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ATENCIÓN INTEGRAL CENTRADA EN LA PERSONA

Pilar Rodríguez propone la Escuela en AICP: "El cambio es muy necesario, pero también es difícil llevarlo a cabo"

Escuela en AICP.
Escuela en AICP. (Foto: Fundación Pilares)
miércoles 14 de abril de 2021, 22:12h

Convencidos de que otra forma de cuidar es posible, atendiendo y comprendiendo a las personas, y fieles a su compromiso de promover la reflexión y el desarrollo de alternativas para la construcción de un nuevo modelo de cuidados, desde la Fundación Pilares ponen a disposición de todos los agentes implicados su conocimiento, investigación, experiencia y trayectoria a través de la Escuela AICP.

Su presidenta, Pilar Rodríguez, nos habla en esta entrevista a Dependencia.info de las dificultades que conlleva aplicar este modelo, pero también de que es el momento para lanzarse a por él. Entiende, además, que existe un "riesgo de banalización" de lo que significa el modelo y por eso insisten en que "el cambio es muy necesario, pero también es difícil llevarlo a cabo".

Empecemos por entenderlo bien...

- Habéis presentado una Escuela en AICP. ¿Hay alguna diferencia entre ACP y AICP?

Me alegra que me hagas esta pregunta porque creo que hay confusión cuando en algunos ámbitos se habla de atención centrada en la persona y en otras de atención integral o integrada.

En los contextos más relacionados con los sistemas de salud, se viene propugnando desde hace muchos años la necesidad de lograr una atención integral e integrada mediante la coordinación o integración de los servicios sociales y sanitarios, lo que redundaría en mejor calidad de vida para las personas y mayor eficiencia de los servicios. Es una vieja asignatura pendiente.

Por otra parte, sobre todo en el ámbito de los servicios sociales, venimos escuchando o proponiendo de manera más reciente que es necesario cambiar el enfoque de la atención de manera que esta esté centrada en la persona.

Pero pocas veces se unen en el discurso y en las propuestas ambas dimensiones, como afortunadamente se hace ya por la comunidad científica y los Organismos Internacionales. Por eso conviene aclarar algunos conceptos. ¿Qué quiere decirse cuando decimos que la atención debe ser integral y estar centrada en la persona?

Para que la atención sea integral hay que atender al conjunto de necesidades bio-psico-sociales-espirituales de cada persona de manera holística. Pero para lograrlo es necesario que en la planificación, diseño y organización de los servicios, así como en la intervención profesional, se desarrolle un enfoque transversal, interdisciplinar y flexible desde el que se planifiquen, reordenen e integren los recursos de manera que estos tengan capacidad de adaptarse a las personas y no que sean estas las que deban adaptarse a los servicios. Por tanto, la atención integral es un eje, tanto para la buena atención, como para el sistema organizativo de los diferentes servicios sociales y sanitarios, pero también de otros sectores (vivienda, productos de apoyo, tecnología, participación social…), desde una perspectiva comunitaria.

La otra dimensión del modelo es la atención centrada en la persona, lo que exige que el suministro de apoyos y cuidados prestados desde la praxis profesional se realice desde el conocimiento y reconocimiento de cada persona singular y se apoye en sus capacidades y fortalezas. El objetivo es favorecer el ejercicio de sus derechos y de su autonomía en la toma de decisiones para que puedan seguir viviendo según sus preferencias, realizar las actividades que son valiosas para ellas y alcanzar vidas dignas y con sentido. Para conseguirlo, la participación efectiva de las personas a lo largo de todo su proceso de atención es condición indispensable.

Desde nuestra Fundación hablamos, por tanto, de que la atención ha de ser integral y estar centrada en las persona (AICP) y la definimos como la que “promueve, desde la actuación sociopolítica y profesional, las condiciones necesarias para la consecución de mejoras en todos los ámbitos de la calidad de vida y el bienestar de las personas, partiendo del respeto a su dignidad y derechos, de sus intereses y preferencias, y contando con su participación efectiva”.

- ¿Por qué una Escuela sobre AICP? ¿Qué objetivos busca?

Llevar a cabo un cambio de modelo como el que se propone no es en absoluto una tarea fácil. Requiere reformas que necesitarán esfuerzo y tiempo para lograrlas. Pero también se precisa un gran esfuerzo en la formación de las y los profesionales porque esa transformación debe acompañarse con conocimiento riguroso de los fundamentos científicos, éticos y legales del modelo, así como de la metodología y las técnicas basadas en la evidencia científica para implementarlo. Vemos un riesgo de banalización de lo que significa el modelo y por eso siempre insistimos en que el cambio es muy necesario, pero también es difícil llevarlo a cabo.

Tenemos mucha experiencia (desde el mismo nacimiento de nuestra Fundación) en el desarrollo de la formación de contenidos relacionados con los diferentes elementos y dimensiones del modelo, tanto mediante cursos de postgrado con universidades, como de otras acciones formativas ajustadas a las demandas que nos vienen solicitando los proveedores de servicios, así como en la forma de acompañamientos a equipos y entidades para su desarrollo organizacional. Ahora, con la Escuela agregamos una oferta diversificada de manera proactiva.

Estamos convencidos de que son los equipos profesionales los protagonistas y principales hacedores del cambio de modelo, por lo que es muy conveniente que se sientan apoyados, valorados y cuidados. Con la iniciativa de crear esta Escuela queremos contribuir a realizar ese acompañamiento en diferentes formatos y contextos y ayudar a construir junto a las y los profesionales itinerarios contextualizados en cada realidad.

- Se habla mucho de AICP, pero ¿se aplica de verdad este modelo en las residencias de España?

Desde la comunidad científica se insiste en que en el desarrollo y avance del modelo debe priorizarse que, tal y como desean las personas y sus familias, la atención se preste en el domicilio y en la comunidad, para lo que deben ofrecerse, además de cuidados sociosanitarios de calidad, un conjunto diversificado de apoyos (adaptación de viviendas, servicios comunitarios de proximidad, participación social…). Y, además, practicar las técnicas basadas en la personalización de la atención. ¡Ahí tenemos un gran reto que afrontar y hay que comenzar a hacerlo ya!

Pero también es absolutamente necesario aplicar de verdad, y no quedarse en declaraciones retóricas o en prácticas aisladas, el modelo en las residencias: Redirigir la planificación hacia nuevos modelos de alojamiento y acometer reformas en la importante red de residencias con que contamos. Algunas ya han comenzado el proceso, y realmente tengo constancia de los buenos resultados que se obtienen en grado de bienestar para las personas mayores, para sus familias, para los equipos profesionales y también para los equipos directivos de los centros. En este modelo, todos ganan. Pero, eso sí, hay que invertir en mejor dotación y remuneración de las plantillas, en una práctica inspectora que apoye la transformación y en la adaptación de los espacios.

- Se habla constantemente después de lo que ha ocurrido en las residencias durante la pandemia de cambiar el modelo de atención... El que sea y como sea, ¿debe contemplar la AICP?

Rotundamente, sí. En el ámbito de la integralidad e integración de servicios a que me refería antes, hay que acometer sin falta las reformas precisas en el ámbito sociosanitario para que las personas que viven en residencias tengan garantizado su acceso y disfrute a las prestaciones sanitarias, tanto de Salud Pública, como de atención sanitaria en todos sus niveles. Desde Atención Primaria debe definirse y garantizarse definitivamente cómo atender a estas personas, así como garantizar que nunca más se produzcan discriminaciones en el acceso a determinados recursos, como hemos observado durante la pandemia.

Y en cuanto al enfoque de ACP, debe apostarse con decisión hacia él para que las personas que viven en residencias sientan que son consideradas en igual condición que el resto de la ciudadanía en dignidad y respeto de sus derechos y que pueden mantener el control de su vida aunque precisen apoyos para lograrlo.

- ¿Qué hay que hacer para apuntarse a esta escuela?

Estar atentos a las actuaciones que vamos programando. Ahora acabamos de comenzar con un curso de Introducción a la AICP. Y a principios de mayo realizaremos una oferta de dos cursos sobre atención a personas con demencia. Pero, como decía antes, continuamos también con formación a la carta adaptando la oferta a las necesidades de los contextos.

Puede verse la información que vamos produciendo en: Escuela AICP • Fundación Pilares (fundacionpilares.org)

- ¿Algún aspecto en el que quieras incidir?

Creo que, afortunadamente, estamos en un momento dulce para avanzar en la calidad de vida de toda la ciudadanía y, como se propone en los ODS, sin dejar a nadie atrás. Hacerlo desde el convencimiento, no ya de unos pocos, sino de la sociedad entera, de que todas las personas somos igualmente valiosas y merecedoras de buen trato significa aceptar que los principios de la ética y la salvaguarda de los derechos ha de presidir e impregnar la práctica profesional y la de los agentes que diseñan y planifican acciones para vivir bien a lo largo de toda la vida.

Y digo que el momento es dulce porque es ahora cuando hay apoyo explícito de la Administración General del Estado, de algunas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos y parece que, por fin, las propuestas se van a traducir en medidas concretas para favorecer ese cambio y en apoyo financiero para lograrlo. ¡Ojalá que esa esperanza que muchos albergamos no se vea defraudada!

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