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Covid-19 en residencias de EEUU, ¿dónde estuvo la 'zona cero'?

miércoles 08 de abril de 2020, 01:46h

La pandemia de coronavirus está afectando a todo el mundo, eso es algo terrible que encierra un aspecto positivo: en la medida en que se está enfrentando de diferentes formas, nos puede permitir aprender cuáles son las mejores. Quizás ahora es todavía demasiado temprano para sacar conclusiones. Aún así, podemos leer de iniciativas de otros países.

Stephan Biel está entrevistando a directores de residencias en diferentes países europeos que hemos visitado en los viajes geroasistenciales de Inforesidencias que hemos organizado con su colaboración. Y, hace poco, Pedro Cano, en su perfil de Linkedin, ha difundido un enlace a un artículo publicado por la prestigiosa revista JAMA (Boletín de la Academia Americana de Medicina) en el que tratan cómo una residencia situada en el estado de Washington se convirtió a principio de año en la “zona cero” de la enfermedad en Estados Unidos.


He leído el artículo, y creo que todos nuestros responsables políticos (del sector sanitario y social) deberían echarle un vistazo.

La residencia Life Care Center Kirkland atendía hace pocos meses a 120 residentes teniendo para ello a una plantilla de 180 personas. Se trataba de una residencia considerada ejemplar. En Estados Unidos hay un sistema conocido como “Cinco estrellas”, que, basándose en los resultados de las inspecciones, la ratio de personal y unos indicadores asistenciales clasifica a todas las residencias. La residencia Kirkland tenía cinco estrellas. Aún así, en una inspección que se realizó al centro en 2019 se detectó que no disponía de un programa de control de posibles inspecciones algo que se consideró como menos grave por no suponer un “potencial daño real”.

Resulta importante saber que en Estdados Unidos el resultado de las inspecciones és público por lo que quien quiera ver cómo ha sido inspeccionada esa residencia sólo tiene que buscarla en esta web entre los resultados de todas las inspecciones del estado.

Un tiempo después de aquella inspección la residencia se había convertido en la "zona cero" en la pandemia de COVID-19. De las primeras 46 muertes confirmadas atribuibles a COVID-19 en el Estado de Washington a mediados de marzo de 2020, 30 muertes, el 25% de los residentes, se produjeron allí. Muchos residentes que quedaron en el centro fueron trasladados al hospital, y los restantes se aislaron en sus habitaciones. Se prohibieron totalmente las visitas y se empezó un proceso de diagnóstico de residentes y personal que resultó ser lentísimo. A medida que llegaban los resultados, docenas de miembros del equipo fueron dando positivo por lo que se les envió a sus casas en cuarentena. Los que quedaban no fueron suficientes para poder atender a todos. La comunicación con las familias se resintió en el proceso. La falta de personal empeoró hasta llevar al Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EEUU. A enviar un equipo de 28 personas para ayudar en la atención.


Esta fue la primera residencia de mayores en Estados Unidos de contaminarse con el coronavirus Covid19, pero no la última. Pocos días después eran más de 400.

¿Por qué las residencias de ancianos son tan vulnerables a COVID-19? Los residentes personas mayores con altos niveles de enfermedad crónica y discapacidad. Vale la pena repasar el informe que elaboró en 2015 la Fundación Edad y Vida y sigue vigente en el que analizaron 15.000 ingresos en residencias y encontraron que cada residente tenía de media tres enfermedades activas y tomaba siete medicamentos. Como tales, son particularmente susceptibles a complicaciones graves y mortalidad por COVID-19.

A diferencia de un hospital, una residencia de personas mayores es el hogar de alguien. Esto es igual que en España, hace poco lo ha dicho aquí de forma muy clara Jesús Cubero, secretario general de AESTE (“En las residencias de mayores cuidamos a las personas, pero no curamos, no somos hospitales") A menudo, los residentes viven en espacios cercanos entre sí, por lo que puede ser bastante difícil poner en cuarentena a los residentes una vez que están enfermos. Además, los cuidadores se mueven de una habitación a otra para ayudar a los residentes, lo que supone un desafío adicional para limitar la propagación de infecciones. Para agravar el riesgo, en Estados Unidos es bastante común que una persona con una categoría profesional baja (como pueden ser las auxiliares) no tengan un seguro que cubra sus bajas laborales con lo que, si no trabajan no cobran. Eso ha hecho que algunas hayan ido a trabajar incluso mientras experimentaban síntomas. La costumbre de lavarse las manos constantemente tampoco está muy introducida en el mundo de las residencias lo que supone otra oportunidad para que se exitenda el virus.

Las residencias de ancianos ya se enfrentaban antes del coronavirus a tasas de rotación de personal notoriamente altas y tenían dificultades para atraer personal debido a los bajos salarios y un entorno laboral exigente. Esta situación se ha exacerbado con la pandemia. En Estados Unidos, como en España, están viendo que cuando el personal enferma y deja de trabajar resulta casi imposible ocupar las vacantes. O sea, que allí, como en España, lo verdaderamente problemático no es tanto el tratamiento de la enfermedad con los residentes sino la gestión de los recursos humanos.

Prevenir los brotes de Covid-19

Una pregunta de vital importancia es cómo prevenir los brotes de COVID-19 en residencias de ancianos. En Estados Unidos, a pesar de haber tenido una “zona cero” antes que en España parecen haber tardado algo más que aquí en generalizar la toma de medidas. En España se han ido sucediendo las instrucciones y protocolos para prevenir y afrontar el coronavirus en residencias. Estos establecimientos pueden tomar varios pasos, muchos de los cuales son prácticas familiares de control de infecciones establecidas durante otros brotes como los de gripe estacional. La educación proactiva de los cuidadores en las instalaciones con respecto al lavado de manos, el equipo de protección personal (EPI) y las políticas para ayudar a mantener al personal potencialmente contagioso alejado de las instalaciones.

El artículo publicado en la revista JAMA destaca que “Además de los hospitales, los hogares de ancianos deberán ser lugares prioritarios para la distribución de EPI en el contexto de la escasez nacional”.

La ubicación física de los residentes también es importante como trasladar a aquellos con sospecha de infección a habitaciones privadas o "agrupar" casos sospechosos en unidades individuales.

Otro cambio que han tardado en aplicar en Estados Unidos es el de restringir a casi todas las visitas a las instalaciones. Aunque esto es tan importante como los pasos de control de infección mencionados anteriormente, a diferencia de la higiene estándar, impone un costo social y emocional significativo a los residentes ya aislados. En Estados Unidos han adoptado, igual que antes hicieron las residencias en España, el chat de video y otros medios tecnológicos.

Un problema adicional que han encontrado en Estados Unidos ha sido el puramente político. El paso de un estado inicial de negación por parte de las más altas esferas del país a otro de traspaso de responsabilidades a los Estados ha hecho que la respuesta llegue tarde. Estados Unidos es un país federal lo que quiere decir que una parte muy importante de la política y el gasto se lleva a cabo a nivel estatal (que allí quiere decir lo contrario que cuando hablamos en España, o sea, “estatal” sería el equivalente a nuestro “autonómico”). Así como en España el Gobierno central ha decidido tomar una decisión excepcional y tomar competencias autonómicas durante un tiempo, en Estados Unidos la presidencia ha tardado mucho en implicarse y ha considerado que afrontar la crisis de la epidemia era algo que debían hacer cada uno de los estados. Los legisladores están debatiendo los términos de los paquetes de estímulo para impulsar la economía a medida que EE. UU. y el mundo participan en el distanciamiento social. Las residencias de 3ª edad van a requerir algunos de esos fondos para superar la escasez de personal, proporcionar capacitación adicional, comprar equipos de comunicaciones y mantener suministros de EPI, por nombrar algunas prioridades.

Según un informe de 2014 del Centro para la Investigación de la Jubilación de los Estados Unidos, el 44% de los hombres y el 58% de las mujeres mayores de 65 años utilizarán la atención en hogares de ancianos en algún momento de sus vidas. Por lo tanto, la grave amenaza que representa COVID-19 para las residencias involucra a toda la sociedad. Como muestra la historia de la residencia de Seattle, el no haber dado importancia la disponibilidad de pruebas y el control deficiente de las infecciones condujeron a ramificaciones con efectos estatales y nacionales. No hay razón para creer que la situación será muy diferente en otros entornos con poblaciones institucionalizadas, como cárceles, prisiones y otros tipos de hogares grupales. En una epidemia como el brote de COVID-19, nuestra respuesta solo será tan fuerte como el eslabón más débil y vulnerable.

He intentado hacer una interpretación del artículo aportando algún elemento que lo haga más cercano a nuestra realidad. Recomiendo leer el artículo completo en la revista JAMA. Hoy gracias al Google translator no hace falta saber idiomas para poder viajar intelectualmente por el mundo.

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