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Centros de día, ¿visibles o invisibles?

jueves 28 de noviembre de 2019, 01:06h
Doctora Carme Pous Ruiz
Doctora Carme Pous Ruiz
Cuando para el emprendedor la vida de otras personas se convierte en un proyecto de vida personal, es evidente que la pasión, el esfuerzo, la sensibilidad y el amor que pone en esta tarea se lleva lo más importante de su esencia para que, finalmente, el proyecto tenga vida.
Este es el origen de muchos centros de día de nuestro entorno. Espacios de vida para proporcionar cuidado a las personas y dar apoyo a los cuidadores desde la proximidad manteniendo la vinculación a su comunidad. Espacios que persiguen el bienestar de las personas como continuidad de su hogar, concepto clave que parece estar olvidado.
La persona que utiliza el servicio de centro de día mantiene todos sus cuidados de salud en la red pública de referencia y son esos profesionales los que se ocupan de ella, los que deciden, viendo la evolución de su cronicidad, los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos a aplicar. Son los responsables de la prescripción y derivación al recurso pertinente y de garantizar el derecho que tiene el paciente a usar esos recursos sanitarios y a ser atendido de manera adecuada.
Pues bien, un concepto tan evidente acaba generando la perversión del propio sistema al atribuir una gran parte de esta responsabilidad a los centros de día. Exigir servicios de salud en los centros de día es delegar funciones de manera irresponsable. Se priva al paciente de los derechos que tendría si estuviera permanentemente a su domicilio al tiempo que no se dota a los centros de los recursos necesarios para asumir esta responsabilidad.
Un claro ejemplo lo vemos en Cataluña, donde la Orden TSF/194/2019 del pasado 4 de noviembre modifica el precio del servicio de residencia asistida para personas mayores con Grado de Dependencia II.
La orden deja fuera de toda revisión el precio del servicio de centro de día cuando de hecho afecta a las cargas de trabajo de unos usuarios cada vez más dependientes.
Los centros de día continúan en la invisibilidad. Un recurso que soporta inmensas listas de espera para una plaza pública residencial, pero también a aquellos que tienen que renunciar a ella por la carga económica que conlleva.
Es injusto e injustificado hacer caer en el olvido permanente a los centros de día que son parte esencial del engranaje de la dependencia. Si añadimos que una parte importante de las personas mayores quieren vivir en su casa, los centros de día adquieren un papel relevante en el futuro de nuestra sociedad.
Ante esta realidad, ¿actuamos o continuamos ignorando?
Carme Pous Ruiz
CD AJUDAM
STA COLOMA GRAMANET
Responsable CD de UPIMIR
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