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VII Convenio de la Dependencia. Más de lo mismo

VII Convenio de la Dependencia. Más de lo mismo

jueves 12 de julio de 2018, 01:56h

No está mal. Casi 4 años de negociaciones que terminan “en nada”. Porque firmar exactamente lo mismo que contenía el convenio anterior, incluyendo los fallos judiciales y los acuerdos de la paritaria, es absolutamente “nada de nada” y es estar exactamente igual que antes.

Tampoco hay que rasgarse las vestiduras por el hecho de que hayamos estado sin convenio durante 4 años, porque estoy seguro que, de haberse llegado a formalizar el VII Convenio de la Dependencia, éste, hubiera sido igualmente un “convenio de transición” en la medida que las circunstancias sociales, económicas y políticas en plena crisis no hubieran facultado acordar grandes novaciones o revisiones salariales significativas. Hechos como las Inflaciones negativas, los precios públicos de concierto congelados o incluso reducidos, los recortes de hasta el 30% en algunos presupuestos sociales autonómicos, etc., etc., no eran el mejor de los escenarios para aplicar grandes novedades al Convenio. Más bien, la situación aconsejaba guarecerse en los “cuarteles de invierno”, intentar sobrevivir y esperar a que llegasen tiempos mejores.

No obstante, si esta es la salida más digna que podía darse para resolver una situación enquistada, bienvenida sea, pero visto lo visto, y a tenor de los comentarios de CEAP´s, la nueva situación nace ya nuevamente viciada o, dicho de otra forma, “ilegítima” jurídicamente hablando, con lo que pasaremos, del anuncio de la FED de impugnar la clausura unilateral de la mesa de negociación abierta durante estos años, al anuncio de CEAP´s a impugnar lo que pueda resultar de la nueva mesa de negociación, con el argumento de que, en dicha mesa, no se recoge la representatividad del sector de acuerdo a la Ley. Es decir, “mas de lo mismo”.

Esto de la “representatividad patronal” como que me viene sonando desde que trabajo en este sector (y ya va para más de 25 años). Desde los tiempos que el Sr. Juan Antonio Moya y su buen discípulo alias “Pucho”, en aquella extinta Federación Nacional de Residencias de Tercera Edad (FNRTE), que muchos recordarán, donde se atribuían unilateralmente la representatividad total del sector residencial y se negociaban y formalizaban convenios a su antojo, hasta hoy mismo donde todavía sigue persistiendo exactamente el mismo problema.

Tiene narices esto de la “representatividad patronal”. Algo que se resuelve con una simple calculadora y llevamos más de 25 años con el mismo problema sin resolver (¿?). Más aún, periódicamente sale una nueva asociación que se desgrana de alguna otra ya existente y que trata de arrastrar al universo de asociaciones y patronales que curiosamente tenemos, porque tenemos representatividad patronal de todos para todos los gustos: Asociaciones provinciales, Autonómicas, o Regionales, del sector religioso o también llamado “no lucrativo”, del sector de Ayuda a Domicilio, del Sector de la Teleasistencia, De grandes operadores, Asociaciones nacionales, Federaciones… ¿Quién dice que la patronal de este sector no está bien representada?

No me extraña que con todo este escenario resulte difícil clarificar cuál es el peso específico de representatividad patronal que tiene cada una de ellas, cuando además, esto resulta totalmente dinámico y los datos que pudiera arrojar en un momento dado un estudio sobre la representativa patronal cambian con el “trasiego”, casi constante, de unas asociaciones a otras asociaciones o Federaciones. Este es uno de los grandes problemas de nuestro sector, que consecuentemente imposibilita la resolución de muchos otros problemas que estoy totalmente seguro que no existirían de haber una patronal clara y unida, que trabajase realmente por el sector de la dependencia. Fíjense que digo por el sector y no exclusivamente por los intereses de las empresas y compañías que lo componen. Pero de esto hablaremos otro día.

CEAP´s tiene toda la razón cuando asegura que, si la constitución del banco patronal de una mesa de negociación sectorial no guarda las debidas proporciones de representatividad, es motivo suficiente como para impugnar dicha mesa y consecuentemente lo acordado y/o formalizado en ella. Pero no es menos cierto (y CEAP´s debería conocerlo también) que este tipo de mesas se constituyen con el simple hecho de que “las partes se reconozcan mutuamente su representatividad y su capacidad de obrar”. A partir de aquí, y reconociendo siempre el derecho de impugnación de terceros, lo que de dicha mesa resulte “va a misa”, mientras no haya sentencia en firme que lo anule o impugne. Y claro está, lo que menos importa es si una supuesta demanda de impugnación progresará o no y si ésta será estimada o no lo será, sobre todo cuando el fallo definitivo y firme se produce cuando ya ha concluido la vigencia del nuevo convenio negociado y formalizado por esa mesa donde mutuamente se han reconocido las partes. Es pues, una ”victoria efímera” que no sirve absolutamente para nada. De las que casi se archivan sin leer porque a nadie le importa lo que ponga el auto, puesto que ya no resulta de aplicación.

Así ha venido sucediendo históricamente en este sector en algunos de sus convenios y así seguirá sucediendo en la medida en que nuestra justicia se siga tomando años para fallar en firme cualquier procedimiento judicial.

Así seguirá sucediendo en la medida que la parte actora no presente junto a su demanda una pieza separada de medias provisionales y su señoría de turno no se sirva admitir y fallar un auto donde retire o congele las facultades de esa mesa de negociación antes de que se produzca ningún acuerdo o formalización.

Esa es la “gran baza” de quienes, aun reconociendo legítimamente el derecho de impugnación que puede significar la constitución de una mesa sin la adecuada proporcionalidad, no les importa ni asusta en absoluto que se verifique una demanda en contra de este hecho. Es más, incluso invitan a ello. Mientras tanto, mientras no exista fallo en firme en contra, los “negociantes” gozan del derecho de representatividad por el simple hecho de que el “negociante contrario” lo reconozca (o le convenga reconocerlo) como interlocutor válido.

Así pues, de poco o nada sirve acudir a las instancias judiciales para intentar resolver los litigios que históricamente se vienen produciendo a la hora de constituir las mesas de negociación de nuestro convenio y aun en “ilegítima proporción”, más vale permanecer en ella por frustrante que ello pueda resultar y tratar de “lavar los trapos sucios” entre las patronales en un contexto bien diferente a una mesa de negociación, donde lo bueno sería dar una imagen inequívoca de unidad y tratar de lograr el marco laboral más adecuado a la situación de este sector, que dicho de paso, no es para “tirar cohetes”. Vamos que digo yo.

Aquilino Miralles, Grupo SERGESA

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