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El nuevo modelo de residencias se llama… esclavitud

Por Josep de Martí
lunes 14 de diciembre de 2020, 16:01h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

Cuando la pandemia todavía no ha acabado, mientras esperamos que empiecen a hacer efecto las vacunas y a saber el precio que tendremos que pagar por la relajación durante las fiestas de Navidad, nuestros gobernantes siguen pensando en cuál debe ser el nuevo modelo de residencia, ese que, de haber existido, hubiera evitado la entrada y expansión del virus con su peaje mortal.

Da igual que la evidencia nos diga que ningún modelo de residencia en el mundo ha sido capaz de contener la enfermedad, o sea, que allí donde la Covid19 ha matado mucho, la muerte se ha concentrado en residencias. También da igual que todavía no conozcamos a fondo muchos aspectos de la enfermedad, lo que podría hacer inútiles algunos cambios que se propongan. Lo importante es decir que vamos a cambiar el modelo, que muchas más personas serán atendidas en su domicilio y que el modelo va a ser nórdico.

Casi nadie habla de que el sector de las residencias está vivo y en permanente evolución. Que la mayoría de las residencias que existen hoy son infinitamente mejores que las que existían hace veinticinco años y que, con o sin pandemia, hace tiempo que caminan hacia la Atención Centrada en la Persona, cuidado sin contenciones y una mejora de las condiciones laborales. Como siempre, botella “medio llena o medio vacía”. Se puede decir que el paso es lento, acepto que las residencias españolas palidecen ante las noruegas o que resulta difícil encontrar y mantener al mejor talento para trabajar de gerocultora si sólo se le pueden ofrecer mil euros al mes; y aun así sé que las residencias y los servicios que ofrecen no han dejado de mejorar en los últimos años.

Creo que al plantearse el cambio de modelo los poderes públicos deberían apoyar al sector y a los profesionales más que imponer y podrían hacerlo considerándolo como algo en lo que "se invierte" más que en lo que se “gasta”. Para mí las claves serían:

  • Aumentar la partida presupuestaria incrementando los precios de los conciertos y el nivel de cobertura lo que a su vez se convertiría en una mejora de las condiciones laborales y un aumento de las ratios de profesionales.
  • Facilitar mediante apoyo fiscal y créditos el cambio de modelo hacia la Atención Centrada en la Persona con la creación de unidades de convivencia en residencias nuevas y la adaptación en las existentes cuando sea factible.
  • Crear un verdadero ámbito sociosanitario de forma que la atención sanitaria que se presta en las residencias fuese asumida directamente por parte de la sanidad pública y se compensase económicamente a éstas por la contratación de personal sanitario que de otra forma debería serlo por el sistema público de salud.

Estas tres medidas supondrían en pocos años un cambio importante que afectaría al sector que financia sus plazas con fondos públicos. De cara al sector de residencias privadas que pagan los usuarios de su propio bolsillo, yo añadiría la introducción de deducciones fiscales a la cantidad pagada para la atención residencial y para la venta o contratación de herramientas de financiación que permitiesen utilizar los inmuebles para pagar la residencia (me refiero a instrumentos tipo Pensium, hipoteca inversa o parecidos).

Sé que estoy hablando de mucho dinero. En Suecia o Noruega la atención de una persona en una residencia asistida puede costar al gobierno fácilmente 200€ ¡al día!, superando en ocasiones los 250. En España las comunidades pagan las plazas concertadas con sumas que oscilan entre los 50 y los 80€ (estos últimos en poquísimos casos).

Si trasladamos a España un modelo con unidades de convivencia de unas 16 plazas (en Suecia las unidades son mucho más pequeñas, entre 8 y 12), con una gran mayoría de habitaciones individuales con baño (eso supone que la residencia ofrece unos 50 metros cuadrados por persona) con una ratio de personal de 2 auxiliares presentes por módulo en turnos de día y 1 en turno de noche con auxiliares de apoyo a primera y última hora, más equipo interdisciplinar (enfermería, medicina, fisioterapia, terapia ocupacional, educación social, psicología y trabajo social) repartido entre varios módulos, y personal de atención indirecta (limpieza general, cocina, lavandería, mantenimiento y administración), nos iríamos a una ratio cercana o ligeramente superior a 1 (o sea, un empleado a jornada completa por cada residente). Eso es el “modelo nórdico”, ajustado un poco a España. ¿Alguien me dice que se puede hacer por 60€ al día?

Pues sí, y por mucho menos, al parecer, si hacemos caso del “nuevo modelo” que está naciendo, coincidiendo con la pandemia. Algunos lo llaman “El servicio de interna”, y si hacemos caso a lo que leemos en una web que lleva por subtítulo “Investigación dirigida a la verdad” es la verdadera panacea. Supongo que al gobierno le gustará porque supone atender en el domicilio en una especie de “traer la residencia a casa”. Vamos, que suena muy “nórdico”. Estas son sólo algunas de las ventajas que destaca el artículo:

“El personal interno nos va a cubrir tanto la parte asistencial como las tareas domésticas y los acompañamientos.”

“Este servicio va a cubrir todas las necesidades asistenciales y de cuidados de la persona asistida las 24 horas del día. Esto no quiere decir que se vaya a estar todo el día trabajando, sino que el tiempo de presencia será completo”.

“La atención en servicios a domicilio será de una ratio de 1 personal para 1 usuario/a, mientras que en las residencias suele ser de 1 profesional para 15 residentes. Por lo que toda la atención del personal interno se centrará exclusivamente en su familiar”.

“El coste del servicio de interna es más económico que el residencial, cubriéndole las mismas tareas y, como hemos visto, con una atención mucho más personalizada”.

Lo he entrecomillado porque es textual. Si nos lo creemos, todo lo que ofrece una residencia en forma de equipo interdisciplinar, instalaciones adaptadas o programas de apoyo son fruslerías totalmente superfluas, nada que no pueda sustituir una persona que “esté allí” 24 horas al día todos los días. Para, siguiendo el lema de la web citada, acercarme un poco más a la verdad he buscado una página para saber qué cuesta ese servicio tan completo… Y la he encontrado en un artículo titulado Muchas cuidadoras de ancianos son forzadas a trabajar siete días a la semana sin descanso.

Resulta que podemos tener ese fabuloso servicio “en negro” por entre 400 y 600 Euros al mes. O sea, que a las virtudes antes descritas se añade la de no tener que pagar Seguridad Social a quien trabaje cuidándonos. (¿Dónde habré oído eso antes?).

Se trata de mujeres desesperadas que aceptarán cualquier condición ya que la pandemia y confinamiento han hecho que muchas “asistentes del hogar” que viven en una situación administrativa sin regularizar hayan perdido el trabajo y no puedan acceder a ningún tipo de subsidio, por lo que están dispuestas a aceptar cualquier cosa. O sea, que, si crees que tener a alguien en casa es igual que estar en una residencia y dejas de lado las objeciones legales y éticas, efectivamente es un servicio perfecto. Pero… ¿estamos dispuestos a dejar esas objeciones a parte? ¿Estamos dispuestos a que la neoesclavitud sea el modelo sustitutorio de las residencias? Yo no.

Creo que esto debe servir de toque de atención a quienes critican severamente el modelo que tenemos ahora, y que sin duda debe mejorar. Mi consejo, “no lo rompas, mejóralo” y recuerda que para hacerlo vamos a tener que ser conscientes de que lo que acabemos teniendo será mejor pero también costará más dinero.

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