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¿Unidades de convivencia o funcionamiento por módulos?

Por Josep de Martí
martes 02 de noviembre de 2021, 01:21h
Josep de Martí, director de Inforesidencias.com
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Josep de Martí, director de Inforesidencias.com (Foto: Dependencia.info)

Hace unos cuantos años, en una visita a Pamplona conocí lo que entonces era Amma Mutilva, una residencia que acababan de construir y que tenía algo que me resultó novedoso e interesante: la residencia estaba dividida en módulos de unos 30 residentes donde hacían vida, tenían sus dormitorios y salas de estar de forma que, aunque la suma de camas podía alcanzar las 180, cada residente no vivía con más de 30. No había grandes comedores para 80 o 100 persones, grandes salas de estar, aunque sí que disponía de unos espacios comunes fuera de los módulos, como un gran gimnasio, un salón de actos y unos jardines, también sectorizados donde incluso había una zona de juegos infantiles.

Por entonces ese diseño era algo muy innovador, ya que permitía a una residencia “grande” funcionar como varias residencias “pequeñas” aportando una dimensión más “humanizadora” al día a día.

No he vuelto a visitar la residencia, que ahora es Amavir Mutilva, aunque estoy seguro de que mantiene el modelo y que lo ha hecho evolucionar.

La semana pasada participé en unas jornadas organizadas por el Colegio de Psicología de Vizcaya en Bilbao en las que se trataba sobre “Unidades convivenciales”, nombre que se ha elegido en el País Vasco para hablar de lo que todos conocemos como “Unidades de convivencia”. Resulta que la normativa del País Vasco de autorización de residencias de 2019 ya contempla la figura y ahora un Decreto Foral de Vizcaya recientemente publicado la incorpora al sistema de concertación de ese territorio.

La verdad es que me ha sorprendido que la capacidad máxima elegida para las unidades es de 25 plazas. Más que nada porque en el modelo que más conozco, aunque actualmente se encuentre impugnado judicialmente, que es el de Castilla y León, las unidades tienen una capacidad máxima de 25 y porque en las que he conocido en otros países ésta oscila entre las 8 y las 15.

¿Por qué en Vizcaya han elegido la cifra de 25? La respuesta es que es esa la cifra que aparece en el Decreto de 2019, cuando establece que “Los centros residenciales, para personas mayores de más de 25 plazas tendrán una distribución modular, con un máximo de 25 plazas por módulo. La capacidad máxima de cada centro residencial será de 150 plazas”. Resulta curioso que el Decreto hable de “distribución modular”.

Escuchando a las ponentes de la jornada me quedé convencido de que si, tal como yo defiendo, una residencia es un edificio, un equipo de profesionales y una forma de trabajar; de momento le Diputación de Bizkaia está intentando avanzar más en los dos últimos que en el primero, y tiene sentido.

Creo que en el camino hacia un modelo basado verdaderamente en Atención Centrada en la Persona la existencia de unidades de convivencia de un tamaño reducido (hasta 16-18 plazas) es fundamental. Quizás un día podamos llegar a unidades más pequeñas como las escandinavas. De momento hay que ir dando pasos en ese camino y aquí el tamaño importa muchísimo.

Si hace unos quince años se dieron pasos hacia residencias con funcionamiento modular, lo lógico es que se siga ese camino y se vayan reduciendo paulatinamente los tamaños de esos módulos. Pasa algo parecido con la exigencia de proporciones determinadas de dormitorios individuales. A medida que la sociedad y en consecuencia las administraciones, valoren el trabajo que se hace en las residencias y entiendan que no éste tiene que costar más de lo que cuesta ahora, tendrá sentido que se vayan construyendo unidades con menos plazas y con más dormitorios individuales.

En mi intervención volví a hablar de quienes hablan de ACP desde el “Word” y quienes lo hacen desde el “Excel”. Yo intenté ser un poco de cada y expuse cómo trabajar en unidades de convivencia necesariamente requiere de más personal de atención directa por lo que encarece el servicio. Eso no quiere decir que no debamos ir hacia allí, sencillamente que debemos saberlo y tenemos que preguntarnos si queremos pagar el precio.

También intenté explicar que las unidades de convivencia y el modelo ACP son buenos en sí, sin ninguna relación con la Covid-19. En países que funcionan con unidades han muerto muchas personas mayores en residencias contagiadas por el coronavirus. El modelo era bueno ya antes de la pandemia porque permite conseguir una calidad de vida mejor a los residentes.

Me fui de Bilbao pensando si lo que han hecho es establecer un funcionamiento modular o de verdad han establecido unidades de convivencia. Sea como sea creo que es un paso en la buena dirección. Sólo falta que desde la Diputación Foral saquen el Excel y afinen mucho la cuestión de costes.
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