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Una persona mayor en una residencia.
Una persona mayor en una residencia. (Foto: TVE)

“Estas Navidades cuidaré a mi cuidador”

Por Dependencia.info
viernes 04 de diciembre de 2020, 16:48h

Me llamo Mercedes, tengo 97 años y desde hace tres vivo en una residencia geriátrica por propia decisión. No padezco más trastornos que los años y las patologías propias de mi senectud. Para más datos mi MMSE es de 26 y mi Barthel 86 (información que me facilita la enfermera), deambulo con muleta y preciso ayuda para ducharme.

Antes de ingresar en la residencia vivía sola, pese a tener dos hijos, ocho nietos y 4 biznietos, pasaba semanas sin verlos, lo cual entendía perfectamente. Su compromiso en casos de necesidad era total, jamás me fallaron. Tenía una empleada del hogar unas horas cada día, pero mi situación de soledad y una caída en mi domicilio sin estar en ese momento acompañada, condicionaron mi temor a seguir de igual manera mi vida. Por ello opté por trasladarme a una residencia de mi entorno.

Desde mi ingreso, mi calidad de vida mejoró ostensiblemente, me cuidaban y, sobretodo, me despreocupé totalmente de cuestiones domésticas que en casa se me hacían montañas (la compra, la organización de la casa, temas domésticos complejos, y un eterno etc…). Además, en la residencia estoy acompañada 24 horas, tengo amigas y hago actividades, estoy confortablemente instalada y mi vida se ha simplificado dejándome de preocupar temas que antes eran para mi irresolubles (un simple escape de agua ya me provocaba una enfermedad).

Es cierto que he perdido intimidad y algo de libertad, esto es una comunidad y hay unas normas y algunas son complejas, pero deben respetarse (horarios, tipos de comida, libertad de medicación, etc.) pero mi sensación es muy buena en cuanto al día a día y las atenciones que me profesan.

Mi quehacer cotidiano es conocido por las auxiliares, las “alma mater” del centro, ellas me conocen más que nadie desde hace ya años, saben de mis necesidades y mis temores, saben qué pienso y cómo actuó y en ellas encuentro el soporte físico y emocional que me reconforta y pese a pensar que ya he vivido suficiente, ellas siempre saben cómo “pincharme” para hacer que valga la pena el nuevo día.

Tengo amigas, pocas, pero importantes, con ellas comentamos nuestros temores, inquietudes y quejas, que haberlas haylas, faltaría más.

Estas Navidades serán diferentes, todos sabemos lo que pasa y el miedo lo llevamos en el cuerpo, en mi centro el virus no ha entrado y por ello según parece aún hay que preocuparse más y vigilar al máximo las medidas de seguridad.

Vemos a nuestros cuidadores trabajar con mascarilla, gorros e indumentaria difícil de llevar y aun así, y durante 12 horas, nos atienden sin pestañear, nos explican que cada 15 días se hacen pruebas como las que nos hicieron al principio a nosotros, esa del palo en la nariz, que es molesta y desagradable. Mérito tienen en cada 15 días someterse a esa técnica. Sabemos que lo hacen por nosotros y por ellos para demostrar que se cuidan para así continuar cuidándonos, y yo, personalmente, se lo agradezco mucho. Tener cercana la muerte me da miedo y en las circunstancias actuales aún más.

Pero esta Navidad, aunque podría salir a casa de mis hijos, he decidido que no lo haré. Seré consecuente con lo que cada día vivo y me quedaré en el centro (hay fiesta y comidas de celebración), estaré con quienes más me conocen y cada día me atienden demostrando mi compromiso con su salud, la de sus seres queridos y la de mis compañeras y compañeros de residencia. No me pondré en peligro, demostraré junto a otros muchos residentes querer más a la colectividad que a mí misma y obviar el egoísmo de salir a casa de una familia que puede demostrarme en un futuro y cualquier día, su amor de mil maneras diferentes, a ponerme en riesgo, involuntariamente, pero con grandes posibilidades de que ello ocurra, tal vez no quiero que mi vida se alargue en exceso, pero no por ello quiero suicidarme ni forzar mi final.

Por el mismo motivo, en estas líneas exijo a la dirección de mi centro que no ponga en riesgo ni mi salud al no salir ni la de quienes me cuidan, dignos de todo mi respeto. Ellos me explican que sus Navidades serán también muy diferentes a las de otros años, que van con mucho cuidado en su vida social y familiar y cómo por el hecho de trabajar en una residencia algún vecino o incluso algún familiar no quiere verlos ni saber de ellos. Pese a esa discriminación, tienen las agallas de reírse de las misma y demuestran su fuerza moral al venir a cuidarme a mí y mis compañeros.

No entiendo que familias que vienen poco o nada, se rasguen las vestiduras en estas fiestas de forma egoísta y compitiendo por ver quién nos muestra antes al vecindario y sus parientes creyendo ser así buenos hijos, no sé porque nuestros políticos tienen la indecencia de publicar normas las cuales en vez de alertarnos del riesgo lo que hacen es animarnos a salir estos días y no uno sino todos (soy subscriptora de toda la vida de La Vanguardia), pero claro si ya en su día nos dejaron de lado, ¿qué se puede esperar ahora? Recomendaciones basadas en el quedar bien con todos pero no ser valientes ni sinceros en su planteamiento y luego las culpas serán de nosotros mismos eso seguro.

Para acabar, que ya me canso de escribir, estas Navidades cuidaré de mis cuidadores, seré solidaria y consecuente con mi convicción de prevención de contagio a mis compañeros de residencia y mantendré ante mis hijos y resto de familia la decisión de no salir del centro. Ellos lo entienden sin duda y, si no, será su problema, que otros días habrá, eso seguro, y que una vez más yo mando sobre mi vida, lo contrario que veo y aprecio en quienes sin ser consultados podrán ser contagiados en circunstancias que rallan ser delictivas para quienes obramos con la mente y no con el corazón.

Sra. directora, felices fiestas de Mercedes y otros muchos usuarios, que Dios la ayude en las decisiones que deba adoptar y que sea conocedora de mi profundo agradecimiento por su tarea y mi total reconocimiento y admiración por mantener al virus alejado de nosotros durante casi 10 meses. Siga así y ayúdenos a que si morimos sea por cualquier otra causa natural.

Un saludo desde mi habitación.

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