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Llevarse a los residentes a sus casas

Dependiente en silla de ruedas.
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Dependiente en silla de ruedas. (Foto: Foto Designed by Freepik)

Durante la pandemia de coronavirus, el apartado “El Rincón del Director” donde planteo casos prácticos que suceden en la imaginaria Residencia Las Marismas, de la cual, por cierto, eres directora, ha cambiado un poco. Espero poder volver a imaginarme casos dentro de poco porque, de momento, con lo que me explican directores actuales, sin añadir casi nada, ya surgen situaciones interesantes para comentar.

Esta semana no eres tú el director de ninguna residencia. La historia me sucede a mí.

Bueno, más bien a un “yo imaginario” que vive en un universo paralelo en el que todo lo que sé de residencias es que hace un año mi madre se cayó en su casa rompiéndose la pierna y acabó viviendo en una.

Estuvo varias horas en el suelo hasta que consiguió llamarme, fue al hospital, la operaron y cuando tocaba volver a su casa vimos que no era posible. No podía caminar, necesitaba bastante apoyo y una incipiente demencia que, hasta entonces se limitaba a hacer que se olvidase de algunas palabras, se agudizó. La trajimos a vivir a mi casa, pero eso era sólo una solución provisional. La demencia avanzó y al cabo de un mes tuvo una nueva caída, una “re-rotura”, un nuevo ingreso, una nueva intervención, un nuevo declive cognitivo. Finalmente busqué por Internet y, a través de Inforesidencias.com, encontré una residencia que se ajustaba a nuestras necesidades y podíamos pagar.

La residencia me gustó, aunque hubiese preferido que su habitación hubiese sido más grande y sólo para ella. También me hubiese gustado que la residencia tuviese más personal. Eso se lo dije a la directora y me comentó que tenían una ratio de 0,54 o sea, un empleado en nómina a jornada completa por cada dos residentes. “Yo no los veo”, dije. “Piense que estamos abiertos 24 horas al día y que, además de lo que ve, hay personal de cocina, lavandería, limpieza, mantenimiento…”, me respondió. El precio de la plaza era de 1.900 euros al mes. Entre la pensión de mi madre y lo que sacamos del alquiler de su piso, pudimos pagarlo y así empezó su estancia en la residencia. A la vez, iniciamos los trámites de “la dependencia” sabiendo que tardaría más de un año en fructificar, si es que lo acababa haciendo.

Llevaba un par de meses en la residencia cuando llegó la pandemia.

Primero recibí un correo electrónico y una llamada en la que me decían que, por indicación de las autoridades estaba prohibido que las visitas entrasen en la residencia. A partir de ahí continué recibiendo mensajes cada dos o tres días. Intenté llamar, pero me costaba muchísimos intentos y cuando conseguía que me contestasen me decían que la directora o la médico estaban ocupados. Hablé con mi madre algunas veces, pero, dada su situación cognitiva, necesitaba que alguien le acercase el teléfono o sea que me tenía que adaptar a cuando ellos me llamasen, me fuese bien o mal.

En las noticias, en programas de televisión y radio no paraban de decir lo mal que estaban en las residencias. Que la gente moría y dejaban allí los cadáveres, que eran poco menos que un desastre. Yo sufría, intentaba llamar por teléfono al centro y poner mensajes pero, o no conseguía hablar o tardaban varios días en responderme. Seguía recibiendo mensajes diciendo que mi madre no se había contagiado y que estaba bien. Que ahora estaba confinada en su habitación durante unos días, pero no enferma. Un día escuché en la televisión a un político diciendo que los residentes que no estuviesen contagiados podían salir de las residencias e ir a vivir a sus casas con ciertas condiciones.

Viendo como iban las cosas y que mi madre parecía muy confusa tomé la decisión de que quería traérmela a casa, así que se lo comuniqué a la residencia. ¡Quería sacarla de ese infierno! Me dijeron que si lo decidía así me reservarían a plaza, pero no podría volverla a llevar hasta que acabase el confinamiento de la residencia. Valoré pros y contras, hablé con mi mujer y mi hijo y lo decidimos: la traemos a casa. Nos enviaron los documentos y fuimos a recogerla. No llegamos a entrar en la residencia pero lo que vimos desde fuera no nos pareció tan caótico como creía.

Han pasado tres semanas y no puedo más. Por esto decido escribir de nuevo a la directora de la residencia

Apreciada Margarita,

Como recordarás, hace unas semanas decidimos sacar a mi madre Pilar Z. para llevarla a nuestra casa. Ni entonces ni ahora ha mostrado síntoma alguno de covid19.

Al decidir que viniese pensábamos que esto tendría un efecto positivo sobre su estado, pero la verdad es que está siendo todo lo contrario. Parce que su demencia se ha acentuado desde que ha venido a casa, está completamente desorientada, por las noches se pone a caminar por el piso, a hablar, a gritar y está muy agresiva con nosotros. No para de decir que quiere volver a casa, no conseguimos que se tome toda la medicación ni ducharla bien y algunos vecinos se han quejado de los ruidos.

Llevamos varias noches sin dormir y, ni mi mujer ni yo podemos teletrabajar ya que continuamente la tenemos que atender. Lo mismo pasa con mi hijo, de 15 años, a quien le cuesta mucho seguir las clases on-line del instituto.

Hemos llamado a la médico de cabecera del centro de salud y nos ha dicho que cree que sería mejor que volviese a la residencia. Le hemos pedido que nos haga un informe y estamos esperando. Nos ha dicho lo mismo la trabajadora social del distrito, pero no nos puede hacer un informe escrito.

Somos conscientes de que firmamos el documento de alta donde dice que no puede volver a la residencia mientras dure la orden de confinamiento y alarma, pero, a día de hoy, nos vemos incapaces de cuidarla en nuestra casa, ella quiere volver a la Residencia y, literalmente, estamos “destrozados” tanto física como anímicamente.

Por todo ello, les rogaría encarecidamente que tuviesen en cuenta esta petición para que pueda reingresar cuanto antes en la residencia teniendo en cuenta, además, que no tiene ningún síntoma relacionado con el coronavirus.

Agradecería por favor acuse de recibo de este correo y que hiciesen todo lo humanamente posible que esté en sus manos para que se pudiese producir el reingreso cuanto antes.

Muchas gracias por anticipado y un cordial saludo.

Ya he enviado el mail y ahora espero respuesta.

* * * *

Lo anterior está basado en varias situaciones reales que me han llegado los últimos tiempos. No sé en cuántos casos la decisión de llevarse al mayor a casa ha estado influenciada por la imagen sesgada que han dado los medios, pero estoy convencido de que ha sucedido en más de una ocasión.

También estoy seguro de que ahora, con la mayor parte de residencias sin ningún contagio, debería empezar a permitirse el ingreso de mayores en residencias con algunas limitaciones.

¿Qué piensas tú?

Autor del caso: Josep de Martí Vallés

Jurista y Gerontólogo

Director de Inforesidencias.com y Dependencia.info

Profesor del Máster de Gerontología Social y del Postgrado en dirección de centros de la UB, la UAB y del centro de Humanización de la Salud.

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  • Llevarse a los residentes a sus casas

    Últimos comentarios de los lectores (3)

    876 | Eva - 18/05/2020 @ 17:29:05 (GMT)
    Lo primero felicitarte Josep por el artículo, es el primero que leo en el que se menciona un caso parecido al mío(y supongo que habrá bastantes). Mi madre se llama Encarna tiene alzheimer en fase 3 y una gran dependencia y la única forma de comunicarte con ella es hablándole muy alto al oído, con gestos, con abrazos y besos. Cuando el 1 de abril me dijeron que podía traerla a casa, llevábamos casi 1 mes sin vernos y al día siguiente pasé a por ella, pensando que estaría hasta el 11 de abril en que terminaba el estado de alarma. Después se han sucedido las prórrogas, los escritos dirigidos a Consellería de Igualdad que no han respondido, los dolores de espalda y mis tomas de medicación para poder atenderla, continuar con el teletrabajo, buscar alguna solución para cuando vuelva al trabajo presencial si mi madre sigue en casa (todo parece indicar que así será), y la sensación de no poder más sabiendo que a los que tienen que decidir les da exactamente lo mismo lo que pueda pasarnos a mi madre o a mí. Desde la residencia se nos ha ayudado en lo posible: me han facilitado la medicación, pañales...la trabajadora social nos llama para ver cómo vamos y el director le hizo llegar el escrito a Consellería y también han solicitado instrucciones precisas. Sería interesante estudiar los efectos negativos y, en algunos casos desastrosos que las medidas tomadas (y su mantenimiento a largo plazo) están provocando en los mayores residentes y en sus familiares y allegados
    853 | EPM - 06/05/2020 @ 11:59:33 (GMT)
    Ante nada dar las gracias a todos los trabajadores de todas las escalas por su trabajo y la dedicación a nuestros familiares dependientes. En todo caso los monitores deberían sacar en grupos pequeños al exterior y pasear con ellos al menos tres días a la semana 1 hora a las personas dependientes que estén en condiciones. Si no es posible con el personal existente, deberían contratar personal extra, o al menos darnos la oportunidad de costearlo si fuere necesario. Si aun así no pudieran hacerlo, creo que deberían dejar que los familiares pudiéramos recogerlos y reingresarlos tras una prueba negativa de covit. Lo que es absolutamente necesario y humano es que puedan ver el cielo y no sentirse encerrados teniendo el derecho de salir por falta de medios. La solución esta en los responsables de las medidas tomadas y como siempre relacionadas con la rentabilidad de la empresa. A los directivos centrales: hagan un esfuerzo, como lo hacen sus empleados y compórtense con la altura que requiere esta situación. Nuestros familiares ¡¡DEBEN SALIR!!
    837 | Dolors - 30/04/2020 @ 13:31:57 (GMT)
    La informacion sobre el regreso de los residentes a domicilios familiares, a mi parecer, ha sido escasa. Mayormente una persona ingresa en un centro porque su entorno familiar/social le impide desarrollarse y llevar una vida de persona adulta autonoma. Los residentes acostumbran a ingresar en estadios de salud muy deteriorada y cuando su entorno ya ha probado todo tipo de asistencias : atencion domiciliaria, familiar... Por el bien de estos residentes no deberia proponerse un retorno a situaciones anteriores que ya se vio que eran sostenibles y mucho menos en los momentos en que toda la poblacion debe permanecer confinada con el stres que representa. Pienso que tambien para "Margarita" ha de ser muy dificil decir a los familiares que para el usuario,principalmente en casos de demencias, es mucho mejor no hacer cambios y mantenerlo bien cuidado en su centro. La campaña de desprestigio del sector residencial al que ninguna administracion ha ayudado es INFAME. Todo mi apoyo a esos profesionales que ven impotentes como "sus" mayores perecen sin tener medios para evitarlo.

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