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¡Quiero morir aquí!

Cuidados paliativos.
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Cuidados paliativos.

Carmen ingresó en la residencia Las Marismas, de la que, por cierto, eres directora, hace dos años.

Todo en Carmen es más complejo de lo que en principio aparenta. Tiene 85 años, es viuda desde los 72 y está afectada de una degeneración macular que va progresando. Vivía de forma autónoma en su casa con ayuda de una señora contratada por sus hijos (tiene tres, entre los que Teresa, su hija pequeña, lleva la voz cantante). A ella no le gustaba la cuidadora porque decía que la vigilaba y le quitaba cosas. Aún así, la necesitaba para salir a la calle y sus hijos le decían que era muy buena, así que aguantó. Le decían que no saliese de casa por su cuenta porque casi no veía, pero ella quería ser autónoma y salía “a escondidas”.

En una de esas salidas la golpeó una moto eléctrica a la que no vio venir, no fue un golpe fuerte, pero cayó al suelo y se magulló. La recogió una ambulancia y la llevaron a urgencias. No llevaba documentación ni teléfono y cuando le preguntaron el nombre se “hizo la tonta”, dijo que no lo recordaba y que quería irse a su casa. No quería que llamasen a sus hijos. No le gustó cómo la trataron. Nadie quería hacerle caso y le hablaban como si estuviese loca. Al final aceptó identificarse y la vinieron a buscar. De esa experiencia le quedó un gran resentimiento hacia el personal sanitario del hospital y un informe en el que alguien puso “deterioro cognitivo”.

Unos meses después, caminando por la calle, esta vez con su cuidadora, tropezó, se cayó y se rompió el fémur. Fue operada y dijo que no quería volver a casa con “esa”. Les dijo a sus hijos que la caída había sido culpa de la cuidadora y que lo que quería es ingresar en la residencia donde vivía su amiga Luisa a la que iba a ver de vez en cuando.

Así llego Carmen a las Marismas. Tenía suficientes recursos para pagar la plaza y a pesar de las serias limitaciones que le imponía su casi total ceguera y la cojera, vivía bien. Trajo algún mueble pequeño, fotos y cuadros de su casa y compartió habitación con su amiga Luisa hasta que ésta falleció.

La muerte de la amiga y sobre todo cómo fue el proceso que acabó con el fallecimiento, la marcó mucho. Luisa sufrió varios pequeños derrames y fue ingresada en el hospital de forma intermitente durante varios meses. El deterioro fue acelerándose y al final falleció. Carmen estaba convencida de que en el hospital no le habían hecho nada bueno y un día nos vino a ver al despacho y nos dijo que había estado pensando mucho y quería decirnos varias cosas:

  • Que no quería que la llevasen al hospital para nada. Si se ponía mal como Luisa, que la cuidasen en la residencia y le diesen lo que fuese para que no tuviese dolor.
  • Que no pidiesen opinión a sus hijos sobre lo del hospital. No quería ir y ¡ya está!
  • Que no les dijese nada a sus hijos de esta conversación o de lo que tuviese que firmar.

Comentamos el caso con el equipo interdisciplinar y sus peticiones generaron dudas. ¿No ir al hospital nunca?¿Y si es algo que requiere ingreso, pero no es muy grave? ¿Podemos hacerle caso y ya está?

Decidimos bajar de Internet un modelo de voluntades anticipadas y pedimos que ella misma lo rellenase. Lo acabó haciendo con ayuda nuestra, ya que no veía bien como para hacerlo sola. Firmamos como testigos y guardamos el documento.

Pasan unos meses en los que cada vez que hablamos con su hija nos dice que su madre no está bien y que tiene un informe médico que dice que tiene “deterioro cognitivo”, por lo que quiere que le consultemos todo lo relativo a su cuidado.

Un tiempo después, la médico de las Marismas detecta signos evidentes de una agudización de una insuficiencia arterial crónica con la que Carmen había convivido muchos años, ahora con isquemia arterial en las extremidades inferiores subiendo también a nivel abdómino-mesentérico. Carmen sufre fuertes dolores pero mantiene la capacidad cognitiva y repite a la doctora y enfermera su deseo de no ser trasladada al hospital de ninguna forma. La médico del centro opta por administrar analgésicos pero nos dice que o se plantean cuidados paliativos en la residencia o debería ingresar.

Como los analgésicos están dejando a Carmen medio insconsciente y, ante la insistencia de los hijos, les convocamos a una reunión del equipo. Les enseñamos el documento firmado unos meses atrás y les explicamos lo que su madre nos pidió. Les planteamos coordinarnos con el hospital para poder dar en la residencia cuidados paliativos.

Los hijos están muy enfadados. Se sienten traicionados. Nos dicen que ya mismo llevemos a su madre al hospital y que hagan lo que se pueda para que esté mejor.

De nada sirve que les digamos que hay que hacer caso de lo que ella ha firmado y les explicamos que ella nos ha hablado de una mala experiencia en un hospital además de su vivencia de la muerte de Luisa. Nos dicen que estamos locos y que su madre no está bien, que lo dice un informe médico. Es una conversación estéril.

Teresa nos dice que esto “lo arregla ella hoy mismo”.

Al cabo de unas horas viene una ambulancia a la residencia con un volante de derivación a urgencias firmado por el médico de atención primaria asignado. Allí están sus hijos. Teresa nos dice que han hablado con el médico y ha accedido al traslado.

No podemos hablar con Carmen y finalmente, ante la amenaza de los hijos de ir al juzgado de guardia para denunciarnos, optamos por prepararla para el traslado.

Eso fue hace una semana. Ahora estamos leyendo el correo electrónico en el que nos comunican el fallecimiento de Carmen.

Sabemos que nadie nos denunciará. No vendrá una inspección o una demanda y, en cambio, no nos sentimos bien.

¿Qué hubieras hecho tú?

Autor: Josep de Martí Vallés

Jurista y Gerontólogo

Profesor del Máster en Gerontología Social y de dirección de residencias en tres universidades.

Director de Inforesidencias.com y Dependencia.info

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Nota: he tomado algunos datos médicos de un caso práctico del grupo de Bioética Zahartzaroa. Recomiendo su lectura.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    525 | Antonio Rodriguez - 13/10/2019 @ 12:09:36 (GMT)
    Buenos días, teniendo en cuenta que había un informe previo de deterioro cognitivo hubiera informado a sus familiares , es más hubiera evaluado a la residente

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