Residencia Selfoss, Islandia
Promotor: FSRE, Islandia
Superficie construida: 4.095 m²
Capacidad: 50 plazas en habitaciones privadas, organizadas en una planta circular de dos niveles alrededor de un patio central
Arquitectos: LOOP Architects y Urban Arkitektar; paisajismo de Hornsteinar
Año de construcción: 2022
Reconocimiento: Premio del Green Building Council Iceland en 2023
Una residencia redonda
Se trata de una residencia concebida a partir de una geometría circular en torno a un patio interior. Sabemos bien las virtudes de este tipo de distribución: permite reducir de forma significativa los recorridos interiores y, al mismo tiempo, favorece una deambulación continua, intuitiva y segura para los residentes, algo especialmente valioso en entornos destinados a personas con demencia. El patio central actúa, además, como referencia espacial constante y como elemento de orientación.
En el caso de Selfoss, el contexto islandés convierte esta residencia en un ejemplo especialmente singular. No he tenido la oportunidad de visitarla, (podéis ver el video del viaje organizado por inforesidencias.com) , pero incluso a distancia resulta evidente que sus arquitectos han buscado una arquitectura con impacto directo sobre el bienestar de las personas, con el objetivo de promover seguridad, calma y calidad de vida. El proyecto aspira claramente a construir un entorno con alma, alejado de la institucionalización y más próximo a la idea de hogar.
Sinceramente, creo que lo consiguen. La fuerza del círculo no reside solo en la forma en sí, sino en cómo el recorrido interior va generando espacios de estancia, relación y vistas hacia el jardín central. Todo ello contribuye a una sensación de bienestar que, en mi opinión, debe repercutir de forma positiva en la vida cotidiana de las personas que viven allí.

La disposición perimetral de las habitaciones, orientadas hacia el paisaje exterior, también me parece muy acertada. Permite mantener a los residentes vinculados visualmente con el mundo exterior, en este caso con un entorno natural de enorme fuerza, con vistas hacia la montaña Ingólfsfjall y el río Ölfusá. A la vez, el hecho de que los espacios comunes y los recorridos interiores vuelquen hacia el patio central refuerza una sensación de protección, pertenencia y seguridad.
En un paisaje tan abierto, tan poderoso y a la vez tan agreste como el islandés, esta dualidad entre apertura y refugio resulta especialmente interesante.

En algunas publicaciones se habla de 50 unidades o plazas, mientras que otras fuentes mencionan 60 habitaciones repartidas en 5 unidades. La información pública no es del todo homogénea. En cualquier caso, lo que sí parece claro es que estamos ante un equipamiento con una ratio de superficie por residente muy elevada en comparación con la práctica habitual en España.
Si tomamos como referencia 50 residentes, estaríamos en torno a 82 m² construidos por persona; si fuesen 60, la ratio sería de unos 68 m² por residente. En ambos casos se trata de cifras muy superiores a las que solemos manejar en la mayor parte del contexto español.

Como puede apreciarse en las imágenes publicadas del proyecto, cada habitación dispone de un espacio exterior propio o de una relación muy directa con el exterior. Me resulta interesante esta apuesta en un clima tan frío como el islandés. Aun así, quiero pensar que precisamente por su excepcionalidad estos espacios adquieren valor en los días de buen tiempo y refuerzan el vínculo de los residentes con el paisaje, la luz y las estaciones.
Materiales locales y sostenibilidad
Uno de los aspectos más destacados del edificio es su construcción material. Predominan el hormigón, la madera y el vidrio. El hormigón se ha ejecutado con áridos y componentes vinculados a recursos locales, incluyendo ceniza volcánica, mientras que la madera se incorpora como elemento de revestimiento y calidez. Esta combinación resulta especialmente interesante porque logra equilibrar la robustez necesaria para responder al clima islandés con una atmósfera más doméstica y amable.

En este caso, además, el uso del hormigón no transmite la frialdad que tantas veces asociamos a este material en interiores gracias a los encofrados en madera que reproduces esa textura. La presencia de la madera, así como el tratamiento de las superficies y el diálogo con la luz natural, suavizan mucho la percepción del conjunto y ayudan a construir una imagen más acogedora.
El patio central, concebido como jardín terapéutico y de movimiento, se plantea como un espacio lleno de posibilidades: paseos, encuentros informales, actividades al aire libre, fisioterapia, terapia ocupacional, recogida de agua de lluvia, huertos y referencias domésticas como los tendederos, que evocan recuerdos y rutinas cotidianas. Todo ello refuerza el carácter sensorial y no institucional del proyecto.

El edificio obtuvo una certificación BREEAM “Very Good”, y su planteamiento integra criterios de sostenibilidad tanto en el uso de materiales como en la relación con el entorno y en la propia concepción paisajística, incluida la cubierta ajardinada.
Mi valoración final
En definitiva, creo que se trata de un proyecto extraordinario, capaz de articular una distribución muy amable y muy inteligente alrededor de un gran patio central. Más allá de su calidad formal, lo más valioso es que propone una manera de entender la residencia desde el bienestar, la orientación, la seguridad, la escala doméstica y la relación con la naturaleza.
Me gustaría pensar que algún día seremos capaces de hacer algo parecido en España, aunque probablemente en un formato más contenido y ajustado a nuestra realidad económica. En términos de organización espacial y de calidad de vida, no creo que esta propuesta se aleje de nuestra cultura; al contrario, pienso que muchas de sus ideas podrían funcionar perfectamente en nuestro contexto.
Marc Trepat Carbonell es arquitecto en BTA Arquitectura