marismas: en un momento en el que la carencia de pisos para jóvenes se planteó como un problema tan acuciante como el del envejecimiento y la falta de mano de obra, una ministra sacó una normativa que, de forma transitoria y para garantizar que nadie fuese obligado a dormir en una habitación doble con un desconocido, autorizaba que pudiese ingresar, junto a las personas mayores, un familiar joven que conviviría con su ser querido en la habitación, con el compromiso de colaborar con el cuidado personal y haciéndose cargo de la limpieza del espacio.

Como suele ocurrir con las ocurrencias ministeriales, el proyecto se puso en marcha con resultados diversos: según datos del Ministerio, fue un éxito (es cierto que algunos “acompañantes residentes” tuvieron un comportamiento ejemplar); según todos los demás estudios y análisis, resultó un pozo de picaresca y un fracaso flagrante. Como cabía esperar, algunos jóvenes se sumaron al programa, pero sólo iban a la residencia a la hora de cenar y para dormir llevando a veces a acompañantes. Muchos negligían la obligación de limpiar el dormitorio y de colaborar en el cuidado o lo hacían de una forma tan poco profesional que, en vez de quitar trabajo a las auxiliares lo generaban.

Así, en las residencias convivían residentes que necesitaban la plaza y la atención con algunos verdaderos parásitos, que entraban y salían a horas intempestivas, consumían recursos y ocupaban plazas necesarias.

La cosa dio un giro original y preocupante cuando tras morir algún residente su “acompañante” se negó a abandonar la habitación y la residencia alegando que ésta se había convertido en su domicilio. La primera residencia que decidió no dejar entrar a los jóvenes recibió una notificación advirtiendo que podían estar cometiendo un delito de coacciones y se vio obligada a albergar a esos okupas de última generación que no pagaban y que exigían como “derecho adquirido” el recibir como mínimo tres comidas al día.

Era ridículo, pero no más que otras situaciones relacionas con la ocupación a la que se habían acostumbrado entre el asomo y el asco los propietarios de viviendas.

A pesar de que otro ministro había tramitado la derogación de la figura del “residente acompañante” y había establecido un régimen transitorio que le obligaba a abandonar la residencia en el momento del fallecimiento del residente mayor, las situaciones de ocupación ya producidas quedaron en una especie de limbo en el que cada residencia tenía que demandar a sus okupas esperando de la bondad y agilidad del juez de turno un resultado favorable y un desahucio rápido.

Y aquí estás tu sentada en tu despacho del futuro con tecnologías y aparatos a tu disposición que hoy no somos ni capaces de imaginar aunque con un problema que te enlaza directamente con nuestra realidad de 2024.

Acabas de leer un mensaje que firma una “Plataforma a favor del derecho a la vivienda de tod@s” en el que te proponen que, a cambio de irse tus tres okupas sin necesidad de interponer una demanda y esperar el proceso, les pagues una cantidad de dinero considerable, aunque no tan alta como los perjuicios que supondrían esperar durante todo el proceso.

Y aquí estás tu. Ya lo has consultado con dos sistemas de inteligencia artificial que te sirven de consejeros, les has pedido que conecten con el sistema de inteligencia artificial de la Plataforma a ver si encuentran una solución más “intermedia”. Al final tus asesores virtuales te dicen que han llegado a un “Asno de Buridán”, o sea a una situación en la que las dos opciones de actuación tienen tantos puntos a favor y en contra que, la intervención humana es necesaria. Te recuerdan que si la empresa contrata el servicio “IA Premium mega plus” las posibilidades de que aparezcan Asnos de Buridán se reducen en un 82%. El problema es que ese servicio cuesta bastante más que lo que te piden los okupas por irse.

Lo has intentado consultar con el equipo intedisciplinar, pero todos han encogido los hombros y te han recomendado que lo consultes con la IA: “nosotros bastante tenemos lidiando con lo nuestro”.

Ante esa tesitura, mientras piensas que en 2024 las cosas eran mucho más fáciles, tienes que tomar una decisión. ¿Qué harías tú?

Nota de Josep de Martí, autor del caso

Hace unos días leí una noticia que se titulaba "Okupas en residencias de ancianos de París: vivían con sus familiares y cuando estos murieron se negaron a marcharse". El titular captó inmediatamente mi atención. Resulta que en Francia, una ley promulgada para proteger los derechos de las personas mayores, ha producido unos efectos no previstos. De alguna forma que la noticia no acaba de explicar cómo la Ley ha permitido que, en dos residencias de París, algunos familiares jóvenes hayan podido ingresar junto con los residentes, y una vez fallecidos éstos, se hayan negado a abandonar los centros.

En la primera, una mujer se instaló con su abuela sin firmar contrato alguno ni realizar pagos de ningún tipo y, tras el fallecimiento de ésta, se negó a marcharse. En el segundo caso, un hombre vivió tres años ilegalmente tras la muerte de su hermano alegando falta de medios para subsistir por su cuenta.

Las residencias se vieron obligadas a seguir un proceso judicial que ha acabado recientemente con la expulsión de los okupas, aunque, según parece, no se les ha obligado a pagar por la estancia.

No he podido resistirme a novelar un poco la situación y a convertirla en uno de los casos prácticos de Las Marismas.

Espero que os haya llevado a pensar.

Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.

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En la redacción del caso se ha usado como apoyo Chat-gpt

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