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Residencias, además de cuidar y evitar el contagio hay que crear una armadura de papel

Por Josep de Martí
miércoles 06 de mayo de 2020, 04:35h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

La pandemia del Coronavirus está sacando a la luz esa desconfianza atávica y sin fundamento de parte de la sociedad hacia las residencias de personas mayores privadas.

Da igual que las residencias estén viviendo en primera persona y sin los medios adecuados la acometida de la pandemia. Cuando hablamos de sanidad el primer sentimiento que tenemos es positivo, en cambio cuando se trata de residencias surge la sospecha.

La actuación de la Ministra de Defensa (¡VERGÜENZA!) y la forma de comunicar la información de una parte importante de los medios de comunicación son sólo dos ladrillos más en el muro de la incomprensión.

Llevo veinticinco años dando clase en cursos de dirección de residencias y hace unos cuantos utilizo la idea de la “armadura de papel” cuando me refiero a cómo se debe relacionar una residencia con la administración. El punto de partida es que las administraciones, y sobre todo las inspecciones, se relacionan con las residencias desde la confianza lo que hace que un buen director y un buen equipo deben dedicar la mayor parte de su tiempo a “hacer” bien las cosas reservando una parte a “poder demostrar” que las cosas se hacen bien.

Si en una residencia no se “deja rastro” de lo que se va haciendo, da igual que las cosas se hagan bien, se considerará que se han hecho mal. Un ejemplo típico es el de una residencia sancionada por falta e higiene debido a que el inspector descubre que no se han registrado las duchas de unos residentes durante una semana. No se sanciona por no registrar bien sino por no haber duchado. La directora de la residencia pide al inspector que se acerque a los residentes y los huela, si no se hubiesen duchado durante una semana, olerían. Inútil. La sanción sigue su camino.

Parecería que, en tiempos de coronavirus, cuando todo se está poniendo al límite, la actitud de las administraciones sería de apoyo a quienes están atendiendo a los más necesitados. Pero no está siendo así. La sensación que tienen los gerentes es que siendo sometidos a un control desconfiado lo que les obliga a seguir registrando de forma preventiva.

Hace poco hablé con una directora de residencia al que tuve como alumna hace unos años y me explicó la forma de actuar que ha adoptado durante estos tiempos tan peculiares. La forma que eligió la crisis de acercarse a su residencia no fue la del contagio del coronavirus sino la del aumento de bajas de personal. Fue teniendo a un 10% del personal de baja cuando se declaró el primer caso en un residente con fiebre que acabó muriendo en el hospital. La instrucción entonces era que todo el personal que hubiese tenido contacto con el enfermo se fuese a su casa 14 días lo que hizo que la residencia redujese su personal aún más. Sin material de protección y estando “en cuadro” fue cuando se empezaron a notar los estratos producidos, no por la enfermedad sino por la falta de personal.

Hablando con los delegados sindicales se eliminaron los turnos partidos y los refuerzos de forma que casi todas las trabajadoras pasaron a hacer 12 horas en días alternos. Las trabajadoras aceptaron además la “multifunción” de forma que en la práctica dejó de haber diferencias entre limpieza, atención y profesionales específicos. Todas y todos hacían lo que hacía falta.

Otro cambio importante fue el del horario de comidas, los turnos de duchas, cambios posturales de los residentes encamados. Atención a los residentes que iban mostrando posibles síntomas de la enfermedad.

Sobre el uso de las mascarillas y otros EPIs, la residencia empezó a utilizar los poco que tenía muchas más veces que aquellas para las que estabanpensados.

“¿Cuántas normas estamos incumpliendo?” se preguntó un día un día la directora, y empezó a escribir.

Sacando el tiempo de donde no lo hay, entre peticiones de material, comunicados a las familias, a Sanidad, a Servicios Sociales, al Ayuntamiento, a Fiscalía y a algún medio de comunicación, esta directora decidió añadir un tipo de comunicado más: la armadura de papel. La idea inicial era, si siempre han desconfiado de mí, aunque lo haga bien, ¿qué me hace pensar que cuando acabe el momento álgido de la pandemia no pongan en duda lo que he tenido que hacer y me sancionen o me sometan a escarnio?

Empezó por escribir a la inspección semanalmente mensajes tipo:

Sres.

Debido a la excepcional situación de fuerza mayor generada por pandemia de coronavirus, que ha llevado consigo una disminución en el número de personal i el confinamiento en sus habitaciones de buena parte de los residentes, la residencia se ha visto obligada a llevar a cabo los siguientes cambios en su organización y horarios:

  • En relación al horario….
  • En relación a las duchas…
  • En relación al uso de los EPIs….

De acuerdo con la legislación de servicios sociales vigente que otorga a la inspección una función asesora en relación con la prestación de servicios sociales, solicito me informen sobre si las medidas tomadas serían consideradas como ajustadas a la norma o qué medidas alternativas deberíamos tomar.

Continuo informando diariamente a las autoridades competentes en relación a la situación de los residentes y al material de protección de que precisa la residencia.

Hasta la recepción de respuesta continuaremos ofreciendo el servicio adaptándolo a las cambiantes situaciones e iremos informando al respecto.

Atentamente

¿Es una pérdida de tiempo escribir mensajes así? Hoy puede parecer que sí, pero en un tiempo en el que la fiscalía sigue planeando sobre las residencias me temo que quien no tenga una buena armadura de papel seguirá pasándolo mal incluso cuando la pandemia sea sólo un recuerdo.

O sea…. A dejar rastro.

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