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Reflexión veraniega: ¿Podemos mejorar la imagen social de las residencias?

miércoles 25 de julio de 2018, 18:39h

Despedimos el boletín Dependencia.info hasta el mes de Septiembre y me gustaría hacerlo con una de esas reflexiones que nos lleva acompañando desde hace unos cuantos años y sobre la que el verano puede ser una buena época para recapacitar.

Si preguntamos a un grupo de directores de residencias para personas mayores cuáles son los problemas que con más intensidad afectan al sector geroasistencial, las respuestas variarán. Seguro que alguien apuntará a la administración (problema con la inspección, los conciertos…), o a los problemas para encontrar personal adecuado. Si profundizamos un poco más seguro que surge algo más sutil: el poco reconocimiento social que tiene la labor de las residencias.

¿Por qué, a pesar de ser un sector que genera mucho trabajo estable y atiende a las personas necesidades de atención no tiene el reconocimiento de otros como la sanidad?

Creo que hay tres motivos principales que deberían ser afrontados por el sector en su conjunto:

- La herencia histórica. Si miramos atrás, vemos que los antecesores de las residencias actuales son las antiguas instituciones caritativas y de beneficencia. Las residencias actuales no tienen nada que ver con aquellos asilos, sin embargo, en el subconsciente colectivo aún vive la idea de que son centros para gente fracasada ( "como no tenía a nadie y era pobre terminó en el asilo"). Incluso las residencias de carácter benéfico que hoy mantienen el nombre “asilo” como un reconocimiento a su pasado, han evolucionado y no se parecen en nada a lo que había antes.

Me ha pasado varias veces que, al impartir una conferencia dirigida a personas mayores autónomas, cuando hablo de residencias muchos ponen cara de rechazo y me dicen, "no, no, no queremos nada de residencias". Estas personas de edad son las más influenciadas por este prejuicio venido del pasado. Hasta cierto punto es lógico que no quieran pensar en un lugar donde vive gente un poco mayor que ellos pero que sufren dependencia, lo que no es comprensible es que las residencias les produzcan aprensión y no lo hagan de igual manera los ambulatorios o las consultas médicas.

- El sentimiento de culpa de los familiares: Cualquiera que lleve algún tiempo en el sector conoce un tipo especial de familiar que no pasa casi nunca por la residencia pero que cuando pasa siempre “llama la atención”: se queja por cómo está vestida su madre, por la comida, por la habitación o por cualquier cosa. Si alguien analiza las esporádicas visitas ve que este peculiar familiar está más rato quejándose que hablando con el residente. No hace falta ser un experimentado psicólogo para ver detrás de esta actitud un sentimiento de culpa que, en este caso, tiene una manifestación diferente pero que coincide con el de la mayor parte de personas que ingresan un familiar.

Nuestra sociedad está cambiando muy rápidamente, las personas quizás no lo podemos hacer con tanta rapidez, por eso cuesta aceptar encargar a otro que haga eso que crecimos pensando que nos tocaría hacer a nosotros: cuidar de nuestros viejos.

- La ignorancia: Es quizás esta la causa más importante de todas. La inmensa mayoría de personas no han estado nunca en una residencia. Algunas estuvieron hace años de visita en algún asilo. Cuando no tenemos información de primera mano nos fiamos de la que nos facilita alguien y los mayores facilitadores de información son precisamente los medios de comunicación. Podemos pensar, pues, que una de las causas de la propagación de la ignorancia sobre el sector es un reflejo distorsionado ofrecido por los diarios, las radios y, sobre todo, las televisiones.

Seguro que se pueden encontrar más motivos. Y también seguro que hay alguna residencia que da un mal servicio y en consecuencia ensucia el buen nombre del sector, sin embargo es un hecho, y lo he podido ver durante veintiséis años, que la inmensa mayoría de las residencias, por no decir casi todas dan un buen servicio del que los usuarios y los familiares están contentos.

Contra la falsa herencia de la beneficencia y contra la ignorancia lo mejor es la luz. Abrir las residencias y que se sepa lo que se hace en ellas. ¿Qué acciones concretas se han de emprender ? Esto es más difícil de decir. Lo que resulta claro es que será más fácil abrir las residencias cuando estén integradas en un núcleo habitado y cuando más contacto exista entre residentes y entorno. Ya no es extraño que algunas residencias instalen en el jardín columpios y toboganes para que juegue los niños o incluso que sea normal establecer actividades conjunta con colegios cercanos. Un director de una de ellas me decía que aquellos niños que venían acompañando a sus padres a ver a los abuelos no consideraban la residencia como nada extraño. Otra residencia organiza charlas abiertas para residentes, familiares y personas interesadas con la intención de que la gente del barrio entre en el centro y vea lo que hace. Una privada de Barcelona de 40 plazas edita una revista de la que imprime unos 400 ejemplares que reparte entre familiares, empleados y gente del barrio. Sólo expongo estos ejemplos como ilustración, no como pauta a seguir. Lo que sí podrían hacer todas las residencias es preguntarse "¿me conocen los vecinos?", "¿qué piensan de la residencia?" y "¿qué puedo hacer para que sepan lo que hacemos?".

Los medios de comunicación son harina de otro costal. Los periodistas, especialmente en la era de Internet, tienen claro que poca gente haría clic en un titular que dijese “hoy los trenes han llegado a su hora, las residencias han cuidado bien a los residentes.

Es noticia lo que no pasa todos los días y genera interés en las personas. Por eso creo que lo que hay que intentar es generar noticias en el que las residencias no sean protagonistas sino acompañantes silenciosos de la verdadera noticia. Que la noticia no sea la propia residencia sino algo que sucede en una residencia que se ve como un lugar “normal” donde vive gente.

Por supuesto también hay que ir sensibilizando a los medios de una forma directa e intentar matizar, a veces, algunas de las informaciones. El hecho de que las patronales y algunos grupos de residencias contraten a agencias de comunicación supone dar pasos en la buena dirección.

¿Y qué pinta en todo esto la Administración ? De momento, el camino que ha elegido es ir elevando los requisitos normativos como vía de mejora de la calidad del sector. La percepción social de la actividad no está aparentemente entre sus preocupaciones más acuciantes. Si lo estuviera las cosas podrían ser diferentes. Basta con pensar en las innumerables campañas que periódicamente se lanzan para sensibilizarnos sobre los asuntos más variopintos y soñar que algún día los especialistas y el dinero público se dedicarán a convencernos a todos de que una residencia no es algo sospechoso sino un servicio necesario que quizás algún día necesitaremos.

Aquí lo dejo. Una pequeña reflexión veraniega que espero os acompañe durante estos días de canícula.

Feliz Verano 2018

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