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¿De verdad estamos preparados?

miércoles 18 de noviembre de 2020, 19:39h
Andrés Rueda, presidente de ASCAD.
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Andrés Rueda, presidente de ASCAD.

Contrariamente a las voces, especialmente de las patronales, que en declaraciones públicas manifiestan desde hace unas semanas que las residencias estábamos preparadas para este segundo impacto del coronavirus, desde ASCAD y sintiéndolo mucho, no compartimos la misma opinión.

Es más, mantenemos y reafirmamos la posición contraria, que NO es así, que NO estamos preparados. Parece que hay evidente interés en trasladar a las residencias los problemas de gestión de la administración en relación a ellas y que los traspasos a Sanidad han sido milagrosos. Y no es así. Parece que se les ha comprado el discurso y pensamos que con ese traspaso ya está todo hecho, pero esas declaraciones de complacencia rozan la temeridad, el engaño o hasta incluso pueden ser interesadas.

Revisando criterios no encontramos ningún argumento para pensar que esa afirmación triunfalista esté basada en evidencias.

Tanto a nivel global como a nivel de residencias la constatación de los expertos es que desescalamos muy rápido la primera ola, tardamos en reaccionar ante esta segunda y que nos entretuvimos demasiado tiempo instalados en estándares muy altos del índice de rebrote entre una y otra.

A nivel general de país, o de nuestra CCAA, nos chirría este juego de feria en que se ha transformado la gestión política de la pandemia del Covid-19: ocurrencias de reducciones opuestas de relación social entre las personas sin aparentes criterios ni explicaciones, juegos de presiones o enfrentamientos políticos entre los partidos que ocupan las instituciones… que por lo contrario debieran ser más neutras y colaborativas. Excesiva demagogia. Y mientras tanto la ciudadanía poco a poco normalizamos estar desnortados, miles y miles de muertos, confusionismo, pobreza social y económica, preocupaciones laborales, mucho dolor y conflictos de vida muy serios en demasiados hogares.

Hubiera sido importante dentro de la estrategia del slogan de que “estamos preparados en las residencias” que se hubiera enmarcado en un contexto de país diferente, con unas administraciones alineadas, coherentes y que potenciaran, aconsejaran y adoptaran medidas sociales de salud pública encaminadas, también y muy especialmente, en las residencias orientadas acentuando la prevención. Otra cosa son las medidas sanitarias ya que, una vez enfermos, los manejos son de competencia exclusiva de Sanidad como siempre debieron ser.

Ni tampoco entendemos que tarden tanto y les cueste un mundo homogeneizar esas medidas con “taaaaantas” reuniones que hacen, porque nopueden haber criterios tan dispares y confusos ante “un mismo virus”, que afecta a “unos mismos seres humanos”, sean de Murcia, Madrid, Navarra o Cataluña y con unas “mismas vías de contagio”. Las personas nos movemos, interactuamos y tenemos hábitos bastante similares como para tener medidas tan contradictorias o afirmaciones diametralmente opuestas.

Recientemente conocimos un informe del Ministerio de Derechos Sociales que concluía que los fallecidos de residencias fueron 20.268 personas sobre el total MoMo que se estima en 43.697 muertes, o sea un rango entre el 47 y el 50%. Datos hasta el 23 de Junio, o sea, primera ola.

¿Qué ha pasado en esta segunda? Según los datos, las defunciones de residencias en Cataluña actualmente son un 47% sobre el total.

Podemos concluir pues, sin demasiado esfuerzo, que la proporción de víctimas de residencias sobre el total sigue fielmente en la horquilla que estimó el Ministerio y que recogía la primera parte de la pandemia.

¿Estamos pues mejor preparadas?

Cuando el virus entra, arrasa y pone en peligro vital a todos los que contagia haciendo inútiles los planes de contingencia previstos estuviesen más o menos implementados. Esa es la realidad y el que no lo asuma es que la desconoce o no quiere verla por otros intereses cruzados. Ese es el patrón de comportamiento del Covid en las residencias hasta hoy. Tampoco es necesario demasiado esfuerzo para algo que es evidente.

Cuantitativamente no nos vale ahora comparar los datos con la primera ola y decir que hay “menos muertos”o algún parámetro de conveniencia. Son circunstancias y contextos incomparables y es hacer trampas o retorcer los datos intentar hacerlo. La primera estábamos plácidamente dormidos y confiados, poco menos que nos decían que “los chinos comen muy raro y que China está muy lejos”. Que nuestro sistema de Estado de Bienestar, especialmente el de atención a la salud o de servicios sociales, así como nuestra economía asumiría la Covid-19 sin problemas, y que ésta era “como una gripe” pero un poco más fuerte. Tranquilamente podíamos ir a manifestaciones, al fútbol... o lo que hiciera falta.

Por intereses aún desconocidos a quienes engañaron entonces como “chinos” fue a nosotros.

Pero en esta ocasión el contexto era otro. Estábamos más advertidos y prevenidos como sociedad. La primera fue el impacto de un meteorito, ahora no, ahora es una historia previsible y anunciada. Del meteorito ya han pasado 8 meses y cientos, miles de científicos y profesionales de todo el mundo estudianeste virus. Dos circunstancias que hacen las olas absolutamente incomparables.

Las mascarillas, antes demonizadas, ya se han socializado, hay distancia social y campañas informativas en todos los medios, gastamos millones y millones de euros en medicaciones, EPI y sabemos, porque así fue, que la gente mayor es especialmente vulnerable,... pero sabiendo todo eso tenemos la misma proporción de morbilidad, ¿estamos pues las residencias específicamente mejor?... NO y rotundamente NO. estamos al rebufo de la situación general y en la misma línea del país.

El virus nos entra igual que antes, por los mismos vectores que antes, infecta masivamente como antes y tan rápido o más que antes. Y ya mata prácticamente en la misma proporción que antes.

Se ha agilizado y estructurado una actuación post infección covid en los centros porque el abandono de la atención sanitaria de los residentes fue de traca, pero ¿a eso se le llama estar más preparados? Estaríamos específicamente mejor si hubiéramos bajado las muertes y tenido una morbilidad sobre el global notablemente más baja, del 15% y no del 47% p.e.

Coincidimos pues que, si con más conocimientos específicos sobre lo sucedido y el dramón de las residencias,... seguimos con impactos de fallecimientos en proporciones equivalentes.

La conclusión debiera ser ¿porqué no hemos aprendido nada para auto protegernos más eficazmente?. Seguimos con las mismas tarifas públicas, los mismos ratios de personal, la misma tipología,... entregados a su labor, pero…

Si el virus sigue ahí y no tiene tratamiento específico o eficaz, que debemos hacer, especialmente desde la administración:

¿Intentar hacer prevención y filtrar para que disminuyan las posibilidades de que entre o que entre y enfrentarnos a él dentro de la residencia?

Parece que los datos son demoledores en que la segunda opción NO es la buena y que teníamos que haber mejorado en PREVENCIÓN específica. Hemos cometido otra vez los mismos errores, ahora nos ponemos EPI para protegernos mejor, pero… los residentes siguen contagiándose.

El mejor método barrera y nuestra mejor vacuna sigue pasando por la prevención, disminuir los vectores, mantenerlos alejados y que el virus no entre ni lo entremos las personas sean visitantes o trabajadores. Proteger a los mayores en este contexto pasaba por haber creado unaestrategia preventiva específica basada en los test para que a través de la implementación progresiva de los mismos se transformara cada residencia en una isla. Eso sí que es verdadera cooperación socio sanitaria y no solo un enfoque estrictamente clínico. Lo pedimos el 10 de Abril.

Deberíamos haber tenido equipos humanos que sustituyeran rápidamente a los trabajadores afectados (lo pedimos el 17 de marzo) y haber hecho planes sectoriales que contemplaran decididamente el personal de intervención de respuesta temprana y política de tests estratégicos a profesionales, residentes y familiares. Pero no lo hemos hecho. Las patronales que se han reunido tantas veces deberían haber insistido una y otra vez en eso. Pero ahora la administración se escuda en esas reuniones para justificarse en que se han hecho cosas contando con el sector (p.e. el desatino de desvincular SOLO las residencias y sus visitas con la situación epidemiológica de la zona). Ese es el mensaje que dan y les guste o no escucharlo a las patronales son aparentes cómplices.

Hemos optado por seguir con lo mismo, poca prevención específica, combatir el virus una vez dentro... y con ello la consecuencia frecuente de perder la partida en cada centro infectado. Entregar la gestión de residencias con infecciones masivas a empresas que, algunas de ellas, “casualmente” ¡¡también han padecido importantes infecciones en los centros que gestionan!!. Y nuevamente se están haciendo traslados masivos de residentes.

Este modus operandi, visto y descrito en el escándalo del caso Volhov en la primera ola con nombres propios debiera ser ahora escrupulosamente transparente, publicitado y cuidadoso.

Nos reiteramos y PEDIMOS que SOLO la vinculación de los centros con su entorno, unas actuaciones previamente definidas con anticipación y lideradas por criterios científicos -y no políticos-, junto al filtro epidemiológico de los test (antes las pcr y ahora los antígenos y/o pcr) se pueden conseguir un estándar más alto de eficacia y paz necesaria en el sector donde TODOS jugamos en el mismo equipo, aunque a veces no lo parece.

Nuestro compromiso es del 100% por eso pedimos se nos suministren los test rápidos de antígenos para aportar nuestro esfuerzo a la necesaria colaboración socio sanitaria.

Andrés Rueda, presidente de ASCAD

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