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Mal de muchos…

jueves 08 de abril de 2021, 01:16h
Josep de Martí, director de Inforesidencias.com
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Josep de Martí, director de Inforesidencias.com (Foto: Dependencia.info)

Acabo de leer una noticia que me está haciendo pensar:

“Human Rights Watch ha informado que la desatención y el aislamiento prolongado pueden haber causado un grave perjuicio a muchas personas que residen en residencias de mayores durante la pandemia por Covid-19.

Entrevistas realizadas por Human Rights Watch a más de 60 personas e informes de supervisores independientes pusieron en evidencia signos alarmantes tales como pérdida de peso extrema, deshidratación, escaras no tratadas, falta de higiene, deterioro físico y mental, y uso inapropiado de medicamentos psicotrópicos entre los residentes. La falta de personal, un problema que viene de antes se profundizó durante la pandemia, y la suspensión de las visitas de familiares, que en muchos casos asisten al personal en tareas básicas, posiblemente hayan contribuido a esa desatención y el deterioro. Las autoridades deben investigar la situación y cerciorarse de que se rindan cuentas por los abusos.

“Desde antes de la pandemia, el gobierno ya no garantizaba la adecuada presencia de personal ni la aplicación de las reglamentaciones vigentes”, ha dicho una investigadora sobre derechos de personas mayores en Human Rights Watch. “La gran cantidad de fallecimientos en las residencias de ancianos por causa de Covid-19 y el aumento de desatención durante la pandemia indican que el costo de dichas omisiones es sumamente alto”.

La pandemia puso de relieve muchas de las lagunas que existen en materia regulatoria sobre las residencias de ancianos, especialmente en lo relativo al personal. Ciertas investigaciones académicas señalan que las residencias se encuentran faltas de personal de manera crónica. Miembros del personal, administradores y expertos independientes han informado a Human Rights Watch que, durante la pandemia, esa falta de personal se profundizó considerablemente, lo que afectó la capacidad de algunas residencias para brindar atención de calidad.

Un auxiliar de enfermería que lleva años trabajando en varias residencias ha explicado a Human Rights Watch que durante la pandemia “estamos trabajando con unos 12 a 15 residentes durante la mañana, cuando se supone que tenemos que atender a 7 u 8.”

Hasta aquí quiero leer.

Supongo que alguien se preguntará qué hace “Human Rights Watch” investigando en Epaña. La respuesta es que nada. La noticia original se refiere a Estados Unidos, donde al igual que en España y otros países entre un tercio y la mitad de los fallecimientos se han producido en residencias.

En España, Estados Unidos y otros países se considera que la falta de personal suficiente en las residencias venía de antes (incluso en Holanda donde las ratios son el doble de altas que en España) y que el absentismo provocado por los contagios y las normas de cuarentena han sido uno de los principales causantes de la bajada en el nivel asistencial en muchas residencias durante los primeros meses de pandemia.

Que una parte del personal de las residencias dejó de trabajar a la vez que la necesidad de atención de los residentes y los requerimientos de información por parte de los familiares aumentaba es algo que ha pasado en todo el mundo.

Cuantos más datos se van conociendo, más claro queda que la pandemia ha concentrado su efecto letal en las personas mayores que vivían en residencias. Hay ciertas variaciones y es cierto que Bélgica y España destacan como los países donde mayor porcentaje de mayores murieron en las residencias. Aunque también lo es que en nuestro país la imposibilidad de trasladar a residentes enfermos a hospitales hizo aumentar el número de personas que morían en residencias.

Mal de muchos, consuelo de tontos.

No debe consolarnos en absoluto que lo que ha pasado en España haya pasado también en países con modelos residenciales más avanzados y sencillamente mejores (con ratios de profesionales que doblan las españolas y precios que triplican los nuestros), al contrario, debería animarnos a prepararnos para el próximo envite buscando buenas prácticas en todo el mundo que hayan mejorado la respuesta y devolviendo la confianza a las residencias (públicas y privadas) que han sido injustamente culpabilizadas por algo que no se pudo controlar a pesar de los esfuerzos utilizados.

O también podemos seguir castigando a las residencias diciendo que no tenían personal suficiente durante la primera oleada (sin decir nada sobre absentismo, cuarentenas y dificultades de contratación); que impidieron las visitas de los familiares y encerraron a los residentes en sus habitaciones (sin decir que esas eran las órdenes que recibían de las autoridades sanitarias); o que las residencias privadas atendieron peor porque querían mantener su lucro (sin decir que no murieron más personas en residencias privadas que en públicas).

Yo elijo la primera opción, no la del castigo.

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