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Qué sirva para algo el Día Internacional de las Personas Mayores

jueves 01 de octubre de 2020, 05:10h
Javier Cámara
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Javier Cámara
La idea preconcebida que un número nada desdeñable de ciudadanos tiene de las residencias de personas mayores sigue siendo antigua y oscura. A la cabeza, rápidamente, llega la palabra asilo y las imágenes, desgraciadamente, suelen tener que ver con algún tipo de sufrimiento. Nada más lejos de realidad. Solo quien las visita porque tiene un familiar viviendo en ellas o es una trabajadora del centro sabe que muchos de esos clichés son parte, efectivamente, del pasado.

Si bien comentaba recientemente la responsabilidad que los medios de comunicación generalistas tienen en la imagen de las residencias y en la opinión que de ellas se genera, con el consiguiente daño reputacional que eso conlleva, bueno será que la celebración del Día Internacional de las Personas Mayores ayude a mejorar ese concepto, ese pensamiento, tanto de los homenajeados como de las residencias en las que viven muchos de ellos.

Si este 1 de octubre se escuchan en radio y televisión los términos personas mayores y residencias, se olvidan otros como ancianos y asilos, y conseguimos que se hable de las capacidades y de la vida de éstos fuera de las desgracias que suelen ser noticia en el sector, como abusos y malos tratos, así como las “indescifrables cifras” de fallecidos por la pandemia de la covid, no todo estará perdido y puede incluso que el que suscribe no pierda, aún, su fe en la humanidad.

Relacionado con la celebración de este día internacional, que corre el riesgo como todos los días internacionales de olvidarse pasadas 24 horas, está ese impulso que se quiere dar al cambio de modelo en la atención residencial. Tenemos en el subconsciente que hay que hacer algo ante tanto fallecimiento en las residencias y que estamos obligados a reaccionar, aunque no sepamos en qué dirección.

Y eso es un riesgo. No descubro nada al decir que si hay que cambiar el modelo de atención es porque se debate desde hace mucho tiempo antes del maldito coronavirus. Tampoco es una noticia decir que el proceso que se está llevando en muchas residencias hacia una Atención Centrada en la Persona real (no todas las ACP se hacen bien) es una realidad que no tiene nada que ver con combatir una pandemia.

Busquemos la solución a ese problema en una coordinación entre atención primaria, residencia y hospital verdaderamente efectiva y no discriminatoria. Hagamos las cosas bien y crucemos los dedos para que lleguen sin trampa ni cartón esos 600 millones de euros que se han prometido desde la Vicepresidencia de Asuntos Sociales.

Mejoremos la imagen de las residencias, pongamos donde se merece a las personas mayores y quizá consigamos que muchos de ellos, pegados a las pantallas para ver el telediario y con su transistor todo el día a cuestas no piensen que esos centros son el infierno. Si le pierden el miedo a las residencias o al centro de día quizá matemos varios pájaros de un tiro y logremos evitar la soledad, la depresión, la falta de higiene y la malnutrición.

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