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L’Onada Serveis reduce un 50% los usuarios polimedicados

Una enfermera en el centro de Borges de L´Onada Serveis
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Una enfermera en el centro de Borges de L´Onada Serveis (Foto: L´Onada Serveis)
martes 08 de enero de 2019, 15:40h

L’Onada Serveis mantiene activado desde 2014 una serie de medidas que han permitido reducir a la mitad el porcentaje de personas usuarias polimedicadas en sus centros, pasando del 43% que registraba en 2014 a un 21% actual. Con esto se consigue una mejora en sus condiciones de vida y se reduce el volumen de residuos medicamentosos en las aguas grises.

De igual modo, se genera un ahorro en los fondos que se destinaban a la adquisición de medicamentos por los usuarios y el coste de los cuales está repartido en copago por parte de algunos usuarios y gasto público de la Seguridad Social. En la mayoría de los casos, la receta electrónica de cada persona usuaria puede reducirse así en una media de 400 euros al año.

Hay que destacar que esta disminución de personas polimedicadas se ha producido, además, en un periodo en el que su cifra de usuarios se ha multiplicado por dos. Ha pasado de las 600 del año 2014 a las más de 1.200 de este año. Y ha sido posible gracias al seguimiento de cada persona usuaria por el personal sanitario en colaboración con el equipo cuidador.

Así lo explica la directora de zona de L’Onada Serveis Nuria Roselló: “Cuando una persona llega a una de nuestras residencias; nos encontramos a menudo con que, durante su historia de vida, ha acumulado una serie de prescripciones médicas. Nosotros; cuando tenemos la certeza de que la persona se ha adaptado a su nuevo entorno plenamente, cosa que sucede al pasar el residente un mínimo de dos meses al centro; revisamos la pauta de medicación y; según la Guía Terapéutica de los Servicios Sanitarios y, con una serie de controles y seguimientos; eliminamos de ella medicamentos para tratar patologías como la hipertensión o el colesterol que pueden dejar de ser necesarios al entrar la persona usuaria en una rutina horaria con buenos hábitos alimentarios y de fomento de la movilidad. De lo que se trata; es de revisar la pauta analizando de qué manera han cambiado las circunstancias de la persona usuaria. Al entrar en una residencia, la persona usuaria cambia su dieta, duerme mejor y puede, también, superar situaciones puntuales de ansiedad. Todo ello, hace que determinados medicamentos que tomaba puedan acabar siendo necesarios”.