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Héroes y heroínas olvidados

lunes 06 de abril de 2020, 03:17h
Aitor Pérez Artetxe
Aitor Pérez Artetxe

No son muchos, uno por centro, unos 5.000. Son los olvidados en los mensajes solidarios, no se les aplaude desde los balcones y muchas veces se les asigna el papel de los malos en esta película de terror que estamos viviendo. Nos estamos refiriendo a los directores y directoras de las residencias.

Estos días hemos tenido la oportunidad de hablar con algunos de ellos, en situaciones muy difíciles. Cansados, preocupados y desesperados por la falta de unos recursos que no llegan, en el centro de un “huracán” imprevisto y de consecuencias imprevisibles, y bajo una presión mediática injusta.

Los hay que están infectados por el virus y aislados en su casa, aislados de su familia, que no del trabajo, porque ahí siguen, al pie del cañón intentando apagar los mil fuegos que tienen en los centros y peleando hasta la extenuación para que la actividad del centro continúe, salvaguardando la salud de trabajadores y residentes.

También los hay que están teniendo que bregar con algunas familias y medios de comunicación, intentando dar explicaciones a gente que no quiere oírlas sino que sólo buscan culpables y morbo. A algunos os hemos visto en los medios de comunicación intentándolo, ¡vaya papelón!.

Los más afortunados nos cuentan qué no tienen el “bicho” dentro y que confían en poder contar con unos recursos que no terminan de llegar para poder afrontar en condiciones la pandemia.

Son profesionales que han demostrado sobradamente que no les asusta el trabajo. Sus jornadas laborales suelen ser largas, saben cuando entran pero no cuando van a salir. Tienen que lidiar con trabajadores, familias, proveedores, y cuando pertenecen a grupos gestores, a veces con el propio personal de sus servicios centrales, no siempre sensible y conocedora de su situación.

Cuando vamos a los centros los hemos visto haciendo de todo. Mantenimiento de urgencia porque la caldera no funciona. Cantando bingo porque ha fallado la animadora. Llevando en su coche particular a residentes al hospital. Y por supuesto todo el trabajo diario.

Son profesionales a los que se les exige una formación constante, que tienen que saber de atención geriátrica, de contabilidad, de los cambiantes marcos normativos, de legislación, de riesgos laborales… y además los de GEROKON les decimos que tienen que asumir un rol comercial.

Son trabajadores que representan a la empresa, independientemente de que sea una mercantil o una entidad sin ánimo de lucro, y no gozan del reconocimiento profesional, social y económico que tendrían en cualquier otro sector de actividad con ese volumen de responsabilidad, trabajadores, y usuarios.

Como alguno le dijo la semana pasada al representante de la fiscalía que le acusaba de obstrucción a la justicia; “mire si me lleva detenido me hace un favor, no sabe lo que me cuesta levantarme todos los días para venir a trabajar en estas condiciones”.

Vaya para todos vosotros y vosotras este modesto reconocimiento. ¡Ánimo y mucha suerte!

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