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Una ley de expectativas frustradas

martes 17 de diciembre de 2019, 03:18h
El presidente nacional de Lares, Juan Vela.
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El presidente nacional de Lares, Juan Vela. (Foto: JC)

II parte: una ley de expectativas frustradas

El otro día te empecé a hablar, querido lector, de tópicos que circulan en torno a nuestro sistema de dependencia. Tópicos son ideas que se usan y repiten con mucha frecuencia en determinadas circunstancias. En este artículo, el anterior y el que seguirá quiero generar tu reflexión, no para ser aplaudido sino pensando que contribuyo con ello, en nombre de Lares, a mejorar lo que hay en beneficio de o único que nos importa: las personas que atendemos.

Dicen que el sistema de dependencia es una pata de nuestro Estado del Bienestar. Más bien cabría decir que es un alumno que evoluciona de forma insatisfactoria y que ha pasado de curso con demasiadas asignaturas pendientes.

Las leyes sin financiación o con financiación insuficiente suelen generar tanto daño colateral como beneficio consiguen. Ya se nos ha olvidado que la ley de responsabilidad penal del menor conllevó un grave perjuicio a la atención primaria y secundaria para la infancia. Tropezamos siempre dos veces en la misma piedra.

La Ley 39/2006 ha supuesto la pérdida del apoyo del Gobierno de España a la financiación de servicios sociales de atención primaria y la absoluta falta de atención de las situaciones de soledad, riesgo y exclusión social de personas mayores en todos los rincones de España. ¿A quiénes les duele lo que pasa con estas personas? A Lares nos suele, a Lares nos importan, y también a ese ejército de voluntarios, trabajadores y almas compasivas que hacen posible el milagro de atender con escasos recursos. Buscamos aliados para esta causa social y permíteme que te pida querido lector, que te suplique, seas nuestro aliado en esta causa.

Pero esta falta de financiación ha cimentado un sistema con pies de barro, con servicios insuficientes, lleno de engaños sobre “lo mínimo”, “lo necesario”, “lo conveniente”. A juicio de Lares necesitamos un aumento de financiación pública de 1.000 millones € al año hasta 2030 para atender bien a todas las personas en situación de dependencia en esa fecha, así como una línea adicional de financiación para subvencionar de forma adecuada situaciones de atención residencial no previstas por los servicios sociales.

Dicen que no es todo tan oscuro y que vaya cambio han dado los centros residenciales. Todo cambia. Esto es una obviedad. Hasta los centros de absoluta solidaridad nada tienen que ver con el voluntarismo de los asilos. Pero con peores instalaciones quienes allí trabajaban tenían dos cosas que hoy faltan: Pasión (vocación) y compasión. En Lares las reivindicamos como seña de identidad a la que, con agrado, vemos que otros al menos formalmente se están sumando.

Este tópico del “vaya cambio” nace, a mi modesto entender, de esa auto complacencia que no quiere admitir, porque la imagen del negocio obliga, que las residencias de hoy no responden a lo que las personas demandan. Pasar el final de esta vida en un centro cada vez es menos estimulante. El modelo de atención residencial que los fondos de inversión están imponiendo es diametralmente opuesto a lo que quiere la gente y recomiendan los propios proveedores de servicio en toda Europa. Políticos, inspectores y otros funcionarios son a veces cómplices y otras veces, incluso desde la buena fe, cooperadores necesarios.

No seas negativo, me decía hace unos días alguien a quien tenga cariño y guardo en mi silencio: “la Ley 39/2006 es una nueva pata de nuestro Estado del Bienestar porque ha generado un derecho subjetivo universal. Es cuestión de tiempo que todas las personas sean atendidas”. Sirva este recordatorio a la presentación de otro tópico. Formalmente estoy tan de acuerdo como que todo el mundo tiene derecho al trabajo (artículo 35 de la Constitución), pero igual que hay gente en paro, hay gente sin atender y en ambos casos hay personas y sus entornos con la esperanza perdida. Añadiré algo más a riesgo de decir algo políticamente incorrecto: para un sector de la población da igual ser reconocido como una persona en situación de dependencia, pues el copago les genera: a) la imposibilidad de satisfacer todas sus necesidades si reciben la atención o, al menos, con la intensidad que necesitarían; b) una amable invitación para “pasar de la Administración” y procurarse servicios privados. Los copagos puede que sean necesarios, pero deben ser progresivos, iguales para todos y no provocar la expulsión de facto de algunas personas.

Quizá se pregunte el lector que, con todo, el problema no es la Ley, sino su aplicación. Dice el tópico, a veces pronunciado desde resortes eruditos: NO hay que cambiar la ley, sólo quitar las listas de espera.

A nuestro juicio, los problemas de esta Ley son bastante estructurales. Es verdad que un adecuado desarrollo normativo podría paliarlos, aunque parece desdibujarse un buen contexto para ello.

Hablemos claro: la Ley desarrollada no da a las personas lo que necesitan, simplemente lo que queremos o podemos ofrecerlas. Reconozcámoslo al menos. Algunos ejemplos:

  • Los proveedores de servicios de ayuda a domicilio y sindicatos se afanan en defender un modelo que es muy válido para atender personas sin grado o dependencia moderada, pero del todo insuficiente para abordar las grandes o severas situaciones de dependencia. Las personas quieren algo tan sencillo como ser ayudadas en la financiación de las personas internas que las cuidan y necesitan que formemos a estas personas. No perdamos el tren del asistente personal para personas mayores y el rol de los centros residenciales como centros abiertos a la comunidad.
  • No se organizan con eficiencia los servicios de prevención de la dependencia y promoción de la autonomía personal. La experiencia del ámbito sanitario y del Tercer Sector debe ser aprovechada.
  • Las prestaciones económicas vinculadas al servicio encubren copagos confiscatorios a los ciudadanos. Es necesario duplicar las cuantías máximas.
  • No hay programas respiro para cuidadores profesionales aunque todos comparten que una prestación económica de cuidados en el entorno familiardebe ir acompañada de respiro y formación al cuidador. ¿Quién será el primer valiente? ¿Por qué nadie aprovecha la red territorial de centros residenciales para esta tarea?
  • Hay servicios como la estancia nocturna en un centroque no responde a las necesidades de las personas. Haciendo lo de siempre no obtendremos mejores resultados: seamos valientes sin mirar nuestro propio interés.

Querido amigo mío, esta ley está muy desdibujada, más aún si leemos el Libro Blanco que la parió.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    628 | Ángel - 10/01/2020 @ 23:05:23 (GMT)
    Tengo 77 años, estoy en un consejo rector de un centro de mayores. Mi empeño y afán es pelear por que se hagan más Residencias Públicas. En las que los precios de instancia en estas Residencias estén en consonancia con la pensión que se cobre. Ya que es imposible acceder a las Residencias Concertadas, en donde elminiom coste esta entre 1800 y 2300 €. Cuando la pension media no llega a los 1000 €.

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