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Cinta Pascual, presidenta de CEAPs: "Un mes de sufrimiento"

Cinta Pascual, presidenta de CEAPs
Cinta Pascual, presidenta de CEAPs (Foto: CEAPs)
jueves 16 de abril de 2020, 16:23h

Un mes después de la declaración del estado de alarma, la presidenta de CEAPs, Cinta Pascual, hace una reflexión sobre el pasado, presente y futuro de la atención a las personas:

El pasado 13 de abril se cumplió un mes desde que las residencias cerraron las puertas, pero tengo la impresión de que ha pasado toda una eternidad. No sé si es por la acumulación de hechos, datos y noticias que se acaban sucediendo unas a otras con rapidez y que nos impiden tener perspectiva o si este confifinamiento ha cambiado la forma que tenemos de ver el mundo.

Más allá de percepciones personales, el coronavirus existe y la situación es extremadamente grave, sobre todo entre el colectivo de personas mayores, el más vulnerable a la infección y sobre todo cuando se trata de personas en situación de Dependencia. El 7,28% de personas diagnosticadas con la Covid-19 vive en las residencias de España según los datos ofificiales de las diferentes autonomías y se calcula que han muerto 10.700 personas. Son informaciones que hay que tomar con precaución porque en estos momentos se hace muy difícil saber cuántas personas hay en realidad infectadas por el virus y cuántas pueden haber muerto por este motivo.

La carencia de tests que permitan diagnosticar la infección nos impide, por un lado, saber la afectación total en el conjunto de residencias del país, y por otra parte, cómo actuar en el sector. Una diagnosis amplia, general y coherente, con unos cribados que tuvieran en cuenta criterios clínicos y asistenciales, nos permitirían dar una respuesta adecuada al reto que nos estamos enfrentando. Hay que mirar cada caso, establecer derivaciones hospitalarias cuando sea preciso, buscar métodos alternativos o permanecer en la residencia cuando sea posible, incluso en los episodios de fifinal de vida.

Hacen falta PCRs también por los profesionales que se están dejando la piel en su lugar de trabajo. Necesitan saber que están bien, y los que no lo estén que puedan ir a casa a hacer la cuarentena. Al mismo tiempo, tenemos un elevado número de profesionales aislado en su domicilio sin saber si están o no infectados, una situación muy preocupante porque ahora mismo no tenemos manos para hacer frente al coronavirus. Necesitamos que los que están en casa se puedan hacer la prueba y aquellos que estén bien puedan volver a trabajar con la máxima urgencia.

Existe el compromiso, por parte del Ministerio, a través de los gobiernos regionales, de hacer llegar tests que llegan con mucho retraso porque CEAPs ya advirtió hace muchas semanas que era necesario asumir esta crisis desde una perspectiva sanitaria y no sólo asistencial, requerimientos que efectuamos a las administraciones correspondientes y que no han tenido respuesta hasta hace muy pocos días.

Entre el 13 de marzo y el 13 de abril han pasado muchas cosas. Hemos visto como la vida nos cambiaba completamente, como las calles quedaban desiertos, como los profesionales de nuestros centros debían trabajar sin mascarillas, guantes, gafas y batas, los famosos EPIs. A día de hoy todavía hay muchas residencias del país que no tienen y que se les han tenido que procurar de forma privada o mediante donaciones voluntarias que desde aquí quiero agradecer por lo que tienen de compromiso y solidaridad en unos momentos tan difíciles. La insufificiente respuesta institucional no es admisible porque son las residencias y sus profesionales quienes deben cuidar el colectivo más vulnerable.

Las críticas también han sido feroces contra las residencias. Noticias de presuntos malos tratos, de mala gestión, de desinformación a las familias ... Incluso una denuncia de la Fiscalía General del Estado. El descrédito ha sido considerable. Nos ha hecho daño y ha dañado nuestra imagen de forma muy injusta porque hemos trabajado y estamos trabajando muchísimo para dar la mejor atención. Y todo ello sin recursos materiales sanitarios ni protección para los profesionales.

Seguramente habrá personas que no habrán actuado correctamente ante el pánico provocado por la entrada del virus. No estábamos preparados para afrontar esta situación, todos somos humanos y todos nos podemos equivocar. No hacer autocrítica, en estos momentos, estaría fuera de lugar, pero hay que distinguir entre los posibles casos aislados de mala praxis y una dejadez institucional sostenida en el tiempo, un abandono total durante este mes en el que la falta de respuesta de las instituciones públicas ha dejado el sector al margen del precipicio.

Sirva como contraste la actuación general de todo el sector para mantener viva la comunicación entre las personas usuarias y las familias: hacen videollamadas, se remiten comunicaciones diarias por correo electrónico, se habilitan líneas telefónicas y se reorganiza a los equipos multidisciplinares hacia la atención directa. Hemos visto muchas muestras de este compromiso, de esta voluntad de atención. Nos sentimos orgullosos de nuestras trabajadoras y lo digo en femenino porque somos un sector muy feminizado. Gracias por su esfuerzo y no os rindáis. ¡Estamos a su lado!

Desde los medios me preguntan a menudo si es que no estábamos preparados para ello, como si alguien lo estuviera. La respuesta es clara: las residencias no podían ni pueden hacer frente a una crisis sanitaria que no son centros sanitarios. Nunca hemos tenido los recursos materiales ni humanos, no hemos dispuesto nunca de respiradores ni oxígeno, ni de unidades de cuidados intensivos, ni de médicos ni de enfermeras más allá de algunas horas semanales de estos profesionales cuando la situación no era la actual.

Cuando todo esto acabe habrá que preguntarse cuál debería ser la atención sanitaria que se merecen las personas que viven en las residencias. A veces parece que todos olvidemos que los usuarios de los centros, ya sean públicos o privados, son ciudadanos con todos los derechos y deberes, entre los que el acceso a un sistema de salud público, libre y universal. Si una persona vive en una residencia y ese espacio es su casa, ¿por qué hay tantas difificultades para acceder a un hospital? ¿Tiene o no tiene los mismos derechos? ¿Alguien podría explicar por qué existen actualmente 17 formas diferentes de articular la asistencia sanitaria en los centros residenciales de España?

Ha faltado coordinación sociosanitaria. Ya era un grave problema que ha terminado por explotar en esta crisis.

Tenemos mucho trabajo por hacer, trabajo que ahora no toca porque ahora es momento de salvar vidas. Pero será necesario que nos pongamos de forma decidida y entender que las los centros de atención a las personas no pueden quedar al margen del Sistema de Salud.

Esta crisis nos enseña muchas cosas a todos y todas. La primera de estas es que tenemos que ser más humildes, que somos poco los unos sin los otros, que debemos cuidarnos. También nos recuerda que no podemos olvidarnos de los más débiles. Hablo de la gente mayor con dependencia, un sector invisibilizado y que a pesar de los esfuerzos de profesionales, empresas y entidades, patronales y sindicatos, no ha sido reivindicado hasta ahora por el conjunto de la opinión pública y publicada. De repente, como sociedad, nos damos cuenta de que sí, que las personas mayores existen, que son algo más que abuelos, que no se les debería defifinir sólo por el grado de parentesco sino por ser personas con derechos y con deberes, ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho que merecen reconocimiento y respeto.

El sobre envejecimiento de la sociedad es un hecho y aquí treinta años habrá el doble de mayores con 85 años o más, más de medio millón de ciudadanos que exigirán estar muy bien atendidos. Replantear el modelo actual se convertirá, por tanto, una prioridad inexcusable que no deberá basarse sólo en planes estratégicos ni en comisiones sino en acción directa y recursos tangibles. Necesitaremos más recursos humanos, materiales y económicos si queremos seguir mejorando la calidad en nuestro sector, residencias, centros de día, ayuda a domicilio y teleasistencia.

Desde CEAPS defenderemos, desde nuestra creación, un modelo basado en la mejora continua de la calidad y no entraremos en debates que sitúen la titularidad como eje sobre el que plantear el presente y el futuro del sector.

Siempre hemos defendido la cooperación público-privada que nos ha permitido construir un sistema de atención con unos altos niveles de calidad. Basta con echar una ojeada al pasado, ver cómo era la situación hace treinta o cuarenta años, como se gestionaban las residencias desde el asistencialismo y como se está haciendo ahora, con la atención centrada en la persona como método de referencia en todo los equipamientos.

Una de las claves en la mejora de la calidad será contar con profesionales cualifificados y comprometidos con la atención a las personas mayores. Para ello será necesario mejorar los salarios de las trabajadoras y los trabajadores y para que esto sea posible será necesario que contamos con tarifas públicas, que se mantienen congeladas desde hace diez años (actualizaciones parciales de Grado II aparte).

Son debates que ahora no podemos afrontar, pero que tienen que explicar si queremos entender de dónde venimos y para que nos encontramos así. Ahora, sin embargo, tenemos que ocuparnos del presente y afrontar las próximas semanas con lo que tenemos, que no es muy a estas alturas. Necesitamos urgentemente que lleguen tests, que TODAS las residencias tengan EPIs garantizados y sufificientes, y que se hagan las derivaciones hospitalarias necesarias según un análisis clínico para que las personas mayores puedan luchar con las mismas condiciones que el resto de la población de los efectos devastadores que provoca el el Covid-19 sin olvidar el reconocimiento hacia la tarea inmensa que están haciendo los trabajadores y las trabajadoras del sector.

Saldremos.

Cinta Pascual, presidenta de CEAPs

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