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IA y ACP, ¿Amigos para siempre?

Por Rafael Luque Muñoz
lunes 09 de febrero de 2026, 20:32h
Rafael Luque Muñoz, economista social y Ecónomo General de la Familia Social Lares.
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Rafael Luque Muñoz, economista social y Ecónomo General de la Familia Social Lares. (Foto: Lares)

Hay una canción de Roberto Carlos titulada “El Progreso”, la cual les pido tengan a bien escucharla, que, en una de sus acertadas estrofas, dice: Yo no estoy contra el progreso si existiera un buen consenso, errores no corrigen otros, eso es lo que pienso”

Acabo de escribir en Google: “la IA en la atención a las personas mayores” y me sale este resultado:

“La IA puede mejorar la atención a personas mayores mediante el uso de asistentes virtuales para tareas diarias, sistemas de monitoreo en el hogar para detectar caídas y mejorar la seguridad, y herramientas de telemedicina y asistencia sanitaria personalizada. También puede proporcionar compañía a través de robots sociales y ayudar en la gestión de la salud al analizar datos para ofrecer una atención más proactiva.”

La atención centrada en la persona" (ACP) -en el contexto de Lares- se refiere a un modelo de cuidado que pone al individuo, con sus preferencias y deseos, en el centro de la atención, así, en lugar de seguir una rutina estándar y homogénea, promueve este modelo para garantizar su bienestar, autonomía, dignidad y derechos.

Es muy normal asociar la IA con entornos técnicos o automatizados, su eventual ámbito en los cuidados sería curiosamente, ¡atención!, el ayudar a hacerlo más humano. Me cuentan que gracias a la capacidad de la IA se pueden administrar grandes volúmenes de información y partiendo de estos se pueden generar advertencias y recomendaciones, y así poder posibilitar que los profesionales conozcan mejor a cada persona atendida, respetando así sus decisiones y su forma de vida.

Hoy día, para bien, se habla mucho de la escucha activa, de la empatía y de la comprensión de las circunstancias individuales de cada persona, entiendo pues que estas herramientas lo que único que harían es darnos pautas y orientaciones, y que evidentemente la decisión final la sigue teniendo el cuidador profesional que atiende a la persona.

Yo creo que la falta de empatía mitiga la capacidad de la IA para interactuar y comprender las necesidades emocionales de las personas. En situaciones que requieren mayor comprensión, como el cuidado de la salud mental, emocional o grandes deterioros cognitivos, la inteligencia artificial solo puedo entender que resultaría insensible, despreciando los conocimientos del trabajador experimentado y eliminando la capacidad de aprender del más nobel.

La empatía humana es fundamental en la interacción social y emocional, y esto se convierte en un desafío para la evolución de esta tecnología.

Para mí sería esencial reflexionar sobre los valores fundamentales de la atención centrada en la persona y comprender algunos aspectos en los cuales la inteligencia artificial puede influir en dicha atención, sinceramente creo, insisto, que la IA reduce la capacidad de valorar la experiencia, de pensar críticamente y de resolver problemas de manera independiente.

Si la IA la asociamos a eficiencia…querer ser eficientes en la atención a las personas para mí es totalmente aberrante, para mí es clave estimular la creatividad y mantener una mentalidad abierta capaz de discernir las necesidades de las personas, a diferencia de los humanos, al menos de la mayoría de ellos, la IA no tiene la capacidad de adaptarse a situaciones novedosas y extraordinarias y sobre todo aplicar intuición, entiendo que no podría enfrentar problemas fuera de su ámbito de entrenamiento.

Desde el sector de los cuidados llevamos lustros reclamando el respeto y la consideración de nuestros profesionales, la IA, evidentemente tendría el potencial de eliminar empleos, pues si se le atribuye una equiparada capacidad para automatizar tareas supuestamente repetitivas y predecibles, qué necesidad tenemos de incidir en la escucha, la escucha no es un entretenimiento ni una rutina, la escucha es prestar atención plena a otra persona, comprendiendo no solo sus palabras, sino también sus emociones y su lenguaje corporal.

La innovación algorítmica ya está impulsando avances en tiempo real, desde facilitar el funcionamiento autónomo de las empresas y reiniciar el futuro del trabajo, es más también puede seguro dar rienda suelta a infinitas posibilidades creativas en labores técnicas e industriales, pero es imposible que intente comprender como funciona la creatividad humana, sus emociones y su originalidad.

La IA debe estar al servicio de la persona, promoviendo su desarrollo integral y evitando que aumenten las desigualdades sociales, aquellas personas, aquellos colectivos, aquellos países, aquellas culturas…que carecen de acceso a esta información podría, en otra cosa más, quedarse atrás y generar, en otra cosa más, las llamadas brechas digitales y generar divisiones y exclusiones.

A pesar de la aparente apertura de esta innovadora realidad, la frase de Roberto Carlos de “Yo no estoy en contra del progreso” revela un elegante matiz crítico. Sugiere que el progreso debe ser consensuado para no cometer errores que luego no se pueden corregir.

Ni Roberto Carlos ni yo nos oponemos al avance por sí mismo, pero insistimos en que este debe hacerse de manera reflexiva y responsable, nunca por moda, inercia o rutina comercial, y siguiendo con Roberto Carlos, diríamos… “aunque yo sigo este mundo con sus modas y modismos. El amor es para mí siempre lo mismo”

Rafael Luque Muñoz, humanista y economista social

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