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Los trabajadores de residencias sufren riesgos psicosociales laborales que pueden afectar gravemente su bienestar y salud

jueves 05 de noviembre de 2020, 01:16h
Cuidador de persona mayor.
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Cuidador de persona mayor. (Foto: Pixabay)

El Equipo de Investigación Personalidad, Estrés y Salud, junto al profesor Luis Manuel Blanco Donoso, de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), advierten que en España los trabajadores de residencias de mayores están experimentando riesgos psicosociales laborales que podrían afectar gravemente su bienestar y salud.

En el estudio, llevado a cabo durante los pasados meses de abril y mayo, participaron un total de 228 trabajadores provenientes de residencias de 42 provincias españolas, entre los que se encuentran médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, auxiliares de geriatría, trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, directores y coordinadores.

Los resultados, publicados en la Journal of Applied Gerontology, reflejan que los trabajadores sociosanitarios de las residencias presentan sobrecarga y presión social derivada de su trabajo, así como un sufrimiento importante a causa del contacto con la muerte y el dolor al que han estado expuestos.

“Estos trabajadores están preocupados por la falta de personal y de material de protección para no contagiarse ni contagiar a otros —afirman los autores—. El personal médico y de enfermería es el más perjudicado, probablemente debido a su implicación directa en el cuidado de las personas que han contraído el virus, así como debido a las decisiones extremadamente difíciles que han tenido que tomar”.

Estrés traumático secundario

Entre estos profesionales se han encontrado también niveles altos de estrés traumático secundario, siendo todavía más altos entre aquellos trabajadores de residencias en las que se detectaron casos positivos de COVID-19.

El estrés traumático secundario se define como el conjunto de emociones y conductas que aparecen como resultado de ser testigos del trauma que ha vivido otra persona, o bien de ayudar o cuidar a una persona traumatizada. Los síntomas son parecidos a aquellos experimentados por las personas que viven el trauma en primera persona.

“También se apreció entre los participantes niveles moderadamente altos de miedo al contagio, miedo que parece incrementarse entre aquellos profesionales de mayor edad, debido muy probablemente a la percepción entre estos trabajadores de una mayor vulnerabilidad a las consecuencias del virus”, afirman los investigadores.

Apoyo de supervisores y compañeros

No obstante, el estudio también reflejó que, entre los trabajadores sometidos a una mayor carga de trabajo, aquellos que percibían mayor apoyo por parte de sus supervisores experimentaban menos estrés.

“Ante la presión social derivada de su trabajo, aquellos que percibían poco apoyo por parte de sus compañeros experimentaban también mayores niveles de estrés —apuntan los autores—. Es más, el apoyo que los trabajadores perciben de sus compañeros permitió amortiguar el impacto que estresores como el sufrimiento ocasionado por el contacto con la muerte y el dolor tenían sobre el miedo al contagio”.

Sobre la base de estos resultados, los investigadores llaman la atención sobre la urgente necesidad de implementar programas de prevención de riesgos psicosociales laborales en el sector de las residencias de mayores. “La experiencia del estrés traumático secundario es riesgo psicosocial laboral derivado del contacto con la tarea traumática. La intervención temprana podría ayudar a prevenir el desarrollo de un problema psicológico mayor en fases posteriores”, aseguran.

“Estos programas —añaden— podrían también ayudar a prevenir el agotamiento y desgaste que estos profesionales presentan, e incluso disminuir las altas tasas de abandono que se encuentran en este sector profesional.

Por último, el trabajo resalta la importancia de proporcionar a los profesionales recursos suficientes para protegerse del contagio y así reducir su ansiedad y preocupación por infectarse, infectar a sus seres queridos o a los residentes de los centros. “Además, la disponibilidad de estos recursos probablemente ayude a aumentar su sentido de control de la situación, contribuyendo así a reducir sus niveles de estrés y miedo”, concluyen los investigadores.

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