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Contenciones en contexto hospitalario y residencial

miércoles 14 de abril de 2021, 02:06h
Nicolás Guzmán González es psicólogo, estudiante de Máster en Gerontología.
Nicolás Guzmán González es psicólogo, estudiante de Máster en Gerontología.

El umbral de "tolerancia", de requisitos mínimos, de indicadores de riesgo, de criterio medico y del personal que cada institución tenga para aplicar su protocolo de contención, en la práctica es subjetivo, aunque esté apegado a normas éticas, técnicas, de consentimiento entre la institución y la familia, e individualizadas por la necesidad especial de algún paciente en un contexto ideal.

Pero suele suceder que, como en este caso que comentaré, "mi abuelita" y muchos otros residentes del hogar, no deberían residir en el hogar de ancianos en el que se encuentran. Los familiares solicitaron que se les permita ingresar y costearían los gastos adicionales (dentro de su prepuesto). Por otro lado, el hogar de ancianos, por humanidad y por ofrecer una alternativa de mejoramiento de su calidad de vida, se "permite" recibir a estos residentes y a mi abuelita, aunque dicho hogar no acostumbre a recibir mayores de mayor complejidad.

Los ingresos adicionales permiten capacitar al personal, tener uno o más médicos de especialidad con mayor frecuencia en el hogar, ...

En resumen, existen residencias de mayores que permiten residentes de mayor complejidad ya sea por humanidad o por tener un ingreso adicional, que flexibilizan su protocolo de contención institucional establecido (para el nivel complejidad para la cual están acreditado para funcionar), y esta flexibilidad en el protocolo se debe a los mayores de mayor complejidad que residen.

"Mi abuelita" vive en un hogar y debería estar un centro hospitalario, con mayor control, ya que su deseo de volar se encuentra presente en cada momento, lo que ha derivado a que en cada ventana que ve y que pueda abrir, es una ocasión para ella para lanzarse (sin considerar si esta nivel de piso o en un tercer piso debido a su Alzheimer). Y lo ha hecho, se ha fracturado pierna, cadera y cráneo, y se recupera y sigue su instinto de volar. Por lo que en el hogar existe otro protocolo de contención indicado para ella.

La consecuencia de la aplicación de este protocolo es que, en ocasiones el personal de la residencia no ha diferenciado los protocolos institucionales con el protocolo personalizado, y ha aplicado con mayor frecuencia el protocolo indicado para mi abuela con el resto de residentes. O sea que, el criterio del personal para aplicar el protocolo de contención se flexibilizó, su umbral para evaluar la necesidad de contención disminuyó, su tolerancia para justificar una contención disminuyó.

Al estar mi abuela caminando por los mismos pasillos que los demás, comer en el mismo comedor que los demás, descansar en las mismas habitaciones que los demás, el vestirse libremente como los demás, etc. y para el personal no se diferencia entre uno y otro. Todos por igual, a todos se los miden con la misma regla.

En la práctica las cosas son distintas. Esto no quita que la atención sea ética y que se preserve sus derechos.

Nicolás Guzmán González es psicólogo, estudiante de Máster en Gerontología

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