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JOSÉ LUIS MONSERRAT: "POSIBLEMENTE NO HAGA FALTA TENER UN ROBOT HUMANOIDE QUE LO PUEDA HACER TODO"

El déficit de trabajadores en residencias, el principal motor de la implantación de la robótica

Una residencia de personas mayores con tablets y algunos robots domésticos.
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Una residencia de personas mayores con tablets y algunos robots domésticos. (Foto: Gemini)
miércoles 03 de junio de 2026, 18:15h
Actualizado el: 06/04/2026 10:51h

El director de Residencial Palau, José Luis Monserrat, explica a Dependencia.info que un estudio realizado hace aproximadamente un año en este centro reveló que cerca del 50% de los residentes aceptaba e incluso disfrutaba interactuar con un robot. Los datos, que dibujan un panorama dividido, apuntan a que la tecnología empieza a abrirse camino en los centros geroasistenciales ante una escasez estructural de mano de obra que no tiene solución a corto plazo.

La incorporación de robots en las residencias de personas mayores ya no es una cuestión futurista, sino una posibilidad cada vez más presente en el sector. Sin embargo, lejos de los imaginarios de máquinas humanoides sustituyendo a los profesionales, los expertos coinciden en que el principal impulso para su desarrollo e implantación tiene más que ver con la creciente falta de trabajadores que con la voluntad de reemplazar la atención humana.

Así lo sostiene José Luis Monserrat, director de Residencial Palau y director de Investigación y Desarrollo del Instituto de Robótica para la Dependencia, quien considera que el futuro de la robótica en los centros estará condicionado por las dificultades para cubrir puestos de trabajo en un contexto marcado por el envejecimiento demográfico y la reducción de la población activa.

Una necesidad derivada de la falta de profesionales

Monserrat afirma que "el futuro de la robótica vendrá acondicionado por el problema de los trabajadores, la dificultad de encontrar trabajadores como mano de obra que pueden llegar a trabajar en una residencia". En su opinión, la disminución de los nacimientos hará que esta situación se intensifique en los próximos años, convirtiendo determinadas soluciones tecnológicas en una necesidad más que en una opción.

Su planteamiento coincide con las reflexiones que desde hace años viene realizando Josep de Martí, fundador de Inforesidencias.com. En artículos como 'El robot que me cambiará los pañales', sostiene que la robotización de determinados cuidados no responderá necesariamente a una preferencia de los usuarios, sino a la creciente dificultad para encontrar personas dispuestas a realizar tareas físicamente exigentes y emocionalmente complejas.

De Martí argumenta que la combinación de envejecimiento demográfico, escasez de relevo generacional y dificultades para atraer profesionales al sector acabará impulsando la incorporación de la robótica y la inteligencia artificial en aquellas actividades más rutinarias o exigentes desde el punto de vista físico.

El problema no es menor. Según un informe de la Federación Empresarial de la Dependencia (FED), el sector arrastra un déficit estructural de 160.000 profesionales y necesitará incorporar entre 261.000 y 639.000 trabajadores adicionales antes de 2030 para responder al aumento de la demanda asistencial. CEAPs, por su parte, también ha alertado al Gobierno del problema y ha propuesto algún plan nacional de empleo en cuidados ante la escasez de profesionales y el reto demográfico.

Robots para tareas concretas, no para sustituir personas

Frente a la imagen de grandes robots humanoides capaces de realizar cualquier actividad, Monserrat apuesta por un modelo mucho más pragmático. "Posiblemente no haga falta tener un robot humanoide que lo pueda hacer todo, sino robots tipo una Roomba, por ejemplo, que te puede hacer una tarea muy concreta", explica.

En su opinión, el futuro pasa por la convivencia de diferentes dispositivos especializados capaces de asumir funciones concretas: limpieza, apoyo en movilizaciones, acompañamiento conversacional o asistencia en determinadas rutinas diarias. "Estos robots, no para humanoides que hagan todas las tareas, sino pequeñas tareas, yo creo que van a empezar a convivir", señala.

El responsable de Residencial Palau recuerda que ya existen centros donde algunos robots participan en actividades de gimnasia o realizan labores de limpieza. Esto permite que los profesionales dediquen más tiempo a aquellas funciones que aportan un mayor valor a la atención directa.

"La limpieza no le aporta al usuario muchas veces ningún valor, por lo tanto es algo que podemos excluir y dedicar ese personal otra vez al cuidado de las personas u otras tareas que nos puedan ayudar", explica.

La aceptación de los residentes sigue dividida

La implantación de estas tecnologías también depende de la percepción de las propias personas mayores. Según un estudio realizado en el propio centro Residencial Palau hace aproximadamente un año, alrededor de la mitad de los residentes mostraba una actitud favorable hacia la interacción con robots. "El 50% de las personas, la mitad, aceptaban y les gustaba interactuar porque es como un juguete, digamos, en el que puedo interactuar, puedo hacer videoconferencias con las familias y les gusta", explica Monserrat.

Sin embargo, la otra mitad mantiene todavía ciertas reticencias. El director considera que esta situación evolucionará a medida que accedan a las residencias generaciones que ya han convivido durante décadas con la tecnología.

"La otra mitad aún son reticentes. Yo creo que con el tiempo esto va a ir cambiando, va a ir evolucionando, sobre todo porque son generaciones, las futuras generaciones, que ya han convivido con la tecnología y la innovación y yo creo que aceptarán mucho más".

Aun así, advierte de que la libertad de elección deberá seguir siendo un elemento central en el futuro de los cuidados. "Posiblemente no todo el mundo quiera un robot y entonces la libertad de la persona para poder elegir quién quiero que me cuide va a ser, al final, algo que en un futuro habrá que plantear".

La ética debe formar parte del diseño desde el principio

Monserrat también subraya que la incorporación de la robótica en los cuidados plantea importantes desafíos éticos. A su juicio, uno de los errores más frecuentes es diseñar soluciones tecnológicas sin contar con quienes van a utilizarlas posteriormente. "Hay un error de diseño inicial, porque no hemos hecho partícipes a estas personas para el diseño final".

Por ello, defiende que usuarios, profesionales y familiares participen desde las fases iniciales de desarrollo para garantizar que las herramientas respondan realmente a necesidades concretas: "Yo creo que hay que hacer partícipes a todos los actores desde un inicio, para que participen, para poder co-diseñar de forma conjunta".

Según explica, muchas soluciones tecnológicas fracasan precisamente porque se desarrollan sin tener en cuenta las necesidades reales de quienes deben utilizarlas en el día a día.

La interacción humana seguirá siendo imprescindible

Uno de los mensajes que Monserrat repite con mayor contundencia es que la robótica no debe interpretarse como una amenaza para la atención personalizada. "El ser humano es un ser social, por naturaleza", recuerda.

El director de Residencial Palau destaca que las investigaciones sobre longevidad muestran la importancia de mantener vínculos sociales, pertenecer a una comunidad y conservar relaciones significativas para preservar la calidad de vida.

Por ello, insiste en que los robots deben asumir únicamente aquellas tareas de menor valor relacional. "El robot no va a sustituir a nadie, sino que posiblemente lo que va a hacer son las tareas con menos valor para que podamos dedicarnos más tiempo a las de alto valor".

La misma idea aparece en diversos análisis sobre el futuro de los cuidados, donde la tecnología se plantea como una herramienta para liberar tiempo de los profesionales y reforzar la atención directa, no para eliminarla.

El reto de las personas con deterioro cognitivo

La implantación de robots en residencias también obliga a tener en cuenta las características clínicas de los usuarios. Monserrat recuerda que en los centros conviven personas con deterioro cognitivo, problemas de salud mental y otras patologías que pueden condicionar la percepción de estas tecnologías: "Si yo tengo un deterioro cognitivo puedo creer que el robot es mi familiar y eso hay que ir con cuidado".

Por este motivo, señala que una de las tendencias actuales consiste en evitar diseños excesivamente humanoides para que resulte evidente que se trata de una herramienta de apoyo y no de una persona. La finalidad, insiste, es que el robot sea percibido como un elemento que ayuda en determinadas tareas cotidianas sin sustituir la presencia de profesionales, familiares o cuidadores.

Porque, aunque la tecnología avance y su presencia en las residencias sea cada vez mayor, Monserrat se muestra convencido de que hay algo que seguirá siendo irremplazable: la interacción humana.

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