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Verdades que no lo son sobre el Sistema de Dependencia

Por Juan Ignacio Vela
miércoles 11 de diciembre de 2019, 20:34h
El presidente nacional de Lares, Juan Vela.
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El presidente nacional de Lares, Juan Vela. (Foto: JC)

I parte: sobre el mercado y la eficiencia en la gestión

“Hay convicciones más nocivas para la verdad que las propias mentiras”. Esta gran frase, cuyo autor no recuerdo, es lo primero que viene a mi memoria al momento de escribir esta tribuna. Agradezco a Inforesidencias.com la oportunidad que me brinda de dirigirme a público tan selecto y entendido, que así me consta.

Quienes conformamos Lares vemos con preocupación nuestro sistema de protección social a las personas mayores y aun más cuando percibimos la valoración auto complaciente que unos realizan o la desaparición del tema de la agenda política, pareciendo sólo ser relevante el papel de las pensiones. Hasta qué punto será el problema que algún Ayuntamiento pone multas por dejar mascotas solas en casa mientras que hay personas mayores que mueren en su domicilio sin que nadie se entere.

Vivimos rodeados de convicciones publicadas o defendidas, falsas afirmaciones y tópicos que parecen representarse como verdades “de cajón”. Pocas hay, y las que hay, suelen estar más cercanas a la fe que a la prueba empírica. Algo sé de eso. A mi juicio, y seré de expresión benevolente, detrás de muchas de estos tópicos hay riesgos de daño a la igualdad y la libertad.

Sirvan como prueba algunos tópicos aquí contados y que señalo solo a título enunciativo, con explicación no tan breve como debiera ni tan amplia como quisiera. Para algunos, quizá para ti, yo sea un ingenuo o alguien con demasiados prejuicios. Créeme si te digo que me trato con auto exigencia.

Dicen que el mercado se acomodará a la demanda. El liberalismo de la globalización no es ni tan siquiera el que Hayek describiera. Hablando de obligaciones de atención mínimas establecidas por la Administración, el mercado se acomoda solo a la demanda que puede pagar esos requerimientos mínimos, es decir a quienes tengan rentas por importe superior a 2.000 € al mes. Nada que ver con lo que, de forma prioritaria, debiera requerir la protección social.

Dicen que la gestión mercantil es más eficiente. La eficiencia sin control es el control del euro por encima de las personas. La dejación de funciones de la Administración alimenta que los grandes operadores tomen sus decisiones con esos esos criterios de estricta eficiencia económica. La obligación de reportar cuentas hace que la eficiencia sea el valor principal, a veces camufladilla bajo el paraguas de una interesada responsabilidad social. Qué distinto sería todo si aprendiéramos el concepto europeo de “empresa social”.

Y es que nuestra reflexión se despista si desconocemos que hay operadores en España que públicamente han condicionado la continuidad del servicio al logro de un determinado objetivo económico. En estos casos… ¿a costa de quién? Yo se lo digo: “De las personas atendidas en el presente y los que querrán dentro de unos días”.

Entre los efectos directos o indirectos de las decisiones de eficiencia: huir de los pueblos, nada de centros con menos de 80 plazas, invertir preferentemente donde se sabe que las personas tienen rentas más grandes, promover la agrupación de las personas en entornos urbanos, mantener los intereses del modelo de servicio en el sector, etc. Así, por ejemplo, nunca habrá un buen servicio de ayuda a domicilio en España si algunos se empeñan en mantener un modelo que no da respuesta al conjunto de necesidades de la gente.

Juan Ignacio Vela, presidente de LARES

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