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Un tomate en el lavabo

miércoles 06 de marzo de 2019, 02:16h

Hace unos días, leyendo el artículo de opinión de Josep Marti ‘Inspecciones surrealistas: ¿Cuánto pesa el hueso de ese muslo de pollo?’, podía imaginarme perfectamente al grupo de directores que conforman nuestra asociación Arade asintiendo una y otra vez con la cabeza mientras lo leían. Desde Arade, cuando se inició el Plan de Inspección (Orden CDS/810/2016 del 18 de Julio) que abarcaba cuatro años de 2016 al 2018, nos pareció necesario y fue apoyado sin ningún lugar a dudas. Entendíamos que era la manera de que la Administración nos ayudara mediante su control a mejorar el Sector, a prevenir e, incluso, a erradicar actividades ilícitas que se estaban llevando a cabo sin ningún tipo de inspección. El resultado de dicho plan todavía no se ha hecho público. Imagino que nos hablará de múltiples expedientes sancionadores, del número total de residencias que se han cerrado y nos dará números de la cantidad de visitas inspectoras que se han llevado a cabo y así todos podremos respirar tranquilos.

Lo cierto es que al menos se ha conseguido una mayor regulación del Sector. Resultaba del todo inconcebible que actividades injustamente denominadas como de “residencia” (quien pertenece al sector sabe que eran cualquier cosa menos un servicio socio-sanitario residencial) tuvieran la puerta abierta sin licencia de apertura sin el más mínimo control. El Gobierno de Aragón, a través del número de registro de entidades, servicios y centros sociales, identificó a todos aquellos centros que ejercían su actividad en Aragón cumpliendo con los requisitos legales necesarios para abrir sus puertas.

Sin embargo, desde Arade llevamos años de conversaciones con la Administración con el convencimiento de que la labor inspectora debe mejorar. No porque pretendamos que deje de actuarse, todo lo contrario, es necesario realizar dicho control, pero no desde la desconfianza. Como siempre comento, en una actividad que se lleva a cabo las 24 horas del día y los 365 días del año lo extraño sería no cometer algún fallo. El inconveniente principal siempre es el mismo. Del mismo modo que nosotros somos personas cuidando de personas, el equipo inspector está formado también por personas con su subjetividad. Te encuentras en el camino a inspectores sensatos que te ayudan y aconsejan y a otros con una actitud de “voy y seguro que pillo algo mal”.

Hemos solicitado una y mil veces inspecciones a través de un check-list, sistematizar de algún modo las inspecciones, porque, además, estamos convencidos de que se inspeccionan asuntos banales, que muchas veces entran en conflicto con una verdadera Atención Centrada en la Persona, frente a otros que se obvian y son realmente importantes. No sabemos si las listas de chequeo serán la solución, pero hoy por hoy nos encontramos con una cantidad de anécdotas que nos permitirían escribir un libro de comedia y nos harían reír, si no fuera tan triste ver reflejadas esas anécdotas en las actas de inspección con sanciones.

Aunque a posteriori muchas veces esas actas no tengan repercusión porque carezcan de fundamento, hacen sentirse a los responsables de los centros en esos momentos confusos y juzgados, como si se trataran de malhechores de la peor calaña. Muchas otras veces pagan las multas porque lo prefieren, aunque tengan ellos la razón, antes de pasar por el calvario de que el nombre de su centro aparezca con una sanción pendiente y perder con ello la imagen de buen servicio que tantos años de esfuerzo les ha costado conseguir.

Estoy convencida de que en todos los ámbitos de la vida debemos cuestionarnos para poder avanzar. El inspector que en uno de mis centros encontró un tomate en el lavabo del baño y consideró en el acta de inspección que no cumplía con las normas higiénico-sanitarias por tener alimentos perecederos en la habitación, quizás debió cuestionarse que en esa residencia tienen un huerto y que la usuaria era feliz recogiéndolo y llevándoselo a la habitación para limpiarlo con agua en el lavabo. Si, es cierto, se lo dejó para comérselo más tarde, pero seguro que el tomate no pereció. ¿Nuestro servicio no consistía en eso, en respetar los deseos de nuestros usuarios y que esa persona mayor sea feliz?

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