Recientemente, mientras tomaba un café a primera hora, me encontré en Linkedin con una reflexión de mi buen amigo Nuno Santos Lopes. Para quienes no lo conozcáis, Nuno es enfermero especializado en cuidados paliativos y dirige el departamento de Research, Innovation & Community Engagement en Nightingale Hammerson, una residencia de personas mayores que hemos visitado en el viaje geroasistencial de Inforesidencias a Londres el pasado mes de octubre.
Él mismo define su departamento como "un proyecto start-up dentro de la propia residencia", buscando mejorar la vida de las personas mayores allí donde estén.
En su post, Nuno se hace una pregunta que llevan algún tiempo haciéndose muchos gerentes de residencias de mayores: "¿Cómo estamos implementando la tecnología en el sector de los cuidados?".
El reconoce, y yo comparto, que hay una carrera por digitalizarlo todo, pero advierte del riesgo de incorporar "aparatitos" sin preguntarnos para qué sirven y cómo van a ayudar de verdad en el cuidado. Su alerta venía acompañada de un estudio recién publicado: How the care workforce navigates the digital “skills gap”: problems and opportunities from policy to practice (Whitfield et al., 2025). Se puede leer íntegramente en https://lnkd.in/e-ytuRiJ y precisamente aborda el tema dando claves interesantes:
Lo que dice el estudio
Los autores han entrevistado a 62 profesionales en siete organizaciones de atención a persona mayores inglesas, desde auxiliares hasta directores, y han observado su día a día. Tras las entrevistas y seguimiento presentan unas conclusiones que desmontan varios mitos:
1.- No es (solo) un tema de habilidades técnicas. La adopción de nuevas herramientas depende más del tipo de tecnología, del rol de la persona y del modelo de proveedor que de un supuesto 'déficit' formativo del trabajador.
2.- El cuello de botella real es el tiempo y el apoyo entre iguales. Los dispositivos que están entrando en las residencias no exigen un doctorado en informática; exigen minutos para trastear, margen para equivocarse y alguien al lado que te eche una mano.
3.- Si la interfaz es mala, olvídate. Muchos fracasos vienen de sistemas mal diseñados, no de profesionales incompetentes.
4.- Los 'champions' salvan el día… a costa de su jornada. Cada centro termina confiando en uno o dos 'super-usuarios' que, sin remuneración adicional, hacen de puente entre la tecnología y el resto del equipo. Un modelo heroico, pero poco sostenible.
En otras palabras, la brecha no es tanto de habilidades como de condiciones. Todos apoyamos ciegamente la formación cuando en lo que deberíamos poner el peso es en el diseño de los aparatos y programas que se usan en las residencias.
Muchos tenemos en mente una caricatura de una auxiliar de 55 años incapaz de usar una tablet. Pero como casi todas las caricaturas, no representa la realidad. Hay muchas profesionales, la gran mayoría capaces de dominar aplicaciones de registro con gran soltura si el diseño es intuitivo y bueno. El estudio desmonta algo de lo que podemos estar falsamente convencidos: "Si no funciona, es que el personal no sabe; démosles un curso en vez de mejorar el sistema".
La reflexión de Nuno recoge justo el matiz clave: "Sí, la tecnología tiene su lugar en el cuidado. Pero el cómo y el por qué importan tanto como el dispositivo mismo". Esa frase debería estar grabada en la puerta de cada fabricante e integrador de tecnología dirigida a la atención a personas mayores.
En mis visitas a residencias, tanto en España como en los 52 viajes gero-asistenciales he visto más de una vez tecnología comprada, instalada y abandonada. No sé, si, como dice el artículo, en parte el abandono se debió a que no estaban bien diseñadas o a otros motivos, pero el texto me ha hecho pensar.
El estudio de Whitfield y colegas aporta evidencia sólida para respaldar lo que muchos intuíamos: poner la lupa en las personas, no solo en los chips. Si el objetivo es mejorar el cuidado, escuchemos a las auxiliares. Y cuando haya que invertir, que habrá que hacerlo, dejemos una partida para horas de adaptación y para reconocer a esas "digital champions" con algo más que palmadas en la espalda.
Si de algo me convence la lectura de este artículo, y la llamada de atención de Nuno, es de que la tecnología seguirá siendo esencial. Pero la revolución digital no llegará con un tutorial en YouTube; llegará cuando cuidadores y diseñadores se sienten a la misma mesa y acuerden qué problemas vale la pena resolver y cuáles no necesitan un chip, sino un poco más de tiempo y humanidad.
PD: Y aprovecho para felicitar las fiestas a todos y que el ya muy próximo 2026 sea mejor para todos.
Autor del texto Josep de Martí Vallés. Jurista y Gerontólogo. Fundador de Inforesidencias.
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