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El reto persistente en las residencias de mayores: encontrar y fidelizar enfermeras en un contexto cambiante

Por Josep de Martí
miércoles 13 de diciembre de 2023, 21:11h
El fundador de Inforesidencias.com, Josep de Martí.
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El fundador de Inforesidencias.com, Josep de Martí. (Foto: JC/Dependencia.info)

En el panorama actual de las residencias de personas mayores, un desafío constante y creciente se presenta con una insistencia preocupante: la dificultad para encontrar y retener enfermeras cualificadas. Este problema, que se ha ido intensificando durante los últimos años (hace seis años publiqué “Mi reino por una enfermera” describiendo una situación precursora de la actual), es el reflejo de una compleja red de factores que abarcan desde cuestiones económicas hasta desafíos demográficos y sociales.

Un elemento crucial en esta encrucijada es la notable diferencia salarial entre lo que pueden ofrecer las residencias para mayores y lo que obtienen las enfermeras en hospitales o en la atención primaria pública. Esta diferencia no es solo una cuestión de remuneración económica; simboliza también una valoración desigual de la profesión en diferentes contextos. ¿Cómo podemos esperar atraer a profesionales capacitados hacia las residencias cuando hay una brecha salarial tan evidente y desmotivadora?

Paralelamente, nos encontramos ante una realidad demográfica ineludible. Con una población que envejece a un ritmo acelerado y unas generaciones jóvenes menguantes, la proporción de enfermeras disponibles para atender a un número creciente de personas mayores está disminuyendo alarmantemente. Pensemos que cada año se jubilan unas 5.000 enfermeras y enfermeros en España y que, con una medida que permite la prejubilación de profesionales de la enfermería entre los 60 y 65 años sin perder pensión, se espera que unas 25.000 enfermeras salgan del mercado profesional antes de lo que se podía prever.

Junto a estas circunstancias hay dos más que tensionan la situación. Por un lado existe la reclamación de que se imponga la figura de la “schoolnurse”, lo que supondría que cada colegio tuviese a su enfermera en plantilla; y la tentación constante que suponen las ofertas para ir a trabajar a otros países con condiciones económicas mejores (Alemania ofrece 2.400€/mes a enfermeras recién graduadas españolas que quieren mudarse para trabajar).

Ante semejante situación, las soluciones propuestas hasta ahora han sido variadas pero insuficientes. Una de ellas, bastante controvertida, es delegar algunas funciones de las enfermeras a profesionales menos cualificados. Este enfoque, del que escribí hace un tiempo (“Técnico en enfermería geriátrica, la polémica está servida”), sin embargo, ha encontrado una fuerte resistencia desde el mismo mundo de la enfermería, que denuncia que podría comprometer la calidad de la atención y desvalorizar el rol profesional de la enfermería. ¿Es ético, plantean, sacrificar la calidad de la atención por una solución rápida a un problema estructural? A pesar de esa resistencia, es un camino que se está explorando, aunque de una forma cautelosa y lenta.

Otra propuesta ha sido facilitar la inmigración de enfermeras extranjeras, agilizando los procesos de convalidación de títulos y simplificando los trámites migratorios. Si bien esto puede parecer una solución viable a corto plazo, plantea preguntas éticas sobre el drenaje de talento en países con situaciones peores que la nuestra, además de no abordar el problema de raíz. ¿Estamos realmente resolviendo el problema o simplemente lo estamos desplazando geográficamente?

Una tercera opción considera la reducción de las funciones de las enfermeras en las residencias, sugiriendo que las enfermeras de atención primaria puedan asumir algunas de estas responsabilidades. Esta solución tiene un claro fundamento legal: los residentes tienen derecho, como cualquier otro ciudadano, a recibir la atención de la sanidad pública, incluida la atención de enfermería, por lo que obligar a las residencias a tener enfermeras supone una duplicidad o una anomalía. Sin embargo, este argumento no soluciona el problema. Los gestores de residencias no están pidiendo no tener enfermeras sino, poder contratarlas y retener su talento para ofrecer un servicio de calidad. Si se trasladasen todas la funciones de una enfermera a la atención primaria y ésta no pudiese responder, la situación sería aún peor que la actual. ¿No sería esto simplemente una forma de evadir una situación que requiere una solución más profunda y reflexiva?

Frente a este escenario, nos enfrentamos a una pregunta crucial y reiterada: ¿quién tomará decisiones claras y contundentes para abordar esta situación crítica? A pesar de años de discusión, las medidas efectivas parecen eludirnos. Se hace cada vez más necesario que los responsables políticos, las instituciones sanitarias y las asociaciones profesionales trabajen juntos en la búsqueda de soluciones innovadoras y sostenibles.

Deberíamos considerar aumentar la inversión en la formación de enfermeras, mejorar las condiciones laborales en las residencias y explorar cómo las tecnologías emergentes pueden optimizar los recursos humanos existentes. ¿Podría la tecnología, por ejemplo, ayudar a "multiplicar" la efectividad de las enfermeras existentes, permitiéndoles gestionar de manera más eficiente sus cargas de trabajo?

Examinar modelos de atención geriátrica en otros países podría proporcionarnos valiosas lecciones. ¿Qué estrategias han implementado países con desafíos similares y cómo han logrado equilibrar la demanda y oferta de enfermeras?

En última instancia, debemos reconocer y valorar la labor de las enfermeras, asegurando que su trabajo sea no solo adecuadamente remunerado, sino también respetado y apoyado. ¿Cómo podemos, como sociedad, revalorizar la profesión de enfermería, especialmente en el ámbito de la atención a personas mayores, y garantizar que estas profesionales se sientan valoradas y motivadas?

La calidad de vida de nuestra población mayor depende de nuestra capacidad para abordar estos desafíos. La inacción no es una opción; es hora de actuar con determinación y visión de futuro. De hecho, lleva siendo hora de hacerlo desde hace unos cuantos años, pero todavía no hemos encontrado a quien quiera arremangarse y tomar medidas. ¿Alguien va a hacer algo?

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