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#yomequedoencasa ¿Podemos aprender algo?

martes 24 de marzo de 2020, 02:31h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

Cuando decimos que “lo del coronavirus no había pasado nunca” nos olvidamos de que el SIDA ha matado ya a más de treinta millones de personas y que cada año mueren sólo de malaria casi medio millón. Es cierto que son enfermedades que no afectan al conjunto de la sociedad de casi todos los países. Sencillamente, nos están haciendo sentir, en lugares donde nos considerábamos prósperos y seguros, la realidad en la que viven miles de millones de habitantes de la tierra.


La última vez que España se enfrentó a una situación similar a la que está suponiendo la pandemia del coronavirus Covid-19 fue hace cien años, cuando una virulenta gripe, a la que se conoció injustamente como “Gripe Española”, mató a cincuenta millones de personas en todo el mundo, aunque esa cifra se discute y podría haber sido muy superior. Sólo en España se calcula que murió a causa de la enfermedad un 1% de la población de entonces, unas 200.000.

Una de las diferencias más grandes entre la gripe de 1918 y la epidemia actual es que aquella mataba principalmente a jóvenes, personas de entre 20 y 40 años y era mejor afrontada por parte de los más mayores. Muchos años después, se supo que eso se debía a que las víctimas jóvenes de la gripe habían especializado su sistema inmunológico para afrontar otro tipo de enfermedad que había asolado el mundo unos años antes, dejándoles especialmente indefensos ante la pandemia.

A diferencia de hace cien años, cuando se tardaron meses en determinar que había una pandemia y años en entender su mecanismo, en esta ocasión sólo han hecho falta unas semanas (desde que China se decidió a hacer público el brote) para que los científicos identifiquen exactamente el tipo de virus causante, secuencien su ARN, preparen análisis para su detección y pongan en marcha ensayos para probar posibles medicamentos y vacunas para afrontarlo.

Quizás la ciencia ha mejorado mucho en los últimos cien años. Lo que parece que no ha cambiado tanto es la calidad humana de las personas, sean éstas nuestros gobernantes o nosotros mismos.

Entonces y ahora, las recomendaciones de las autoridades han sido bastante parecidas. En una circular del Gobernador Civil de Burgos de 4 de octubre de 1918, éste avisaba a sus conciudadanos diciendo: “Recuerdo que la infección se propaga por las gotitas de saliva que despide el que habla, tose, etc. a nuestro lado al ser respirada por las que los rodean, si está enfermo o convaleciente. Que se abstengan en consecuencia de permanecer en locales cerrados, mal ventilados, donde se reúne mucha gente, como tabernas, cafés, etc. Que se extreme la limpieza de las casas”.

También entonces y ahora la pandemia afectó a todo el mundo y las autoridades tomaron decisiones erróneas:

En 1918, la ciudad de Filadelfia, ignorando las advertencias sanitarias sobre la presencia de la gripe, organizó un desfile de los soldados que se preparaban para ir al frente europeo de la Primera Guerra Mundial. Se trataba de un acto patriótico para apoyar el esfuerzo de guerra que atrajo a más de 200.000 personas que se apiñaron en las aceras. Tres días después, cada cama en los 31 hospitales de Filadelfia estaba llena de pacientes enfermos y moribundos, infectados por la gripe española. Al final de la semana, más de 4.500 habían muerto. Cuando los políticos de Filadelfia cerraron la ciudad, ya era demasiado tarde.

Cuando nuestro experto en situaciones de emergencia nos enseñó el siguiente gráfico:


No pude evitar pensar en este otro que muestra la consecuencia que tuvo la negligencia de los gobernantes de Philadelphia al permitir la aglomeración, comparada con otra ciudad como Saint Louis, que adoptó medidas drásticas mucho antes.


Pero la imprudencia no fue y es sólo de los gobernantes que nos recomiendan que nos quedemos en casa mientras se auto-imponen “cuarentenas a la carta”, también la gente común tenemos nuestros defectos y actuamos de forma estúpida.

Un ejemplo:

“Habiéndose cometido por algunos pueblos la imprudencia, a pesar de lo dispuesto por la autoridad competente de celebrar las fiestas de la localidad, dando origen con ello a que se haya difundido rapidísimamente la epidemia, creando con ello situaciones angustiosas para dichos pueblos, vuelvo a reiterar a los que todavía no estén convencidos del grave peligro que esto encierra, que se abstengan terminantemente de celebrar dichas fiesta y reuniones. La triste experiencia de lo ocurrido en un pueblo donde unos jóvenes contrajeron la enfermedad contagiando después a…”.

Parece que es muy actual, pero los jóvenes en cuestión eran los tatarabuelos de los de ahora. Esta frase, que podría referirse a quienes se han ido de vacaciones durante el tiempo de recomendado aislamiento, se contenía también en la circular del gobernador de Burgos de 1918.


Parece que en tiempos difíciles los seres humanos sacamos lo mejor y lo peor que llevamos dentro. Al lado de los insensatos, vemos cómo está actuando el personal sanitario y de asistencia en hospitales, residencias y otros centros sociosanitarios.

Espero que cuando llegue la próxima pandemia estemos mejor preparados a nivel científico y tecnológico, sobre nuestro nivel humano, tengo mis dudas.

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