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La cama de Procrustes en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona)

La cama de Procrustes en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona)

sábado 12 de noviembre de 2016, 13:55h

A todo aquel que dirige o ha dirigido una residencia privada le voy a pedir que imagine una situación:

Una residencia de mayores privada que tiene la licencia municipal caducada desde hace dos años, que presenta defectos de seguridad y de prevención de incendios; con una sala de calderas que no cumple las condiciones exigidas (existiendo informes periciales y de la inspección del Departamento de Industria que lo atestiguan). Dadas las circunstancias la compañía que aseguraba el centro se ha negado a renovar la póliza por lo que, si hay algún siniestro nadie lo cubrirá. La residencia ha recibido tres inspecciones en lo que va de año en las que han establecido medidas correctoras sometidas a plazos, pasados los cuales siguen sin aplicarse subsistiendo las deficiencias.

¿Cómo se imagina que estará la residencia?

  1. Cerrada tras un expediente sancionador.
  2. Abierta con un expediente sancionador y medidas cautelares.
  3. Abierta con un concierto de plazas recién renovado y sin ningún expediente sancionador abierto.

Según nos han informado desde la empresa Idea, que gestiona la residencia municipal “Can Serra” (propiedad de Serveis Municipals Sant Esteve Sesrovires S.L.) situada en Sant Esteve Sesrovires, Barcelona, esa es grosso modo la situación que vive el centro.

Resulta extremadamente chocante que una residencia cuyo funcionamiento es a todas luces exquisito, llegando a ser visitado por parte de otras residencias para comprobar como han ido implantando la filosofía de la Atención Centrada en la Persona, pueda ocupar un edificio de construcción reciente pero, a la vez, según informa la empresa gestora, tan deficiente.

La empresa Idea, que es adjudicataria de la gestión del centro mantiene un contencioso con el ayuntamiento por diferentes motivos entre los que destaca la exigencia de que las condiciones arquitectónicas del edificio cumplan con todas las normativas, especialmente las de seguridad. El problema que se ha encontrado ante la pasividad del Ayuntamiento, es que, a pesar de varios incidentes, incluido, según nos han informado desde Idea, un conato de incendio, la intoxicación por gas de dos empleados, el actual funcionamiento sin cobertura de seguro ni licencia vigente o el haber pasado ¡4 meses! sin centralita contraincendios; la actitud de la inspección ha sido siempre condescendiente y la de la Generalitat más obsequiosa aún, ya que, en estas circunstancias, ha renovado un concierto de 80 plazas.

La información facilitada por Idea, que he intentado contrastar sin éxito con el Ayuntamiento (que no ha respondido) y la Generalitat (que lo ha hecho de forma muy vaga), habla de múltiples escritos enviados al Ayuntamiento y a la Generalitat desde el año 2012 contestados por la inactividad y el silencio.

Si esta fuese la tónica habitual en la actuación pública podríamos ver en la situación una intención en mantener los servicios que se prestan sin poner obstáculos administrativos. Pero lo cierto es que a la hora de concertar o renovar concertaciones la Generalitat de Catalunya suele ser meticulosa, y no digamos cómo suele ser la inspección cuando detecta incumplimientos de la normativa que, según su criterio, afectan a la seguridad.

He visto expedientes sancionadores abiertos a una residencia grande porque el inspector ha visto una pastilla en el suelo del comedor y la residencia no ha sido capaz de identificar quien no se la había tomado correctamente, cuando en el entorno hospitalario consideran que la supresión del error en la administración de medicación es imposible y trabajan con porcentajes por debajo de los cuales se considera que éste es tolerable.

He visto expedientes sancionadores abiertos porque en una habitación había un interruptor roto con cables a la vista, a pesar de que la residencia había desconectado esa línea mientras se arreglaba o lo mismo con un pulsador, a pesar de que funcionan a 12 voltios por lo que la corriente no podría causar daño grave.

Puede gustar más o menos, pero a eso es a lo que están acostumbradas las residencias en Catalunya.

Es cierto que muchos expedientes sancionadores después se archivan o se permite que la eventual multa se reinvierta en mejoras en el centro por lo que el daño consiste más la “pena de vivir el expediente” que la sanción. También es cierto que, a pesar de que en el sector de la residencia suele haber la sensación de que la inspección es muy “sancionadora”, si se analiza el número de expedientes sancionadores abiertos, se observa que cada vez se abren menos.

A lo que no nos tenían en absoluto acostumbrado es a que el gestor de una residencia comunique incumplimientos que afectan la seguridad de los usuarios, familiares y profesionales recibiendo la callada por respuesta o, como mucho, actas suaves y renovaciones de concierto.

Siendo “bien pensados” podríamos entender que la administración ha funcionado mal porque cada uno (ayuntamiento, servicios sociales, industria, bomberos…) ha ido encargándose de “su trozo” y nadie ha visto el escenario total. Si ha sido así, cada uno lo ha hecho “un poco mal” y el resultado ha sido el que ha sido sin que nadie se sienta responsable.

Si en cambio somos “mal pensados” podríamos empezar a buscar causas más profundas y tenebrosas.

Prefiero ser bien pensado.

En la mitología griega existe un personaje llamado Procrustes, un siniestro posadero que ofrecía refugio a los caminantes y que, para que descansasen, les ayudaba a tumbarse en lo que parecía una cómoda cama. Si el viajero era demasiado bajo para ocuparla Procrustes aplastaba con una maza los miembros del desdichado y los estiraba hasta cubrirla en su totalidad matando al incauto en el proceso; si por el contrario era demasiado alto, con un hacha cortaba las piernas por el trozo sobrante con el mismo y letal resultado. El héroe Teseo, en su viaje hacia Atenas paró en la posada y descubrió que el malvado Procrustes tenía en realidad, no una sino dos camas y siempre ofrecía dormir a los caminantes en la que resultaba adecuada para sus oscuros planes.

Como suele suceder en los mitos, Procrustes acabó muerto por Teseo, que le obligó a estirarse y “ajustó” su cuerpo al lecho. Desde entonces se suele hablar de “la cama de Procrustes” cuando nos encontramos en una situación en la que somos juzgados de una forma arbitraria en la que el poderoso siempre tiene la capacidad de castigarnos con independencia de lo que hagamos ya que aplica a su antojo normas diferentes de forma que resulta imposible cumplirlas.

La sensación que tienen muchos directores de residencia en Cataluña es que, por muy bien que lo hagan, siempre habrá algo que encontrará el inspector para poner en el acta y, en ocasiones, iniciar un procedimiento sancionador. Por eso, cuando conozcan una situación en la que existiendo claramente la causa para hacerlo la administración se abstiene de castigar, la sensación de asombro aparecerá, quizás acompañada por la de la suspicacia.

A mí me supera y no sé si debo pensar bien o mal. Aún así, y con independencia de la causa, encuentro llamativo en extremo que una residencia que presta una atención correcta a sus residentes pueda estar viviendo una situación de riesgo, conocido por todos, sin que nadie haga nada.

Como todas las historias tienen varias facetas, como ya he dicho, he pedido al Ayuntamiento y la Generalitat si quieren compartir la suya. Aunque hasta ahora no lo han hecho de forma clara, sigo esperando. Seguro que con lo que ellos digan se puede completar una imagen más clara.
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