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Nuevas tecnologías para residencias. Del sensor al robot

miércoles 03 de julio de 2019, 20:50h
Josep de Martí
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Josep de Martí (Foto: Inforesidencias.com)

La ubicación se considera un elemento esencial para elegir una residencia de tercera edad, sobre todo cuando quien la elige es un familiar para un ser querido. Casi todo el mundo quiere tener la residencia donde vive su madre cerca de casa. El precio, sin embargo, suele ser algo que modula ese elemento.

La tecnología puede convertirse en poco tiempo en otro factor de decisión importante para los clientes residenciales y sus familias en el proceso de selección.

Las personas de entre 60 y 80 años que viven de forma autónoma ya empiezan a preocuparse por cómo mantener su seguridad e independencia y eso lo están captando empresas como, por ejemplo, algunas que se dedican a las alarmas y que ofrecen unos servicios de monitorización y teleasistencia algo “disfrazados” de manera que parecen más relacionados con la seguridad que con la atención gerontológica.

Los propietarios de residencias de mayores con visión de futuro llevan tiempo adoptando adiciones de tecnología simples y fáciles de usar a sus equipamientos, buscando una mayor satisfacción de los clientes, familiares y el personal del centro, e intentando conseguir una mayor eficiencia operativa. Y como pasa con la tecnología en todos los aspectos, ésta mejora a un ritmo asombroso. La tecnología de próxima generación que estará disponible este año es mejor, más rápida y más económica de usar que la que teníamos hasta ahora.

Lo que sigue es sólo una descripción general de algunas soluciones tecnológicas, sencillas y fáciles de usar que estarán disponibles pronto para ayudarlo a abarcar la atención continua con facilidad.

Para responder a la pregunta “cómo y dónde está mi madre” están apareciendo evoluciones de lo que hasta ahora eran botones de teleasistencia que ofrecen muchos datos de quien los lleva.

Esta tecnología ahora está disponible en elegantes accesorios de reloj de pulsera que se conectan a las aplicaciones para teléfonos inteligentes de cuidadores familiares y profesionales para proporcionar la ubicación y diversa información sobre el estado de la persona, incluso mediante el uso de acelerómetros y otros medidores, pueden detectar una caída, mucho tiempo sin moverse u otras circunstancias que deberían generar alarma en los cuidadores.

Algunos también incluyen funciones de teléfono móvil integrado, audio bidireccional (sin necesidad de presionar un botón por parte del usuario) y notificaciones de zona segura para aquellos que pueden tender a deambular. Es una excelente manera de mantener a la familia conectada. Aunque este tipo de dispositivos puede comportar tener que afrontar cuestiones éticas y de protección de la intimidad, pueden convertirse en poco tiempo en un accesorio común a usar por parte de los residentes. La gran pega con que se enfrentan estos “super relojes” es la autonomía de la batería y la necesidad de recargarse cada poco tiempo, lo que supone dejar a su usuario sin los servicios.

Hasta ahora existen muchos dispositivos pensados para localizar a personas mayores fuera de sus domicilios basados en la tecnología GPS. La clara limitación aparece cuando se está dentro de edificios. En EEUU se empiezan a probar sensores de proximidad interiores para el hogar u otras ubicaciones interiores "fuera de casa", como un supermercado o centro comercial. Estos sistemas pueden alimentar dispositivos preparados con la localización allí donde no alcanza el GPS.

La instalación de múltiples sensores de proximidad en la residencia puede permitir que un sistema mantenga localizados a todos los residentes que lo necesiten enviando alarmas preestablecidas cuando pasa algo determinado, como que alguien pase más de un tiempo en un lavabo o no se mueva durante mucho rato en un pasillo.

Avanzando un poco más, la combinación de los sensores de proximidad con los circuitos cerrados de televisión y programas de interpretación de imágenes podrían medir la actividad (o la falta de actividad) y otros cambios de comportamiento y ambientales que pueden afectar a los residentes. Estos son fáciles de instalar, no intrusivos (los modelos controlados por sensor significan que no hay cámaras) y pueden monitorear los cambios sutiles que pueden afectar el bienestar, como la actividad, las caídas, el nivel de humedad, la temperatura fuera de rango, incluso los indicadores de posibles problemas nutricionales o de depresión.

Existen tecnologías que pueden permitir llegar mucho más allá y que se empiezan a implementar en relojes y teléfonos inteligentes. Cuando a alguien se le ocurra implementarlas en residencias podremos optimizar mucho el trabajo, ser menos intrusivos y mejorar, en definitiva, la calidad de vida de los residentes.

Dado que las caídas son el problema más común y perjudicial para los adultos mayores, los cambios de marcha sutiles que ocurren con el tiempo pueden ser monitoreados y abordados de manera proactiva. Si en base al uso de sensores y a programas informáticos que recogen la información la analizan y la comparan, podemos prever la línea de deterioro que va a seguir una persona y podemos concentrar de forma proactiva la atención en quienes tengan más riesgo de caer.

El sueño es otro indicador significativo de bienestar. Las últimas generaciones de monitores de cama son muy sensibles y pueden proporcionar información sobre la calidad del sueño, cuánto tiempo están despiertos, el número de veces que entran y salen de la cama y ​​otros factores que pueden ser predictivos de una enfermedad en desarrollo o una mayor probabilidad de caídas. Conocer esta información antes de que se convierta en algo más serio significa que puede abordarse de manera anticipada y proactiva, lo que puede evitar una hospitalización no deseada, incómoda y costosa. De nuevo esta tecnología ya está disponible en dispositivos pensados para personas “no mayores” preocupadas por su salud que quieren monitorear el sueño. Sólo hace falta incorporarlas a las residencias.

Una clave para que el uso de estos dispositivos genere de verdad beneficios es lo que los informáticos conocen como Analítica predictiva. Un término que nos lleva a pensar en cosas como Big Data e Inteligencia Artificial, o sea, que si guardamos todos los datos que van generando todos los sensores y utilizamos un programa que intente encontrar relaciones entre los mismos y patrones, llegaremos (o por lo menos el programa de Inteligencia Artificial llegará) a poder predecir cuándo va a pasar una cosa.

Eso quiere decir, por ejemplo, que si todos los residentes de un centro llevan un aparato de pulsera que mide su temperatura corporal, latidos del corazón, posición en el centro, movimientos, patrón de sueño y muchos otros datos; si, además esos datos se almacenan junto con los de medicación, alimentación, higiene, etc.. puede ser que cuando tengamos muchos, muchos datos, un programa especializado en encontrar relaciones nos avise de cuándo alguien va a necesitar ir al lavabo (antes de que él o ella lo sepa), en qué momento hay un riesgo mayor de caída u otras cosas que ahora ni imaginamos.

Ya hay proyectos recogiendo muchos datos para poder planificar de forma eficiente el cambio de pañales. Dentro de poco, sensores de temperatura, humedad, movimiento y otros situados en las camas pueden generar datos que permitan al sistema optimizar los cambios posturales.

A medida que avancemos en ese camino, es posible que el propio sistema vaya descubriendo que algunos datos son más importantes que otros a la hora de hacer análisis predictivos. De esa manera, el propio sistema nos ayudará a determinar qué tipo de sensores hay que utilizar más para mejorar la predicción.

Ahora todo esto parece ciencia ficción, pero la tecnología existe. Algo parecido utiliza Google para ordenar el contenido de su buscador y otras páginas para enseñarnos anuncios. También los coches que están aprendiendo a autoconducirse están haciendo ese proceso basándose en la recogida de miles millones de datos de los primeros coches autoconducidos, analizándolos, elaborando “formas de actuar”, probándolas, generando más datos y así sucesivamente.

De ahí a la entrada en el mundo de la atención de robots hay un solo paso. No pensemos de momento en robots humanoides que sustituyan a las auxiliares, pero sí que las acompañen y ayuden en algunas labores.

Con lo difícil que resulta encontrar a enfermeras y a otro personal cualificado, mantener la mente abierta a todo lo que suponga uso de Inteligencia Artificial y apoyos robotizados resulta fundamental.

Todavía no me imagino cómo será el robot que me cambiará los pañales, pero lo que ya sé es que, sea como sea, lo habrá aprendido utilizando Inteligencia Artificial usando miles de datos que habrán recogido sensores instalados en residencias, domicilios y hospitales.

Es un momento emocionante para todos nosotros.

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