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Cómo proteger a los mayores ante las bajas temperaturas

Cómo proteger a los mayores ante las bajas temperaturas
martes 12 de diciembre de 2017, 20:48h
Decálogo del Método Hoffmann para sobrevivir con salud a la caída del termómetro.

Para cualquier persona, al llegar el invierno y sus bajas temperaturas, y muy particularmente en época de ola de frío o en el transcurso de climas de tormenta, la caída en los grados de temperatura ambiental supone un importante riesgo para la salud que se refleja en última instancia, más allá de la propia incomodidad del frío y del aumento en la aparición de catarros y gripes, en la posibilidad de sufrir hipotermia. Este fenómeno se caracteriza por la caída, por exposición al frío, del calor corporal por debajo de los 35º Centígrados -considerando 36,5º como la temperatura corporal basal en condiciones de normalidad-, lo cual puede conducir a un estado de afección multisistémica donde diversas partes y órganos del cuerpo pueden dejar de funcionar, que a su vez deriva en un incremento de la mortalidad.

Esta problemática se torna especialmente acuciante en el caso de nuestros mayores, para los cuales el riesgo de exposición al frío y de sufrimiento de hipotermia es particularmente alto, incluso cuando la temperatura ambiental ha disminuido sólo en pequeña medida. Las personas mayores suelen, en general, disponer de sistemas menos eficientes de calefacción en el hogar–o incluso carecer completamente de ellos-, además de encontrarse fisiológicamente menos preparados para afrontar caídas en temperaturas; su cuerpo, envejecido y menos efectivo en cuestiones de regulación térmica, es especialmente sensible a la disminución de temperatura ambiental. Las múltiples patologías que nuestros mayores tienden a sufrir colaboran también en esta susceptibilidad a la hipotermia.

Así, no en vano todos hemos comprobado cómo nuestros mayores reclaman mayor abrigo en situación de ligeros descensos de temperatura ambiente, descensos que sus familiares, más jóvenes, no detectamos como molestos o peligrosos. Aquellas personas mayores que no disponen de una red de apoyo cercana, y que no reciben atención con la suficiente frecuencia y se encuentran más aislados, representan el grupo con mayor riesgo de sufrimiento por descenso de las temperaturas.

Más concretamente, los riesgos del frío se hacen más patentes en nuestros mayores debido a una combinación de factores tanto conductuales como fisiológicos:

  • A veces se observa la tendencia a que nuestros mayores, con fines de ahorro, caldeen su hogar a una menor intensidad de lo adecuado.
  • Si la persona mayor no toma la nutrición adecuada se incrementa el riesgo de vulnerabilidad al frío; igualmente, nuestros mayores tienden a beber menos de lo indicado y corren el riesgo de deshidratarse, incluso en invierno. Esta vulnerabilidad se incrementa también en el caso de patologías crónicas y de polimedicación.
  • Los mayores presentan mejor sensibilidad en la percepción del frío, lo que puede llevarles a no abrigarse de acuerdo al frío del momento, que junto con su peor capacidad de regulación y control de la temperatura corporal y su tendencia a permanecer inactivos, les hacen más proclives a estos problemas.

No todas las personas mayores presentan los mismos factores de riesgo personales y ambientales, pero para todos ellos es de enorme importancia seguir una serie de recomendaciones y precauciones, a las que nosotros como familiares y cuidadores debemos prestar especial atención.

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