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Don Julián: conflicto entre usuarios

Por Eduardo Ortega Hernández

Desde EO Abogados, despacho especializado en derechos de las personas mayores, nos han hecho llegar un nuevo caso del ‘Rincón del director’ en formato animado. En el día a día de los centros es habitual que se repitan dos grandes retos de gestión: cómo actuar cuando aparece un conflicto y, todavía más importante, cómo prevenir que ese conflicto llegue a producirse.

Agresión en residencia.
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Agresión en residencia. (Foto: IA)

La residencia estaba llena cuando don Julián, de 84 años, ingresó tras enviudar. Presentaba deterioro cognitivo moderado y episodios de desorientación. Durante la entrevista de admisión, la familia trató de explicar cómo eran sus noches. No se trataba sólo de despistes, sino de episodios en los que perdía completamente la referencia de dónde estaba.

Su hija lo resumió de forma sencilla: "Por las noches de despierta, a veces cree que está en casa. Una vez empujó a mi madre cuando quiso salir, pero no fue nada grave".

Aquella información quedó recogida como un comentario familiar, sin reflejo en ningún informe médico.

Ante la falta de habitaciones individuales, se decidió ubicarlo en una habitación compartida con don Emilio, un residente de 90 años, tranquilo, pero con movilidad reducida. Desde los primeros días, el comportamiento nocturno de don Julián empezó a llamar la atención del equipo. No era sólo desorientación puntual, era una desorientación persistente, especialmente durante la noche, que le llevaba a no reconocer el entorno ni a su propio compañero.

Una de las gerocultoras lo expresó con claridad en el control: "Está bastante desorientado. Por la noche se levanta y pregunta dónde está".

Las incidencias se fueron acumulando. Deambulación nocturna, preguntas reiteradas sobre quién dormía en la otra cama, incluso un episodio en el que se levantó y comenzó a tirar de la ropa de cama de don Emilio.

Aún así, la situación se interpretó como parte del proceso de adaptación. No se modificó la habitación ni se adoptaron medidas específicas.

Tres semanas después, de madrugada, don Julián se despertó sobresaltado. Estaba profundamente desorientado. Miró a su alrededor intentando comprender dónde estaba y en la penumbra vio la silueta de un hombre en la cama de al lado. En ese momento su percepción fue clara. No estaba en una residencia, estaba en su casa y había un desconocido dentro: "¿Quién está en mi casa?".

Se levantó alterado, se acercó a la cama y lo empujó. Don Emilio cayó al suelo golpeándose la cabeza. Cuando el personal entró a la habitación, ya se encontraba inconsciente. Horas más tarde, el hospital confirmó su fallecimiento.

Hasta ese momento, todo podía interpretarse como un trágico incidente entre residentes, pero el análisis del caso cambió al revisar lo ocurrido los días previos. La noche anterior al fallecimiento, don Julián había presentado un episodio de agitación importante durante la cena. La incidencia quedó registrada, pero no fue trasladada al turno de noche.

Además, el centro no disponía de un protocolo específico para valorar el riesgo de convivencia en habitaciones compartidas entre residentes con deterioro cognitivo y alteraciones conductuales. A partir de ese momento, la investigación dejó de centrarse únicamente en lo ocurrido aquella madrugada y pasó a analizar la organización del servicio.

El foco se situó en tres aspectos claves. La valoración inicial del riesgo en el ingreso, la decisión de mantener la convivencia en habitación compartida y la falta de transmisión de información relevante entre turnos.

Porque en este tipo de casos, cuando llegan a los tribunales, la cuestión no es si alguien podía prever exactamente el desenlace. La cuestión es otra, si el riesgo estaba ya identificado y no se actuó a tiempo.

Respuesta del experto

Eduardo Ortega, CEO de EO Abogados

Comentario sobre protocolos de evitación de conflicto entre usuarios y de detección de riesgo conductual

En el día a día de los centros, suelen repetirse dos preocupaciones en la gestión: qué hacer cuando surge un conflicto… y cómo evitar que ese conflicto llegue a producirse.

Estos dos documentos nacen con el propósito de atender a esa necesidad real.

Por un lado, se ofrece un sistema claro para actuar cuando ya existe un incidente entre residentes, evitando improvisaciones y facilitando que todo el equipo sepa qué hacer, cómo hacerlo y cómo dejar constancia de ello.

Por otro, se incorpora una herramienta que permite algo todavía más importante: anticiparse, identificando desde el ingreso situaciones de riesgo que, si no se detectan a tiempo, acaban convirtiéndose en problemas de convivencia, asistenciales y también jurídicos.

La clave no está solo en intervenir bien, sino en poder demostrar que se ha actuado con criterio, previsión y organización.

Porque la realidad es que, cuando se analiza un incidente —ya sea en una inspección o en un procedimiento judicial—, no se juzga únicamente el hecho en sí, sino todo lo que el centro hizo antes y después de que ocurriera.

Y ahí es donde estos documentos aportan valor.

Están pensados para facilitar el trabajo diario de la dirección del centro, aliviar la carga en la toma de decisiones y, al mismo tiempo, reforzar su seguridad jurídica.

Con el deseo de que resulten útiles en el día a día de los centros y contribuyan a una gestión más segura, ordenada y profesional.

Eduardo Ortega es abogado especializado en Derecho de Mayores

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